22 de September de 2021

Vacunas, riesgos y negociados, por Silvia Ribeiro

El desarrollo de vacunas para Covid-19 es un golpe histórico de ganancias para la gran industria farmacéutica. No solo si logran efectividad y la venden, también desde antes por la especulación financiera con sus acciones, y sobre todo, gracias a los enormes subsidios gubernamentales que están recibiendo.

Según el Financial Times, vender la vacuna puede ser pura ganancia, porque los costos ya han sido cubiertos por anticipado con dinero público.

Otro aspecto muy preocupante: las empresas que han anunciado una efectividad de más de 90 por ciento en sus vacunas para Covid-19, Pfizer/BioNtech y Moderna, usan una nueva técnica de ingeniería genética (mRNA) nunca antes probada en seres humanos. La vacuna es experimental frente a Covid-19, pero también lo es la propia técnica y sus efectos imprevistos en general.

Sus afirmaciones de que son seguras son más bien bravatas comerciales: no existe forma de asegurar que no tienen riesgos a mediano o largo plazo. Incluso a corto plazo, porque no se sabe qué efectos son detectados o no son reportados.

Al respecto, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en América Latina (UCCSNAL) emitió un pronunciamiento donde explica los riesgos potenciales y llama a aplicar extrema precaución y evaluación independiente previa a autorizar estas vacunas transgénicas.

Las empresas saben de esa falta de certeza. El director ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, tenía fríamente calculado vender gran cantidad de sus acciones el día del anuncio de la nueva vacuna, día en el que experimentaron un aumento súbito de valor, por lo que obtuvo 5 millones 600 000 dólares.

También la vicepresidente de la misma empresa Sally Susman vendió ese día acciones por valor de 1 millón 800 000 dólares. Además de la infidencia (permitida) refleja que ambos estimaron que luego las acciones podrían bajar. Las acciones de Pfizer subieron 7,7 por ciento y las de BioNtech 13.9 por ciento. Las de Moderna subieron una semana después 13 por ciento.

Recordemos que el interés principal de las grandes trasnacionales farmacéuticas no es la salud, sino la ganancia. De hecho, su cliente ideal son las personas enfermas, porque sanas o fallecidas dejan de consumir.

Esta industria ha hecho tales porcentajes de ganancia, que han sido objeto de análisis de varias comisiones de competencia, incluso en Estados Unidos, que confirmó que tenían porcentajes de retorno de ganancia mayores que muchos otros rubros industriales. Además, tienen un amplio y pésimo historial en reconocer sus errores y los graves efectos secundarios que han provocado a diversas personas, así como en asumir los costos de éstas e indemnizarlas.

Según la encuestadora Gallup, en 2019, las empresas farmacéuticas pasaron a ser las peores consideradas por el público de Estados Unidos, aun más abajo que las industria de petróleo y gas o las de propaganda por sus abusos.

A principios de la pandemia en 2020, varias grandes farmacéuticas dudaban en invertir en vacunas, porque con las epidemias anteriores, los virus mutaron y no lo veían como una buena inversión. Anna Gross reporta en Financial Times que las empresas cambiaron de opinión cuando vieron que los contagios se trasmitían entre personas y que eso aseguraba un área y un período mucho mayor de permanencia de la pandemia.

Pero el factor principal, agrega, fueron los cuantiosos subsidios públicos “sin precedentes”, especialmente en Estados Unidos. La “Operation Warp Speed” de la administración estadounidense otorgó 1,200 millones de dólares a AstraZeneca; 1,500 millones a Johnson y Johnson; 1,600 millones a Novavax; 1,950 millones a Pfizer; 2000 millones a Sanofi/GSK y 2000 millones a Moderna, entre inversiones y acuerdos de compra. David Mitchell, de la asociación civil Pacientes por Medicamentos Accesibles, señaló que en el caso de Moderna, el gobierno parece haber pagado todos los costos de investigación y desarrollo, por lo que el alto precio de venta que anunció ( 60 dólares por vacuna, 3-6 veces mayor que otras en curso) es todo ganancia.

La colaboración con Moderna en el desarrollo de la vacuna con el Instituto Nacional de Salud que dirige Anthony Fauci, le provee aún más recursos públicos, como reclutar y supervisar voluntarios, etc.

Moderna espera lucros adicionales con otras vacunas que tienen en camino, con la misma tecnología de mARN que nunca ha sido probada. Gracias al estado de aprobación urgente por la pandemia que están solicitando las empresas, esperan poder pronto comercializar las otras vacunas también.

No podemos permitir que esta industria de la ganancia proceda sin rigurosas evaluaciones independientes, en el mayor experimento humano transgénico hasta la fecha. Tampoco que se las apoye con dinero del erario y personas voluntarias a las que no se informa del espectro real de riesgos e incertidumbres que hay en juego.

La vacuna es el más estrecho de los enfoques en la pandemia, y no la va a solucionar, de hecho se espera que el mercado subsista por años. Lo que se necesita es cuestionar las causas y prevenir. Además, hay otras vacunas en desarrollo que no agregan la nueva capa de riesgos de estas nuevas de Pfizer, Moderna y otras de ARN y ADN.

Silvia Ribeiro