30 de septiembre de 2020

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Una mirada subjetiva acerca del libro «La infAMIA» de Juan Salinas

Una mirada subjetiva acerca del libro "La infAMIA" de Juan Salinas

Terminé de leer el libro “InfAMIA de Juan Salinas. Mucho de lo que conozco sobre estos temas (Embajada de Israel, AMIA, Nisman) los aprendí del propio Juan. Ya desde cuando escribía en la inolvidable revista “El Porteño”, y en sus posteriores libros.

De sus investigaciones en El Porteño sabíamos que Nisman era un crápula porque en pasó por alto la desaparición de dos asaltantes del cuartel de La Tablada que se habían entregado en un acto profusamente filmado y fotografiado. Como secretario del Juzgado federal de Morón el futuro Fiscal del caso AMIA estaba encargado de la investigación y encubrió a los militares, mostrando tempranamente sus “valores éticos”. Seguramente fue en esas instancias que habrá nacido su larga relación con los servicios de inteligencia.

La lectura de “InfAMIA” puede hacerse de dos maneras: verificando personajes y recorriendo sus trayectorias paso a paso o simplemente recorriendo cada página sin salirse de la obra.

No me fue posible hacer lo segundo por dos razones: porque la cantidad de datos que Juan ofrece son enormes y porque se me cruzaba todo el tiempo el primer atentado, el de la Embajada, en el que por haber estado allí el día de la explosión me marcó de por vida, lo que me obligó a hacer comparaciones todo el tiempo.

Lo mismo que el autor hace en su exhaustivo trabajo.

En los dos atentados se robaron los planos de la municipalidad tiempo antes, que fueron a parar a manos del servicio de inteligencia de la Policía Federal.

En ambos se habló de coches bomba cuya existencia nadie pudo probar. en ambos se detectaron graves falencias en la seguridad; se abjuró de la ubicación interior de los explosivos; se sospechó de policías y de servicios de inteligencia de afuera y de adentro y quienes debían ayudar a esclarecer, encubrieron.

Empezando por la policía en ambos casos, y por las propias autoridades israelíes en el primer caso y las comunitarias (en el caso de la AMIA, presionadas por Israel) en el otro.

Juan dice que en la Embajada la custodia estaba a cargo del Shin Bet (contrainteligencia) y que no cabe duda de que al menos su jefe fue cómplice. Para quien escribe estas líneas había demasiado desorden en ese lugar, no ya ese día sino desde tiempo atrás. Conocer algunos de los personajes de la Embajada de aquella época con la que me tocó tropezar es un poco remedar “La conspiración de los idiotas” de otro señor dado a las disquisiciones retorcidas.

Hasta el sistema de demolición de ambos edificios –mediante materiales supuestamente destinados a su refacción–  parece similar.

También hay un marco ideológico del que me voy a hacer cargo y que Juan prudentemente describe pero no enfatiza: El Estado de Israel ha sido hostíl con la Argentina, ayudando a los sectores más oligárquicos y hostigando políticamente a lo que el globalismo supremacista ha dado en llamar “populismo” y que no es otra cosa que el renovado intento de los pueblos de la América subterránea por ejercer su soberanía y libertad sin restricciones.

También es un recuerdo de la noche anterior unos helicópteros sin identificación que sobrevolaron algunas terrazas, incluida la de mi propio hogar de aquel momento en el porteño barrio de San Cristóbal. Una de esas aeronaves quedó suspendida encima del edificio de la AMIA en cuyo quinto piso funcionaba la DAIA corrupta de Beraja y CIA Ltd., sociedad bastante poco anónima. Según testigos, desde ese helicóptero se bajó un paquete. En el que bien pudo haber algunas piezas de una camioneta Renault Trafic.

Por si me faltaba poco para sentirme involucrado con el texto de La infAMIA, el testaferro de Nisman que en él se menciona, fue mi compañero en el colegio secundario en Ciudad Evita, dato que los curiosos podrán verificar con facilidad.

Podría escribir horas desde la indignación que produce saber que la Policía Federal Argentina tuvo un espía infiltrado en la Organización Sionista Argentina con el cargo de vicepresidente sin que aparentemente nadie se haya percatado de que el sujeto ni siquiera era judío.

Y que un comisario nombrado por el actual Presidente como Jefe de Policia de la Ciudad de Buenos Aires, un probado encubridor, le haya sido recomendado por la Embajada de Israel.

Todo esto que termino escribiendo en primera persona y desde las tripas, es sólo una mínima parte del contenido del libro La imfAMIA. Recomiendo sinceramente leerlo muy despacio y recorrer cada época con la memoria fresca y un navegador cerca.

Como Juan Salinas, entiendo que el Estado de Israel tiene una enorme responsabilidad en cada uno de los hechos que la obra enumera.

Corre por cuenta de cada uno responder a la pregunta de si se trató de una participación directa o si solo se hicieron los distraídos y dejaron que suceda. De una u otra manera, desde una perspectiva ética me resultan culpables tanto los sectores comunitarios que respaldan el encubrimiento como la política del propio Estado de Israel.

Tal vez la lectura desde una visión cercana al foco del conflicto le agregue al lector una dosis extra de interés, que francamente ni falta le hace.

Porque se trata de un texto que se vale por sí mismo.

Dario G. Minskas

Pájaro Rojo

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