Proponen cambios estructurales profundos y sistemas alimentarios sostenibles

Proponen cambios estructurales profundos y sistemas alimentarios sostenibles

Para construir y mantener sistemas alimentarios sostenibles, que van desde la producción de alimentos saludables hasta asegurar el acceso de todos y todas, especialmente aquellos que lo necesitan para su nutrición (uno de los objetivos de la agenda 2030), es necesario cambiar la concepción y transformar profundamente las estructuras políticas y económicas que ya no se sustentan frente a los problemas actuales.

Fue en este sentido que organizaciones sociales de diferentes sectores de la agricultura y la alimentación se manifestaron en la última reunión del Mecanismo de la Sociedad Civil (MSC) del Comité Mundial de Seguridad Alimentaria (CSA), que tuvo lugar virtualmente del 13 al 15 de octubre. Es en esta plataforma de las Naciones Unidas donde los gobiernos discuten medidas y acciones coordinadas para garantizar el derecho humano a la alimentación en los países miembros de la ONU. El MSC es un foro especial de este Comité, donde la sociedad civil se manifiesta, a través de organizaciones representativas, y aporta propuestas que dialogan con la realidad de los territorios de los países integrantes de la ONU.

La COPROFAM es un miembro importante del MSC, y nos sumamos a las otras organizaciones internacionales presentes en este espacio para componer el mensaje de que queremos que llegue a la máxima cumbre de la CSA, donde se encuentran las autoridades gubernamentales: Es urgente que se hagan cambios radicales en los sistemas alimentarios, y más profundamente, en los sistemas sociales.

Las graves consecuencias de los sistemas basados ​​en modelos hegemónicos y concentradores de tierra, de producción, transformación y distribución de alimentos se ven (y experimentan) desde hace mucho tiempo, donde la búsqueda de lucro produce desigualdades, exclusión y muerte de los individuos, además de explotación de los recursos naturales del planeta. La llegada de la pandemia de COVID-19 en este contexto cruel puso de relieve aún más estos problemas estructurales, y los llevó a un empeoramiento sustancial.

En los últimos meses, entre lockdowns y medidas de distancia social en varios países, ha habido un gran aumento en la extensión del mapa mundial del hambre y de las desigualdades sociales. Del lado de los productores de alimentos, como agricultores(as) familiares, campesinos(as) y comunidades indígenas, además de los problemas sanitarios y económicos provocados por la pandemia, se intensificaron los conflictos agrarios, con la pérdida de tierras por parte de miles de trabajadores, pérdida de derechos de los pueblos indígenas y mayor desequilibrio ambiental.

Todo esto retrasa el desarrollo sostenible de la humanidad y el planeta en varios niveles. En materia de alimentos, lo que vemos hoy como consecuencia de todo esto son sistemas alimentarios consolidados en torno a la acumulación, extracción y subordinación de capital. Y eso necesita cambiar urgentemente. Es necesario que los gobiernos tengan el coraje y la audacia para iniciar el cambio necesario que recomienda la Agenda 2030, mirando y poniendo en práctica las recomendaciones, convocando a sectores estratégicos y también excluidos para un cambio de paradigma, cambiando la lógica de política y presupuesto público, que hasta ese momento estaba destinado a los sectores económicos dominantes de la cadena alimentaria.

Para que esta lógica se transforme, la sociedad representada en el MSC evoca y exige que los sistemas alimentarios se reorganicen en torno a los principios de soberanía y el derecho humano a la alimentación. Y que se basan en la producción sostenible, con un enfoque en la producción orgánica, la agroecología, produciendo alimentos nutritivos y saludables mientras se dialoga con las prácticas de preservación ambiental.

Ya existen instrumentos que marcan un camino para estos cambios, como la Declaración de los Derechos de los Campesino y las medidas previstas en el Decenio de la Agricultura Familiar de Naciones Unidas. Pero es necesario que los principios de ambos documentos sean efectivamente difundidos y aplicados por los gobiernos en la práctica para que se cumplan estas demandas.

Más que la atención del gobierno a los problemas actuales, se necesita audacia y creatividad en las estrategias para resolverlos. Es fundamental, por ejemplo, que las autoridades estén más abiertas a la participación social y democrática en las decisiones, incluidas también las contribuciones de los jóvenes y las mujeres, que son actores clave en la transformación de los sistemas alimentarios y la construcción de la resiliencia que las sociedades tanto necesitan en sus diferentes continentes y países.

Todos estos y otros pedidos que hacemos, desde ese espacio de diálogo político que posibilita el MSC, se basan en la protección de los derechos humanos a la alimentación adecuada, la salud y el trabajo decente. Las poblaciones, especialmente las más vulnerables, no deberían ser las que paguen el amargo precio de las consecuencias de este sistema fallido. Nuestro mensaje es claro y objetivo, y será llevado a los gobiernos que integran el CSA, que tendrá lugar en febrero. Esperamos ser escuchados y atendidos con la urgencia que requiere la situación actual.

Alberto Broch – presidente de COPROFAM

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