30 de septiembre de 2020

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República Centroafricana: Paisaje anterior o después de la batalla, por Guadi Calvo

Mientras el mundo blanco, rico y democrático se espeluzna tras el Brexit, las periferias de él, siguen sacudidas por la pobreza y las guerras de todo tipo, que las políticas imperiales han generado.

Quizás en ningún otro continente como África, las consecuencias de siglos de expoliación y dominación salvaje, queden mejor expuestas.

En ese mundo negro, pobre e incivilizado poco tiempo tendrán para meditar sobre las consecuencias globales del corte de manga británico a la señora Ángela Merkel.

Claro, los más de 1100 millones de habitantes tienen otras prioridades, como la de comer, no ser una víctima más de algunas de sus múltiples guerras o elegir la mejor barcaza a la hora de cruzar el Mediterráneo.

Verdaderamente nada de lo que le suceda a cualquiera de las 54 naciones africanas le importa algo al “mundo libre”, a excepción, claro siempre hay una excepción, la regata en el Mediterráneo a la que se han obstinado los africanos.

Una de las muestras más procaz de la indolencia de las políticas del ninguneo hacía África es el post conflicto de República Centroafricana (RCA), si esa guerra civil en realidad ha terminado y que ha dejado cerca de 8 mil muertos y dos millones de desplazados dentro y fuera del país.

De las dimensiones de Francia, pero con solo cinco millones de habitantes, de los que el 67% vive con menos de un dólar al día, la RCA es el segundo país con menor esperanza de vida del mundo: 48 años.

El mundo ni siquiera reparó en la RCA, a pesar del viaje del Papa Francisco en noviembre pasado, que con su acción intentó poner la atención del mundo en ese drama.

Desde del inicio del conflicto el 5 de diciembre de 2013, que aceleraría la caída del presidente François Bozizé Yangouvonda, tras 10 años en el poder al que había llegado por un golpe militar, contra Ange Félix Patassé,  el único presidente electo en la historia del país. Con la fuga de Bozizé, las fuerzas de seguridad (FACA / Gendarmería / Policía) se evaporaron, tras lo que las milicias en conflicto dispusieron a su capricho de la población.
 
Al presidente Bozizé le sucederá Michel Djotodia, líder de la coalición Séléka, (en lengua Sango: alianza) un grupo paramilitar que se cree estuvo integrado por miembros de las fuerzas armadas del Chad, Nigeria y Sudán, en búsqueda de los ricos yacimientos de piedras preciosas que posee la nación centroafricana. En aquel momento se especuló también con la presencia de hombres de al-Qaeda entre las filas de Séléka.

Si bien la comunidad musulmana es minoritaria en la RCA, un 15% (80 % católica, y un 5% animista) siempre ha sido muy activa, y siempre había vivido en armonía con los católicos.

Como reacción a la embestida de Séléka, los cristianos conformaron el grupo de auto defensa Antibalaka (anti-machete) que ha arrasado con una gran cantidad de los barrios musulmanes de Bangui, la capital del país, al igual que aldeas del interior.

En el conflicto, se perpetraron toda clase de violaciones a los derechos humanos: decapitaciones, descuartizamientos, incineraciones en vida, mujeres violadas, barrios enteros fueron destruidos.

Aunque el número de combatientes no llegó a ser muy importante, se estima que las fuerzas de Séléka, no alcanzarían a los 20 mil miembros, mientras que por el bando católico Anti-Balaka se cree serían unos 30 mil, incluso han participado como combatientes cerca de 10 mil niños.

Y uno de los grandes criminales de este enfrentamiento es Alfred Yekatom, alias “Coronel Rambo”, quien ha sido elegido miembro del nuevo Congreso, el órgano que ha de promover la justicia, la cohesión social, la reconciliación y también el fin de la impunidad, en las elecciones de febrero.

Paris, la otrora metrópoli del país,  dispuso la operación Sangaris, con 1600 hombres que actuó particularmente sobre Séléka, lo que permitido a los milicianos cristianos mantener su armamento, lo que provocó un cambió definitivo en el trascurso de los enfrentamientos, que a casi tres años  de comenzados, si bien la violencia ha disminuido, las consecuencias de ella parecen profundizarse. Por su parte Naciones Unidas envió 12 mil Cascos Azules en la misión MINUSCA.

Un estado fallido
Todavía el 20% de la población centroafricana está refugiada bien en campos, en países limítrofes o en casas de amigos y parientes, fuera de las zonas donde los combates fueron más virulentos.

La gran mayoría de los desplazados no han podido regresar a sus lugares de origen, por una multiplicidad de razones, fundamentalmente porque la situación militar no está del todo clara. Se cree que la violencia podría estallar de un momento a otro, además los desplazados carecen de recursos para un retorno ya que la mayoría de sus hogares han sido extinguidos durante los enfrentamientos.

Los desplazados internos, unos 150 mil, viven en condiciones extremadamente duras, sin aportes de organizaciones internacionales, sin trabajo, expuestos a altos niveles de violencia por quienes se entienden deberían protegerlos como las tropas francesas de la operación Sangaris. Según Lewis Mudge, representante para África de Human Rights Watch, son acusados de la violación de niñas, las que han sido forzadas en más de un caso: 100 ya han testimoniado de que fueron obligadas a realizar actos sexuales con perros. A ellas se les pagaba 5 mil francos centroafricanos, menos de 8 euros, por el “espectáculo”.

La actual Ministro de Relaciones Exteriores de la República Argentina, Susana Malcorra, está siendo investigada por un tribunal convocado por el propio secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, por el ocultamiento de las denuncias de abuso cuando era jefa de gabinete de la ONU, mientras que jefe de la misión de la ONU en RCA, el senegalés Babacar Gaye, fue despedido.

Se estima que el número de refugiados en casas de familias y amigos ronda los 230 mil, los que tampoco tienen muchos motivos para retornar a sus hogares.

En marzo último asumió la presidencia del país el ex primer ministro Faustin Archange Touadéra, tras ganar las elecciones del pasado 14 de febrero con el 62,71%.  Touadéra cuenta con un mínimo poder que apenas se extiende a algunos barrios de la capital y solo mientras siga sostenido por las fuerzas internacionales.
 
La República Centroafricana es quizás más que un estado fallido, un estado fantasma, sin ingresos, sin ejército y sin administración. Con un entramado social destruido, tras una guerra irresuelta, donde solo las ONGs internacionales atienden cuestiones como los salud, agua o educación. Sin salida al mar y con apenas 200 kilómetros de asfalto lo que hace muy difícil el comercio y la circulación de personas.

Los ricos yacimientos de oro y diamantes, son explotados sin control estatal, casi de manera artesanal y absolutamente ilegal, al tiempo que algunas milicias todavía activas controlan las minas en Bria y otras regiones. El producto de estas explotaciones sale   clandestinamente del país, sin tributar absolutamente nada.

La situación de la República Centroafricana es demasiado endeble, no solo por vivir una paz más que precaria, sino una crisis política y económica monumental, las que podrían resbalar a un nuevo conflicto, en cualquier momento. Por lo que es imposible saber si este paisaje descrito es después o anterior a la batalla.

Guadi Calvo

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