23 de septiembre de 2020

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Vagones exclusivos e ideas excluyentes, por Cecilia Checha Merchán

Cuando pensamos en conquistar derechos, nos imaginamos cómo ampliar, democratizar, incluir. En cambio si nos invitan a encerrarnos, separarnos, escondernos…podemos estar segurxs que se trata de otra cosa. 

 

Pensarnos a las mujeres esperando los “vagones rosas”,  nos pone físicamente en un lugar diferente, refuerza la mirada estigmatizante que pone el ojo (una vez más) en quien sufre la violencia,  no en quien la ejerce y sobre todo nos señala.

“Ahí están”, quitemos del medio al objeto del problema,  no solo sin resolverlo sino que reproduciendo esa idea que tanto insiste cuando sufrimos la violencia machista. 

Y si, otra vez, pensamos “mujeres esperando en el andén”,  por subir a sus vagones ¿quiénes suben y quiénes no? ¿Quién lo determina? Y a sus ojos, a su juicio ¿qué nos hace mujer? Todo esto nos hace retroceder en pensar nuestras identidades de forma binaria, nuestros  cuerpos en materia de juicio y las feminidades como valores únicos y uniformes.

Probablemente se esté pensando en una idea de “LA mujer”, con las características, intereses, y deseos que el patriarcado tiene desde siempre pensado para nosotras; así entonces “tienen problemas de mujeres, por eso les brindamos este espacio” segregado, homogeneizado ¿Por qué se supone que todas-las-mujeres nos sentiríamos cómodas juntas, encerradas?

¿Y qué pasaría con aquellas que suban a otro vagón? Probablemente sería considerado una desobediencia, una más y a la vista de todos en la vía pública. 

Un medio de transporte, la calle, el trabajo: el espacio público pensado con restricciones no parece resultar tan público y no sería ya de libre circulación para nosotras las mujeres que recuperamos poco a poco, lucha a lucha, nuestro derecho a habitarlo.

Una vez mas, proyectos que buscan ejercer el poder en la calle intentan mostrarnos límites, protocolos y exclusión como respuesta a los problemas. 

Es nuestro el territorio que queremos ocupar con libertad y son nuestros cuerpos sobre los que tenemos derecho a decidir con plena soberanía.

Cecilia Checha Merchán

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