27 de septiembre de 2020

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Turquía: Bienvenidos al Sultanato, por Guadi Calvo

Durante estos últimos meses hemos visto al presidente turco Recep Tayyip Erdogan abocado concienzudamente a la práctica del ancestral arte japonés del Kirigami, aquel truco con que en nuestra infancia nos deslumbraban los magos, que recortando un trozo de papel con tijeras al extenderlos, según la calidad del mago, podíamos ver como frente a nuestro asombro se extendían una guirnalda de hombrecitos tomados de la mano o una larga hilera de elefantes, que se aferraban por la trompa y por la cola.

 

El mago Erdogan acaba de extender su Kirigami y tan asombrados como en nuestra niñez podemos leer: “Bienvenidos al Sultanato”.

Las evidencias de que el fallido golpe del viernes 15 no fue más que otro acto de prestidigitación de Erdogan, son contundentes. La rápida reacción de los servicios de inteligencia MIT para capturar opositores, como si las listas “hubieran estado preparadas de antemano”, permitió atrapar a más de 5 mil en apenas horas de abortado el golpe.

La purga fue inmediata en diferentes estamentos del Estado: desde las fuerzas armadas hasta el poder judicial, universidades, escuelas medias, centros religiosos, suspendieron 9 mil policías y despidieron 30 gobernadores; clausuraron 2300 escuelas, 15 universidades, sindicatos, sanatorios privados y asociaciones civiles vinculadas a Fetulá Gülen, el líder religioso exiliado en Estados Unidos, acusado de ser el autor intelectual del levantamiento y por el que hoy Turquía reclama la extradición.

En las horas en que se desarrollaba el golpe, los sublevados no atinaron a cerrar ni el espacio aéreo ni las fronteras, tampoco intentaron controlar los medios de comunicación y ni siquiera cortar la electricidad para privar a la población de acceso a la información. Semejante improvisación se contrapone con dos preguntas obvias: ¿cómo no fue detectado antes si hubo tantos involucrados? ¿Pudo haber estado tan bien planificado que a la sofisticada inteligencia de la OTAN, de la que Turquía es miembro desde 1952, se le haya pasado de largo?

En abril último, en el marco de la Cumbre de Seguridad Nuclear en Washington, Barak Obama se negó a entrevistarse con Erdogan, mientras criticaba la “deteriorada” democracia turca y los ataques a la libertad de expresión. Para entonces, los rumores sobre las posibilidades de que el Ejército estuviera detrás de golpe eran constantes.

Erdogan se ha convertido en un impresentable para la comunidad internacional, sus involucramiento en la guerra siria, hasta semanas atrás, eran descaradas; la propia inteligencia francesa ha informado, tras el shock que representaron los ataques en París, que cien combatientes a la semana ingresaban a las filas de Estados Islámico desde territorio turco con la anuencia del gobierno.

Pero quién era capaz de ponerle límites a Erdogan antes de la intentona golpista y mucho menos después, legitimado por el apoyo popular, tras su llamado a la resistencia del pueblo turco desde la señal de la CNN local.

La ubicación geoestratégica turca hoy es más importante que nunca, y vaya que a lo largo de la historia lo ha sido. La OTAN con Estados Unidos a la cabeza se ha confiado demasiado en los gobiernos turcos y Erdogan se ha beneficiado de la lealtad a Occidente de quienes los han precedido.

Si bien es difícil precisar el verdadero número de bases militares de la alianza atlantista en el territorio turco, creadas con la fiebre de la Guerra Fría, se conoce la sede del Cuartel General del Mando Terrestre de la Alianza (Allied Land Command) en la ciudad costera de Izmir, además de la base de Incirlik, a cien kilómetros de la frontera con Siria, que recién en agosto de 2015 Erdogan ha permitido que intervenga en la guerra contra Estado Islámico y que cuenta con un arsenal de armas nucleares.

Allí se almacenan bombas nucleares tácticas B-61, propiedad de Washington, más otras de esa característica tecnológica. En Incirlik se acantonan cerca de 1500 pilotos norteamericanos, además de ingenieros, expertos en comunicación, logística, control aéreo, y un importante hospital militar.

La base de Incirlik fue uno de los epicentros de la revuelta frustrada y donde la purga ha sido de gran magnitud, empezando por el jefe de la base, el general Bekir Ercan Van, quien salió de ella  esposado, para ser llevado a prisión por su vinculación con el alzamiento. ¿Puede un hombre, al mando de una base de esas características, haber estado en la trama de un golpe contra el gobierno que posee el segundo ejército más importante de Europa, y no haber sido detectado previamente?

Según algunas fuentes, los rebeldes se abastecieron en esa base de helicópteros y varios cazas F-16, y aviones de repostaje, para suministrarles a las naves de combate combustibles en vuelo. De esa misma base se menciona la “misteriosa desaparición” de 42 helicópteros de combate y nada menos que mil hombres, que no han sido hallados hasta hoy.

Pero la gran carta ganadora de Erdogan siguen siendo los casi 4.5 millones de refugiados sirios, iraquíes y afganos fundamentalmente, que tiene en su territorio y que aspiran llegar a Europa, por lo que el presidente turco, que ya le has sacado a la Unión Europea 6 mil millones de euros para mantenerlos, sabe muy bien que podría convertirlos en verdaderas bombas de demolición para la unidad europea tan solo permitiéndoles el paso.

Del panarabismo nacionalista al religioso

La tolerancia por parte de Washington con los kurdos del norte de Siria, para lograr la autonomía, influenciará de manera directa en la cuestión kurda de Turquía, que Erdogan ha decidido resolver con una guerra genocida. Mientras que los acuerdos entre Moscú y Washington respecto a la guerra en Siria, han dejado al descubierto las componendas de Erdogan con el Califa Ibrahim, motivo por lo que su figura está cada vez más en baja en Occidente.

Por otra parte, en Medio Oriente la situación interna de los países se agrava por el rearmado de las políticas de Estados Unidos, tras los acuerdos nucleares con Irán y al liberarse de su alianza con Arabia Saudita; por su dependencia petrolera, Washington se ha malquistado con sus antiguos aliados. Ha abandonado al Rey Salman bin Abdulaziz en el peor momento de la casa Saudí: la baja de precio del crudo y la Guerra en Yemen puso al reino al borde de la debacle.

A lo que se suma la crítica situación económica de Egipto, otra de las potencias del área, donde el frustrante desempeño del presidente Abdel Fattah al-Sisi, quien llegó como un renovador de la política de su país y la región y terminó asfixiándose en los vericuetos de la administración para la que evidentemente no estaba preparado, deja a Erdogan como la única figura regional que puede aglutinar una alianza de autodefensa de sus intereses frente al nuevo mapa mundial.

Un Estados Unidos más autónomo que nunca, y una Europa en grave crisis económica y política, exhausta, jaqueada por los brotes terroristas y el avance de la ultra derecha, a la que solo le queda su peso militar nada puede aportarle a Medio Oriente. Sin olvidar a Bashar al-Assad, maltrecho, pero vivo y fortalecido del que se desconoce su lugar tras el fin de la guerra, pero que cuenta con el respaldo de Rusia, Irán y Hezbollah, obliga al pretendido Sultán turco a acelerar sus planes de una República Islámica e intentar convertirse en el gran líder de un islam sunita que juegue de manera independiente de Occidente, rememorando las intenciones, con otra carga política, que postuló el Coronel Gamal Abdel Nasser, de un Panarabismo Nacionalista a un Panarabismo Religioso.

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (Adalet ve Kalkinma Partisi) o AKP, fundado por Erdogan en 2001, ha sido funcional al brazo turco de los Hermanos Musulmanes, que todavía tienen mucho peso político en todo Medio Oriente.

Erdogan, en el poder desde el 2003, coqueteó con la Unión Europea, prometiendo modernizar Turquía mejorando el sistema democrático, controlando a los militares, combatiendo la corrupción y fortaleciendo las libertades sociales y económicas.

Hasta el viernes 15 lo único que había cumplido era en el aspecto económico, su crecimiento superó el 8%. Ahora, aparentemente, ha controlado a los militares, pero sabe, que tras la seguidilla de atentados y su “recién” descubierta vinculación con el Daesh, su sueño de ser miembro de la Unión Europea ha quedado más lejos que nunca. Ya no sólo por la oposición de Chipre, (tropas turcas ocupan el norte de la isla desde 1974) además de las viejas deudas con Grecia, Bulgaria, Rumanía y por ser un país musulmán, con casi 90 millones de habitantes con grandes bolsones de miseria.

A Erdogan quizás tampoco ya le interese ser parte del club que por otra parte ha comenzado a desquebrajarse. Sabe que en su país tiene mucho para ganar, lo tienta la realidad de haber ganado todas las elecciones y referéndums que se ha presentado.

Mientras el viceprimer ministro turco Numan Kurtulmus ha anunciado la suspensión temporal de la aplicación de la Convención Europea para los Derechos Humanos, escudándose en la misma actitud tomada por Francia tras los atentados. Mientras, del Parlamento se ratificara el decreto de Estado de Emergencia en todo el país por tres meses, ya aprobado el miércoles por el Consejo de Ministros con el objetivo declarado de combatir a los responsables de la asonada, lo que habilita a Erdogan a manejarse a su antojo.

Las próximas semanas serán cruciales para el futuro de Turquía y la región; sin duda se sondeara las posibilidades de que otras naciones acompañen en sus sueños de sultanato a Erdogan, sin olvidar obviamente la mirada atentad de Estados Unidos, y la diligente Israel, quién ha ya acordado con Ankara negocios gasíferos, mientras Moscú intentara no agravar las cuestiones con sus siempre complejos vecinos musulmanes a dos años del Mundial de Futbol, con toda la carga económica, política y simbólica que puede representar el éxito o el fracaso del evento.

Erdogan sabe que nunca tendrá condiciones más propicias para alcanzar su anhelo de volver a convertir a Turquía en una potencia mundial, que rememore el viejo Imperio Otomano, sin duda hasta  sus amigos de Estados Islámico, podrían dar resuello si la situación lo amerita. Con tijeras de gran mago ha podido trazar su Kirigami, quizás también tengas hilos para convertirse en  gran titiritero.

Guadi Calvo

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