23 de septiembre de 2020

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Voy a hablar de la riqueza, por Silvia Torres

A contramano de lo que se puso de moda en los medios de comunicación, voy a hablar de la riqueza, por la sencilla razón de que la pobreza no es más que una consecuencia de los fabulosas fortunas que acumulan unos pocos, que jamás aparecen en las páginas de diarios ni en las pantallas de la Tv.

Hablar, analizar, escribir, seccionar la pobreza es uno de los temas que el Gobierno nacional logró imponer en los medios de comunicación, al momento de dar a conocer la existencia de 32 % de pobres que existen en el país y, haciendo gala de un desparpajo increíble, exigió que luego de 10 meses de gobernar, se lo debía “evaluar” a partir de ese momento. O sea, borrón y cuenta nueva sobre los despidos en el sector oficial y privado, el cierra y/o achicamiento de comercios, pymes, industrias y servicios, el imparable crecimiento de los precios de alimentos y artículos de primera necesidad, además de los tarifazos, un combo escalofriante que convirtió en pobres a millones de argentinos.

Dicho esto, es oportuno destacar algunos estudios y filtraciones que dan cuenta de las cifras varias veces multimillonarias que fugan unas mil familias, desde Argentina hacia paraísos fiscales, entre las que se encuentran el propio presidente Mauricio Macri y su familia, un grupo que se enriqueció a partir de la dictadura genocida, con negociados escandalosos con el Estado y, sobre todo, a costilla del Estado. O sea, a costa de todos los argentinos.

Se calcula que por lo menos unos 4 mil millones de dólares pertenecientes a esas familias, -una fortuna que solo incluye dinero contante y sonante y no propiedades inmuebles, yates, aviones, joyas, obras de arte, etc.-, que salieron de la Argentina con rumbo a paraísos fiscales sin pagar un solo peso de impuestos en el país. Es decir, como si fuera una exprimidora inescrupulosa que se lleva el producto del trabajo de los argentinos, sin dejar un solo centavo en concepto de impuestos, que son los recursos imprescindibles para resolver algunos de los tantos problemas y déficits que tiene el país, para continuar con su crecimiento y mejorar la calidad de vida del pueblo.

Una parte de ese dinero está depositado en cuentas –casi siempre secretas por ser ilegales-, en bancos radicados en unos cien países del mundo, siendo los preferidos para los evasores/fugadores argentinos los radicados en Suiza, en los EEUU y, en menor medida, los británicos. En tanto que otros optan por los paraísos fiscales, en donde les es permitido crear empresas off shore, que pueden o no estar activas, pero que sirven para guardar el dinero en secreto y sin pagar un solo peso, más que la comisión de la empresa que brinda el servicio. En el caso de Panamá, Macri y su familia usó los servicios del grupo Mossat-Fonseca, cuya actuación se encuentra debidamente descripta en el libro Panamá Papers – El club mundial de los evasores de impuestos.

Estudios realizados en la Argentina por el estudioso Facundo Alvaredo, sobre la base de las declaraciones impositivas, dan cuenta que 698 personas tuvieron ingresos anuales superiores al millón de dólares y 26, encima de 5 millones, mientras que la encuesta que mide la distribución del ingreso da cuenta que solo 160 personas declararon que ganan entre 500 mil y 1 millón de dólares.

Los economistas Jorge Gaggero y Darío Rossignolo del Centro de Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (CEFIDA), recalcularon el índice de Gini -tomando en cuenta el ocultamiento de los ingresos off shore de argentinos nada más que en 175 mil millones de dólares-, de 0,46 a 0,48. Si lo hicieran sobre lo definido por Henry, (400 mil millones), el índice sería de 0,58, o sea, la distribución sería mucho más injusta.

Según la gigantesca y prestigiosa base de datos The World Top Incomes Database, de la cual participa el mencionado Alvaredo, hasta el 2012, las mil familias que se apropian del mayor pedazo de la torta en la Argentina, son: Paolo Rocca, Pérez Companc, Bulgheroni, Eurnekian, Brito, Bagó, Werthein, Herrera de Noble, Elsztein, Costantini, De Narváez, Pescarmona, Eskenazi, Macri, Coto, Blaquier, Grobocopatel, López, Roemers, Supervielle, Braun, Belocopitt, Sutton, Madanes, Sigman, Vila, Navajas Artaza y otras 973 familias, que poseen 2,94 % de la riqueza total, unos 12.500 millones de dólares anuales, lo que significa que cada una se lleva con pala, -gigante, por cierto-, un promedio de 12,5 millones de dólares por año.

Y con semejante apropiación, ¡no hay justicia social que sea posible!

Silvia Torres

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