26 de septiembre de 2020

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Un gobierno de las corporaciones, por Pablo Ferreyra

Se cumplen los primeros 50 días de gobierno del Presidente Mauricio Macri.

Son varias las discusiones en torno a cuánto esperar para realizar un balance de su gestión, y circulan aquellas teorías de los “primeros 100 días”, como plazo de gracia. Es la primavera que Cambiemos sabe goza por las expectativas que supo despertar en gran parte de la ciudadanía.

Quienes vivimos en la Ciudad de Buenos Aires, sabemos lo que significó su gestión: en 8 años empeoró notablemente el acceso a derechos fundamentales para el desarrollo de una vida digna para los porteños, como educación, salud, trasporte y seguridad.

En estos primeros 50 días, su accionar no hizo más que corroborar lo que temíamos: fin de las retenciones para sus amigos del “campo”; eliminación de las retenciones a la exportación industrial para sus amigos de la industria; reducción de aranceles para las importaciones; fin del “cepo al dólar” con una devaluación del 35%; reducción de las alícuotas para las compras de autos, motos y embarcaciones de alta gama; levantamiento de las restricciones al ingreso de libros impresos en el exterior; eliminación de la obligatoriedad para las inversiones de las aseguradoras y los fondos de inversión; tarifazo en el servicio de energía eléctrica.

En materia política, se ha producido un gigantesco avasallamiento de “las instituciones de la República”, algo con lo que el PRO y sus aliados vociferaron durante todo el gobierno kirchnerista. A puro decreto, Macri avanzó contra la Afsca, la Aftic y la Ley de Medios de la democracia; intentó nombrar “en comisión” a dos nuevos ministros de la Corte Suprema; decretó la “emergencia de seguridad”, dándole más poder a las fuerzas represivas; derogó la suspensión de la detracción del 15% de coparticipación a todas las provincias y duplicó la coparticipación de la Ciudad de Buenos Aires, aunque luego debió dar marcha atrás; suspendió la aplicación del nuevo Código Procesal de la Nación y traspasó el manejo del sistema de escuchas telefónicas judiciales desde la Procuración General de la Nación a la Corte Suprema; le transfirió a la Ciudad de Buenos Aires parte de la estructura de la Policía Federal Argentina, en medio de fuertes críticas por las irregularidades del acuerdo.

Otro de los puntos salientes de estos primeros días ha sido el avance en la criminalización de la protesta social. La detención de Milagro Sala, en una causa que a todas luces se muestra ilegal e ilegítima, ha recibido el repudio de todo el arco político opositor, y de organismos internacionales.

Por otro lado, ha encarado un achicamiento del Estado con múltiples despidos, además de la persecución política que se observa en dependencias estatales para quienes no profesen las ideas del Gobierno.

Todo esto se ve acompañado de un blindaje mediático, donde los grandes grupos hegemónicos sólo critican aquellos puntos que afecten sus intereses, al tiempo que ocultan la persecución y legitiman la criminalización de los opositores. Esto se ve agravado por la desaparición de medios opositores, y la salida del aire de voces como las de Víctor Hugo Morales, que planteaban un fuerte enfrentamiento al macrismo.

En el marco de las relaciones internacionales, lo que han significado estos días es un encolumnamiento bajo los designios de EEUU, que tuvo su máxima expresión en el viaje a la ronda de negocios del capitalismo financiero en Davos, junto al “opositor” Massa, y la ausencia del presidente en la IV Cumbre de la CELAC en Quito, Ecuador.

Es por todo esto que reafirmamos nuestra oposición a este gobierno que representa los intereses de las corporaciones, y que significa un retroceso para los avances del campo popular conseguidos durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner. Entendemos que es fundamental organizar un gran frente que pueda poner fin a los atropellos que el Gobierno ha puesto en marcha en tan sólo 50 días. Nuestro ingreso al Bloque del FpV en la Legislatura de la Ciudad es un testimonio de esa necesidad.

Es imperioso que podamos articular todas aquellas actividades y protestas llevadas adelante por diversos sectores sociales y políticos; desde los “empoderados” que militan fuertemente en las calles y las redes sociales, a las organizaciones kirchneristas y de izquierda que han confluido en más de un reclamo para enfrentar medidas concretas del macrismo.

El atropello a los derechos e intereses de las grandes mayorías que significa este gobierno, nos obliga a permanecer alertas y movilizados para ponerle un freno a los designios de una minoría que por primera vez en nuestra historia ha accedido al poder sin recurrir a un golpe de Estado. En estos días hemos comprobado que sus prácticas no se han modificado, y que siguen representando lo peor de un autoritarismo que no pueden ocultar bajo sus globos de colores.

Pablo Ferreyra

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