Revolución o regresión, por José Luis Martinez

Día mundial de la concientización del Autismo, por José Luis Martínez

Este extremo del continente, que representaba lo más austral dentro del alcance de las garras hispanas, contaba con pensadores locales de ideas brillantes y progresistas, para el amanecer del siglo XIX.

Con proposiciones estrechamente vinculadas con el pensamiento de la Revolución Francesa que se había basado en principios teóricos de autores como Voltaire y Rousseau, que generaron un efecto cascada que llegó hasta lugares recónditos, como aire fresco para combatir el sofocante calor del poder monárquico imperante.

El criollo sudamericano, sobre todo el de la llanura pampeana, ya arrastraba para 1810 una frustración importante por el accionar de sus autoridades regionales, si bien, el malestar no era puntualmente con el Rey de España, si lo era con los Virreyes y sus Cabildos.

Hervía un gran caldo que mezclaba bronca por hechos de corrupción muy evidentes, altos y abusivos impuestos, limitaciones de todo tipo de acciones cívicas para los NO españoles y, sobre todo, el nivel de indefensión experimentado ante el doblete de intento inglés de quedarse con los Buenos Aires, mientras las autoridades virreinales apostaban al turismo con urgencia y salían a los caminos, en sentido contrario a los invasores claro.

Si ya este caldo era espeso para ese fuego del sur, la caída de la Junta Central de Sevilla y su Concejo, que eran algo así como el gobierno que se ocupaba de las colonias Americanas desde España, llevaron las cosas a un punto extremo que superó a la conmoción producida por la detención del Rey Fernando VII a manos de Napoleón, un tiempo atrás (que en realidad no fue una detención, sino una placentera estadía llena de lujos en La France, para el monarca “desentendido”), que provocó sentimientos encontrados aquí en el sur, entre los que querían hacer una revolución más participativa con un incipiente federalismo y los que querían hacer una revolución casi en honor al Rey para esperar su regreso sin mover mucho el avispero, como diciendo: a nosotros nos domina España y nadie más que España!

Ya se le empezaban a ver las costuras a la grieta.

Más allá de todos estos condimentos, se hacía la revolución o se vivía una regresión a lo peor de la sumisión y como siempre, los que ganarían iban a ser aquellos que mantenían sus negocios con márgenes de ganancias prácticamente groseros con España y que, a la vez, sostenían a los tiranos locales.

Así como existieron imperialistas, desde hace mucho tiempo, cipayos también abundaban.

La Revolución de Mayo no puede desprenderse de un efecto “onda expansiva” de la Revolución Francesa con su tiempo de “diley” incluido, para comenzar a entenderla en su cabal extensión.

Aún se estaba lejos de la construcción del ideal independentista porque la auto mirada de los habitantes locales los hacía sentirse como miembros de una extensión de España y no como una colonia y por esa misma visión nunca podían integrar a las culturas originarias a quienes vulneraban, discriminaban y explotaban como el más español de los españoles.

En definitiva, obedezca a las razones que obedezca, la revolución comenzó a mover en el cielo a las nubes populares, haciendo oír los primeros gotones de agua fresca sobre el tejado de la monarquía, al instaurar una incipiente ciudadanía protagonista por acción propia, terminando con la divinidad del poder de los reyes.

José Luis Martinez