20 de septiembre de 2020

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Somalia: Más fuego sobre el estrecho, por Guadi Calvo

Apenas una semana atrás informábamos sobre el ataque del movimiento fundamentalista somalí Harakat al-šabāb a-muŷahidīn (Movimiento de Jóvenes muyahidines) o al-Shabbab a secas, la filial de al-Qaeda para el Cuerno de África desde el 2012, contra el Hotel Ambassador, en una de las zonas más transitadas de Mogadiscio, la capital del país, el atentado casi una copia exacta de tres anteriores dejó una veintena de muertos y 55 heridos.

(Con la marca registrada de al-Shabbab) Hoy nos toca informar que nuevamente al-Shabbab, con lo que parece una verdadera reactivación de su guerra por conquistar el país para convertirlo en un Estado Islámico a imagen y semejanza del Afganistán del Talibán, hasta la invasión de 2001, ha vuelto a golpear duramente.

Esta vez fue contra una base de las fuerzas de la Misión de la Unión Africana en Somalia (Amisom, conformado por tropas de Uganda, Burundi, Djibouti,
Kenia y Etiopia) desplegadas en el país para sofocar la insurgencia salafista.

El comunicado del portavoz de al-Shabbab, el jeque Abdidas Abu Musab, da la cifra de 60 efectivos etíopes muertos, mientras que sus bajas alcanzaron a 16 miembros de la organización. El ataque comenzó en la madrugada del jueves 9, antes de la oración del alba o subh,

Fuentes occidentales reconocen las 60 bajas etíopes, pero se hablan de que los terroristas muertos serían entre 110 y 240, lo que indica claramente la magnitud de la operación y el nivel táctico de los terroristas.

La base militar atacada convertida el centro de operaciones de las tropas etíopes, se ubica en el distrito de Halgan, en la región de Hiiraan, a unos 300 kilómetros al norte de la capital, había sido ocupada dos semanas antes por las tropas etíopes y apenas unas horas antes del comienzo de la operación salafista, un campamento del ejército somalí ubicado a apenas a 600 metros, sugestivamente, fue abandonado. También es llamativo que las tropas etíopes no se hayan percatado de la aproximación de los atacantes en una zona de vegetación escaza y achaparrada.

Los combates comenzaron tras el estallido de un coche bomba, que destruyó los portones a la entrada a la base militar, y tras la explosión un número indeterminado de combatientes de al-Shabbab incursionó en el perímetro de seguridad dando inició un tiroteo que se prolongó por más de dos horas.

Este no es el primer ataque de al-Shabbab a una base de AMISOM aunque si contra una base etiope.

El 15 de enero de este año la banda takfirista, había dado un golpe similar, pero de proporciones todavía más importantes, cuando atacó la base de AMISOM perteneciente al ejército keniata en la localidad somalí de El Adde, al sur del país.

Se cree que ese ataque ha sido el más letal de los perpetrados por la insurgencia salafista contra cualquiera de las tantas unidades extranjeras que operan en Somalia.

Se sospecha que Nairobi está ocultando el verdadero número de sus bajas que podrían ser más de 300 hombres ya que al-Shabbab ha golpeado reiteradas veces objetivos de Kenia, incluso en su propio, territorio recuérdese el ataque al Centro comercial de Nairobi, Nakumatt Westgate, el 21 de septiembre de 2013, que dejó no son menos de cien y casi doscientos heridos y el ataque a la Universidad de Garissa al este de Nairobi, el 2 de abril de 2015 con 170 estudiantes muertos, reconocer una importante cantidad de bajas sería todavía más engorroso para el debilitado presidente keniata Uhuru Muigai Kenyatta.

Las tropas de Kenia se encuentran en territorio somalí desde 2011, como parte de la AMISOM y se ubica próxima a la frontera entre ambas naciones en la región de Gedo con cerca de 3 mil efectivos.

El ataque del 15 de enero a la base El Adde, se realizó solo dos semanas después de que las fuerzas keniatas hubieran ocupado el lugar. Con igual metodología un comando suicida embistió con un vehículo blindado cargado de explosivos la puerta principal de la base.

La explosión, tres veces superior a la del atentado a la embajada norteamericana en Nairobi en 1998, afecto a los edificios de mando, comunicación, un arsenal y los depósitos de combustible, matando un número indeterminada de soldados que se calcula en varias decenas.

Tras la explosión cerca de 150 miembros de al-Shabbab de la brigada Abu Zubair penetraron en la base, con fusiles y lanza cohetes. La batalla se prolongó varias horas, hasta que los soldados keniatas, desbordados por los muyahidines somalíes, debido a su escasa preparación y la carencia de armamento acorde, escaparon de la base, al tiempo que fueron perseguidos por los salafistas quienes siguieron asesinando a los soldados en fuga entre los bosques donde se habían refugiado.

Un operación exactamente igual fue ejecutada por al-Shabbab este último 1° de mayo con lo que consiguió tomar el control de la ciudad de Runir-good, a unos 180 kilómetros al sureste del país dejando 28 soldados muertos del ejercito somalí.

El estrecho del fuego y el petróleo
La situación interna de Somalia es cada vez más angustiante, desde 1991, tras el derrocamiento de Said Barre, no existe un poder constituido. La comunidad internacional, reconoce al Gobierno federal del presidente Hassan Sheikh Mohamud, cuyo poder se extiende apenas a algunos barrios de la capital. El resto del territorio esta controlado por tribus y clanes con anclaje en zonas autonómicas. Al tiempo que el sur y el noroeste del país está ocupado por grupos vinculados a al-Shabbab, quienes juraron lealtad a al-Qaeda global en 2012 y alguna pequeña representación de Estado Islámico.

Esta nueva embestida de la organización salafista pone otra vez en vilo toda la región del Cuerno de África altamente complejizada por violencia, dictaduras y hambrunas.

El fuego de Al-Shabbab puede terminar incendiando un arco importante de naciones como Eritrea, Djibouti, Etiopia, incluso Sudán y Kenia, sino también Yemen envuelta en la guerra, sin salida, en la que se metió Arabia Saudita contra las milicias chiitas Houtíes, a apenas uno pocos kilómetros, cruzando el estratégico estrecho de Bab el-Mande o de Las Lamentaciones, con menos de 30 kilómetros en su punto más ancho, por donde pasan hacia el canal de Suez, desde el Mar Rojo, cerca de 50 buques cada 24 horas, entre los que se transporta casi 4 millones de barriles de petróleo y derivados al día lo que significa el 4.6% de la producción petrolera mundial y cerca de un 10% del total del comercio.

La importancia específica del estrecho es incalculable y que en sus costas ardan las llamas del integrismo terrorista no es lo más aconsejable para la salud de nadie.

Guadi Calvo

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