27 de septiembre de 2020

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Punto de inflexión, por Gerardo Fernández

La quieren ver presa a Cristina, por Gerardo Fernández

En algunos rincones del peronismo se perciben dudas en torno a qué hacer con la Ley Cerrojo y qué impacto

tendrá esto en las provincias gobernadas por el PJ si no “acompañan” al gobierno de Macri en la capitulación ante los buitres. En tanto, el gobierno nacional juega hábilmente a dos puntas: por un lado extorsiona con que si no hay “acuerdo” con los buitres no habrá recursos para obras en las provincias y por otro aprovecha para atar una serie de acuerdos parlamentarios que le garanticen la escribanía.

Frente a este panorama, el peronismo se debate entre ser fiel a la política que apoyó desde el 2003 a 2016 en materia de deuda externa o tirar todo por la borda y razonar con el pragmatismo de los oficialistas permanentes como Pichetto, Bossio y cía.

Es que no se trata de que el gobierno de Macri busque rendirse ante los buitres por el bien del país y su gente. Visto desde nuestro lado, que le vaya bien a Cambiemos significa que al pueblo le irá horrible. Se trata, ni más ni menos, de proyectos políticos diametralmente opuestos ¿O alguien puede imaginar que el macrismo va a financiar obras en las provincias así porque sí?

La discusión de fondo es si somos capaces de seguir manteniendo las banderas y convicciones que sostuvimos en los 12 años de gobierno o si hacemos borrón y cuenta nueva y volvemos a la lógica del país que estalló en 2001. En este sentido, el peronismo se enfrenta quizá a la encrucijada más cruenta desde el retorno a la vida en democracia, que por cierto no pasa por arreglar con Frigerio así suelta los cheques para la obra pública sino cómo posicionarse ante la embestida del neoliberalismo, que busca prioritariamente cooptarlo para escindirlo y dejarlo sin potencia para volver a darle volumen político a una experiencia revoltosa como la del kirchnerismo.

La arremetida es colosal y en todos los frentes, pero sin dudas el más preocupante de todos es el ataque al peronismo por ser la herramienta política más potente del movimiento nacional y popular. Si finalmente logran quebrarlo y consiguen que una parte vote positivamente la derogación de la Ley cerrojo -algo que día a día aparece como lo más probable- la derrota asumirá ribetes dramáticos puesto que colocará al peronismo al borde una fractura y un peronismo dividido es la garantía para la victoria de Cambiemos en las legislativas de 2017 en el marco de un veranito artificial como el que tuvimos con el menemismo en 1994 y 1995.

Por cierto que las razones de quienes gobiernan territorios no son para nada desdeñables y es lógico que deben tener puentes con la administración central.

El punto es si todo da lo mismo

Y cuántos estamos dispuestos a decir que no, que no todo da lo mismo.

Gerardo Fernández

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