30 de July de 2021

Vuelve el básquet, vuelve la Liga, vuelve la pasión

Después de casi 8 meses de inactividad, la temporada 2020/21 arranca con formato de burbujas en un año para el (mal) recuerdo. Vuelve la Liga y eso es lo único que importa

El 13 de marzo de este año, con Europa explotada por casos de Covid-19 y el mundo entero sin entender muy bien todavía qué pasaba, la Liga Nacional 2019/20 jugó dos partidos. Peñarol le ganó a Regatas 95-87 y Libertad a Estudiantes en Concordia 64-55, en un choque clave a futuro por el tema de la Permanencia.

Un día antes, Quimsa y San Lorenzo habían jugado en Santiago la segunda semi de la BCLA. Nunca más volvió a picar una pelota en forma oficial hasta el pasado 27, cuando santiagueños y porteños definieron el pase a la final en cancha de Obras. Siete meses y medio. Agréguele una semana más para el retorno de la Liga.

Se hizo larguísima la espera, porque por un lado se quería el retorno del deporte, por el otro había que ser solidario con la enorme cantidad de gente que la está pasando mal por temas de salud relacionados a la enfermedad, o los que la están pasando muy mal también por el terremoto económico que esta pandemia ha causado.

En el medio, una temporada que se intentó terminar y no fue autorizada, un retorno que se fue alargando, un permiso gubernamental, primero para entrenarse y luego para jugar en burbujas, que no salía nunca, una opción en Córdoba y Carlos Paz que se cayó de golpe…fueron 8 meses de remar y remar y remar. Y, es de gente honesta decirlo, la dirigencia, con todos los errores que se pudieron cometer, le puso un enorme empeño a recuperar su actividad.

Hoy empieza la temporada 37. La 36, por primera y única vez, no tuvo campeón. Arranca con formato especial, en dos burbujas de 10 equipo, todos contra todos, que terminará, si todo sale bien, con un cuadrangular final entre el 18 y el 20 de diciembre con los dos primeros de cada Conferencia. Cada equipo jugará 18 partidos en 38 días, con un sistema que incluye dos días de juego y dos de descanso, sin público, sin prensa en la cancha (salvo TV y streaming), sin contacto físico entre protagonistas y externos, con árbitros desconocidos en los dos primeros días y los habituales desde el viernes. Y mil protocolos a seguir, de limpieza, de ubicación, de movimientos.

Resulta súmamente difícil en ese contexto hacer un análisis deportivo de lo que pueda suceder. Es cierto que hemos tenido la posibilidad de ver algunas experiencias similares en el mundo en este tiempo, pero ninguna se parece demasiado a la nuestra.

La de ABC fue mucho más corta, con menos equipos. Salió perfecta. La de la NBA fue mucho más larga, pero con una impresionante logística sostenida por muchos millones de dólares. Salió perfecta.

La de México fue una mezcla entre una burbuja (los equipos se aislaban en su ciudad, pero viajaban a jugar de visitante), y torneo normal, y eso le costó muchísimos infectados, achicamiento de la fase regular y ahora también de los playoffs. Uruguay fue otra cosa y Colombia está ahora mismo experimentando algo como Argentina en cuanto a duración, pero con solo 8 equipos participantes.

La Liga Nacional, a priori, tendrá desde lo deportivo algunos datos incontrastables. Habrá pocos extranjeros de jerarquía (porque a la pandemia, olvidamos decirlo, se le sumó una tremenda crisis económica del país, que venía de antes), mucho sudamericano, mucho joven con ganas de aprovechar esta oportunidad, y muchos no tan jóvenes que vienen desde el ascenso para demostrar que también pueden ser parte.

La fecha, pero sobre todo la economía, terminó también excluyendo a muchos argentinos que se fueron a probar suerte a México (algunos llegarán a meterse en las burbujas), a Colombia, a Uruguay, a Brasil o a Europa. Es ley de vida. Entre la incertidumbre que había en Argentina con respecto a cuándo se podría jugar, más la devaluación feroz del peso, todo se unió para que el éxodo fuera importante.

Pero aquí somos los que estamos, dice el proverbio popular. Y entre los que estamos, hay un marcado grupo de equipos que arrancan arriba. Obviamente, Quimsa y San Lorenzo vuelven a ser los principales candidatos, a partir de los refuerzos extranjeros y nacionales que consiguieron para terminar la BCLA y que aprovecharán en esta burbuja. Lo que pasó en el partido de semis fue solo un botón de muestra. Ambos son muy parejos y, si San Lorenzo pone bien físicamente a Tucker y acomoda al resto, y puede sumar a su equipo casi entero que tiene en México (Aguirre, Romano, Piñero y Hernández), sigue siendo el plantel más poderoso.

Quimsa es el campeón de América y con esa sola presentación es favorito. También espera por una pieza clave de México (Brussino), pero como está puede aspirar a ganar el torneo sin ningún tipo de cambios en su roster. Se llevó a Ramírez Barrios, en uno de los pases de nacionales más importantes, y tuvo la habilidad para sumar extranjeros que casi no necesitaron aclimatarse.

El segundo escalón, cerquita, lo integran para nosotros Instituto y Boca. Los cordobeses, pese a perder jugadores clave (Whelan, Romano, Clancy), se reinventaron con todos nacionales de nivel y un jugador como Colmenares que tiene un desafío pendiente en Argentina, pero que desde su experiencia en Unión de Sunchales cambió 180 grados. Boca también dio un gran giro y armó un excelente equipo, veterano, con mucho oficio, con Gonzalo García retornando a la Liga, y esperando la llegada de dos extranjeros interiores que le den el toque de potencialidad que le falta. Igual, con lo que tiene, está muy bien parado.

En el tercer lote ubicados a Comunicaciones, Olímpico, Regatas, San Martín y Gimnasia. Sin extranjeros, o con pocos, estos equipos perdieron un poco de fuerza en relación a la 2019/20, y entonces habrá que ver cómo se acomodan a esas ausencias.

Los cinco tienen muy buenos nacionales. Comunicaciones consiguió dos foráneos interiores jóvenes. Regatas manoteó a Cantón, San Martín a Saiz (se verá muy afectado hasta que vuelvan de México Machuca y Basualdo), mientras que Gimnasia reemplazó a Acuña con el venezolano Ruiz. Olímpico está en este grupo porque sumó a algunos nacionales que pueden marcar diferencias, como Flor o Whelan. Pero no tiene nada garantido.

El cuarto y último lote tiene distintos niveles, pero en una temporada tan especial, no nos animamos a ser terminantes. Son 11 equipos en donde algunos despegarán para arriba y otros para abajo. Hay de todo. Un debutante (Oberá), que se armó para la Liga Argentina pero que con 3 extranjeros sólidos puede cambiar su status. Uno (Bahía), que si no es récord pega en el poste. No tendrá ni una sola ficha mayor para afrontar la burbuja: todos U23 y juveniles. ¿Le alcanzará?

Después hay un entrenador debutante en Ferro, que volvió a desarmarse y a reagruparse, uno (Libertad), que cambió por completo su estructura del año pasado y sumó varios veteranos de mil batallas, uno (Atenas), que deberá luchar contra sus emociones y también contra sus limitaciones, otro (Obras), que recuperó a un entrenador de la casa para que comande a otro grupo de jóvenes, parecido a Bahía, pero con dos mayores al menos.

Uno (Peñarol), que también se alimenta de los pibes, pero que con un entrenador experimentado buscará ser un generador de oportunidades. Un Platense que vuelve a reinventarse para ver si el Cholo Vázquez saca una paloma de la galera, dos que se prepararon en Buenos Aires directamente (La Unión e Hispano), apoyados en los nacionales los formoseños, y en extranjeros y jugadores con necesidad de protagonismo los santacruceños. Y está Argentino, el que cada año entra a la temporada sabiendo que su misión es salvarse, por lo que nada lo asusta.

Lo que nadie sabe bien por ahora es cómo afectará el entorno a un grupo de jugadores que, recién adentro, podrán saber cómo reaccionan ante el encierro, ante la lejanía de sus familias, ante el desgaste físico y ante las presiones. Igual, era lo que todos estaban esperando. Ahora habrá que hacerse cargo.

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