20 de septiembre de 2020

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Rusia y la OTAN en pie de guerra, por Guadi Calvo

Con la presión agregada por el Brexit y la cada vez más concreta posibilidad de que el ultra derechista Donald Trump se alce con la presidencia de los Estados Unidos, la 28º cumbre de la OTAN, que reunió la semana pasada en Varsovia, Polonia.

Allí se hicieron presentes las delegaciones de los 28 países miembros y las 26 naciones asociadas, más representaciones de la Unión Europea, las Naciones Unidas y el Banco Mundial, y la Organización del Tratado del Atlántico Norte endureció sus posturas frente a su mayor hipótesis de conflicto: Rusia.

La cumbre concluyó con la Declaración de Seguridad Transatlántica de Varsovia en la que se establecen como esenciales los focos de inestabilidad a los que la organización tendrá que hacer frente y “resolver” en los próximos años.

Como es de forma se aclara que la “la OTAN no amenaza a ningún país” y fundamentalmente que la organización esta dispuesta a abrirse al diálogo con Moscú. Aunque pocos puntos después, se contradice al resolver que la alianza del Atlántico Norte apoyará a Georgia, Ucrania y Moldavia, utilizando estos tres conflictos para fortalecer su presencia en torno a las fronteras rusas.

Para ello, en la frontera este de la OTAN, la cumbre varsoviana ha establecido disponer de cuatro batallones multinacionales (entre 4 y 6 mil efectivos) en Estonia, Letonia y Lituania y Polonia. Por otra parte se establece que uno de los sistemas de defensa antimisiles desplegados en Europa entrará a nivel de disponibilidad operacional, que incluye armas nucleares y un sistema de antimisiles “disuasivo”.

 El presidente ucraniano Petro Poroshenko ha sido beneficiado con un paquete de ayuda para reformas militares. Aunque no se especifica el monto, se incluyen fondos para la defensa cibernética, la logística y la rehabilitación de soldados heridos. Es importante recordar que Ucrania mantiene una guerra, larvada en este momento, que ya cuenta con más de 20 mil bajas civiles, contra las regiones orientales de Donetsk y Lugansk, que tras referéndums se han declarado independientes de Kiev, fundando dos repúblicas soberanas. 

La OTAN incrementará su presencia en el mar Negro con la creación de una brigada multinacional en territorio rumano, mientras Canadá constituirá el grueso del cuarto batallón multinacional en el Báltico. Con la excusa del combate al terrorismo y las mafias migratorias, buques de la OTAN controlarán también el Mediterráneo, particularmente en el sector Este de dicho mar.

Además, aviones de la alianza atlántica con sistemas de radar de alerta temprana y control aerotransportado (AWACS, por sus siglas en inglés) sobrevolarán el espacio aéreo de Turquía para monitorear la situación en Siria e Irak, para lo que localizarán objetivos aéreos y realizarán vigilancia, tareas de mando y control de operaciones militares.

En Varsovia la OTAN también ha decidido la permanencia de sus tropas en Afganistán hasta la incierta fecha de “más allá de 2016” y garantizar la financiación de las fuerzas de seguridad afganas hasta 2020. En buen romance, un claro reconocimiento del fracaso de la intervención occidental al país centroasiático, tras 15 años de ocupación, matanzas y devastación. 

La alianza atlantista iniciará cursos de capacitación de oficiales iraquíes para el combate contra Estado Islámico, sin que esta resolución anule los entrenamientos de cientos de soldados iraquíes en campos del reino de Jordania. 

Finalmente se decidió la creación de un centro de inteligencia en Túnez, que apoyará a las fuerzas especiales tunecinas en el momento de gran expansión del extremismo musulmán en toda el área del Magreb y el Sahel.

Se acordó que la próxima reunión del bloque se celebrará el año entrante en Bruselas.

Las garras del Oso

Las conclusiones de Varsovia significa lisa y llanamente que la alianza atlantista realizará la mayor inversión en defensa desde la Guerra Fría, que representa un aumento del gasto militar para este año de 8 mil millones de dólares, un incremento del 3% del año pasado.

El presidente norteamericano Barack Obama mantuvo reuniones con las dos máximas autoridades de la UE, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el del Consejo Europeo, Donald Tusk, donde sin duda el Brexit, y la crisis de los refugiados han sido los temas más discutidos.

Frente a las resoluciones de Varsovia, Moscú no se ha demorado en apuntar, por boca del presidente del Comité Internacional del Consejo de la Federación de Rusia, Konstantín Kosachev, que las medidas decididas por la OTAN “han cimentado el segundo muro de Europa, después del de Berlín”, agregando que “la retórica actual de la alianza se basa en la lógica de la confrontación de la Guerra Fría”.

Otro alto funcionario, en este caso el Presidente del Consejo de la Federación de Defensa y Seguridad, Franz Klintsevich declaró que “la Cumbre de la OTAN sin más preámbulos elevó el grado de tensión casi al cielo”.

Según fuentes occidentales, con las conclusiones de la Cumbre de Varsovia, la OTAN intenta equiparar la asimetría militar en su frontera oeste. La Federación de Rusia estaría en condiciones de desplegar hasta 47 mil efectivos militares con equipos incluidos en cuatro días, al tiempo que en el mismo tiempo la Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad de la OTAN podría movilizar 5 mil de sus hombres. Mientras que en las primeras dos o tres semanas Moscú está en condiciones de desplegar unas 60 mil unidades de combate y mantenerlas un año.

La misma fuente concluye con que gran parte de la potencialidad del equipo militar ruso está a la altura de los arsenales occidentales y de ser levantadas las sanciones que pesan contra Rusia, Moscú rápidamente contaría con un arsenal de mejor calidad que el de la OTAN.

La Cumbre de Varsovia fue preparada entre los días 13 y 14 de junio, entre los ministros de Defensa de los países miembros de la OTAN, en la que también participó Ucrania, a pesar de no ser miembro, donde ya se había decidido a reforzar su presencia en las fronteras con Rusia.

Estados Unidos ha aprovechado esta cumbre para avanzar varios casilleros más en este juego de pugna política, en la que Washington pretende convertirse decididamente en la locomotora de Europa, no solo desde lo económico, sino también en lo militar. La política exterior norteamericana ha puesto a Europa a las puertas de una guerra de consecuencias desconocidas con Rusia. Solo el juego diplomático del presidente Putin y su genial “mariscal” de la geopolítica mundial, el ministro de Relaciones Exteriores Sergei Lavrov están en condiciones de evitarla.

Guadi Calvo

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