12 de julio de 2020

Todos estamos cansados, por Elda Cantú

Todos estamos cansados, por Elda Cantú

Estamos cansados. ¿A dónde se fueron el optimismo, el compromiso y las promesas de las primeras semanas del encierro? Desde la ventana vimos cómo las calles se quedaron vacías y ahora volvieron a poblarse.

Hemos visto el cambio de las estaciones: el sol de Buenos Aires cedió el paso al gris otoño, en Lima la luz blanca y templada de finales del verano se ha vuelto una nube plomiza, húmeda y fría, mientras que en Ciudad de México las jacarandas florecieron y ya perdieron sus pétalos mientras estábamos adentro.

“El confinamiento físico es también para millones una cuarentena emocional”, escribe en una columna macondiana Álvaro Santana-Acuña, “un doble encierro que a muchos nos ha arrojado a esa soledad que aquejaba a los habitantes de Macondo”.

Durante este aislamiento involuntario tal vez ya conocimos a alguien que enfermó de coronavirus y, quizá, también a alguien que tristemente murió. Y es que América Latina se ha convertido en la región donde el coronavirus avanza con más inclemencia.

En Chile (donde ya se registran más de 259.000 casos) la pandemia ha acentuado la distancia entre las élites y el pueblo, escribe Patricio Fernández.

Por toda la región, reportan los autores de este reportaje, algunos líderes “han cuestionado cuán peligroso es el virus, otros han defendido remedios no probados, infundados o incluso peligrosos, se han enfrentado amargamente con los gobernadores estatales y otros se niegan a usar mascarillas en público”, una situación muy parecida a la que se ha vivido en Estados Unidos [en inglés].

También Donald Trump parece haber sufrido el desgaste de la crisis a la vista de todo el mundo: un análisis de nuestra crítica de moda pone el ojo en la corbata roja que llevaba el mandatario al volver de un deslucido mitin en Oklahoma.

Elda Cantú

The New York Times

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