29 de septiembre de 2020

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Redefinir nuevamente lo popular, por Hernán Brienza

Redefinir nuevamente lo popular, por Hernán Brienza

La primera cuestión interesante para pensar el discurso de Cristina Fernández de Kirchner en Ferro es la categoría que eligió para trazar la divisoria política: el término “pueblo”.

No utilizó la categoría ni gente ni ciudadanos ni trabajadores, ni frente nacional, utilizó la palabra “pueblo”, es decir, se replegó sobre la identidad que Ernesto Laclau construye en La razón populista como la acumulación de demandas democráticas o particulares.

La creación de un “pueblo” es la acción política de máxima potencia. Y en algún sentido eso es lo que reclamó Cristina en su discurso: crear el sujeto político de un nuevo populismo. No hay izquierda y derecha.

No hay Nación o Antinación. Hay pueblo o no. Lo popular define la acción política y sobre todo la dirección de esa acción.

La antinomia pueblo-antipueblo subsume todas las demás contradicciones. Pero al mismo tiempo las complejiza. La categoría “pueblo” no excluye pañuelos, pero tampoco totaliza las formas de lo popular, es decir, acepta la contradicción al interior.

Renuncia a lo homogéneo, a lo concluido, y abre los brazos a la diversidad y a la pluralidad hacia el interior de ese colectivo llamado “pueblo”. Lo mismo hace respecto de la convocatoria social. No es sólo lo popular como pobre o como “plebs”, en términos laclosianos, sino en función de un dispositivo ideológico más amplio. Se puede ser popular y empresario, dice. Se puede ser pobre y antipopular, sugiere.

Lo que es obligatorio, entonces, es definir o redefinir, nuevamente, lo popular.

El tercer punto a tener en cuenta me parece que es la necesidad de la adecuación de las herramientas políticas y de la democracia en sí misma respecto no sólo a las nuevas tecnologías. Nuevos diseños institucionales pero también nuevas formas de participación popular y lo que cae de maduro, nuevas formas de liderazgos.

Ese nuevo rediseño de acción política también debe ser pensado en función de una nueva “condición humana”. El hombre/mujer atravesado por las redes, teledirigido por el Smartphone, es un sujeto diferente al hombre/mujer del partido de masas del siglo novecentesco. Por lo tanto, la política debe mediar entre la calle y las redes.

El cuarto punto está en función de las transformaciones del capitalismo –yo diría de su dirigencia- según sus estrategias de supervivencia, el Estado de Bienestar de la Guerra Fría, y el abandono del esquema productivo e inclusivo tras la caída de la URSS y la construcción de un nuevo orden mundial basado en la especulación financiera y la expulsión de las consumidores que eran el pilar fundamental no solo del Estado de Compromiso sino también del “American Way Life”.

La invitación, entonces, es a pensar más allá y más acá del capitalismo.

Creando heterodoxias que permitan sortear a los “pueblos” las ataduras que hoy los oprimen.

Hernán Brienza

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