10 de mayo de 2021

Vito y la leche tibia, por Slvia Risko

Una taza de leche tibia puede representar infinitas situaciones, me atrevería a afirmar que todas asociadas a la calidez del hogar, a momentos de calma y tranquilidad. La leche tibia es un remanso en medio del trajín, es la receta para el insomne, es lo indicado en la botica del alma.

Una taza de leche tibia, en la ocasión indicada, puede marcar la diferencia en el desarrollo emocional de una persona.

Vito, mi amado tío Vito, fue la taza de leche tibia en mi vida.

Largas columnas, notas o posteos en redes he escrito sobre la violencia de género, el abuso, maltrato o exclusión que vivimos las féminas en la sociedad y en nuestros propios hogares, situación que todavía no hemos logrado revertir, pero en esta oportunidad quiero escribir sobre la importancia de contar en nuestras vidas (a veces no lo notamos entre tanta mierda) con esa persona, esa que desde el amor genuino, desinteresado y amoroso nos brinda lo más valioso: protección, confianza y cuidado, sin exigir ni pedir nada a cambio. Vito, mi amado Vito.

Vito, hablaba de TU, se jactaba de usar el castellano correctamente, maestro rural de profesión, locutor nacional de oficio, hobby y pasión pero se asemejaba más a un gallardo caballero salido de un libro de historia. Culto, amable, predispuesto y familiero.

Amaba las motos y el folklore motoquero, recorrió kilómetros en pos de compartir la loca y apasionada aventura sobre dos ruedas.

Jamás lo escuché putear o usar palabras groseras, de hecho siempre puso mucho empeño por transmitir a su prole y a los satélites afectivos, como yo, su buen uso del vocabulario…debo reconocer que, en mi caso, no lo logró.

No fue el tío piola, no, fue mucho más que eso. No era perfecto ni nunca pretendió serlo, pero fue -sin buscarlo- uno de los referentes masculinos más importante para mí (tengo muy, muy poquitos), el que marcó la diferencia, ese que, aún en las disidencias, sigue siendo titular en tu equipo, juega para y por vos sin juzgar, el que hace de aguatero cuando tenes sed, de director técnico cuando pedís ayuda, de camillero si te lastiman, de hincha fanático a la hora de alentarte y te sirve -en un solemne silencio- la taza de leche tibia en el dolor, derrota o pérdida.

Qué importante el rol de los Vito, no?

Hoy, siendo adulta y ante su partida física, sólo agradezco sus abrazos, esos que nunca me hicieron sentir en alerta o en peligro, esos que fueron un remanso…en silencio, siempre en silencio. No hacían falta palabras, era presencia pura, interés real y amor del bueno.

Vito me dejó la mejor de las enseñanzas, que la amorosidad sana, salva y sirve. Gratitud eterna por eso.

Silvia Risko

Magazine Henryka

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