23 de septiembre de 2020

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Primero los niños, por Silvia Torres

La política económica neoliberal implementada por el macrismo comienza a cobrarse las primeras víctimas del proceso de empobrecimiento de la población. Primero, los niños, que comienzan a registrar estados de desnutrición en comunidades y regionestradicionalmente vulnerables.

Comienzan a tomar estado público los efectos devastadores sobre la población más vulnerable las políticas neoliberales implementadas desde el gobierno de Cambiemos –la alianza macrista, radical, massista-, que conduce los destinos de la Argentina.

Los primeros en caer bajo los nocivos efectos de la pobreza son los niños y los ancianos, que ven cercenados derechos esenciales, acceso a la alimentación y a la salud, como consecuencia del desmantelamiento de servicios sociales de apoyo a la ancianidad, a la maternidad vulnerable, a garantizar el nacimiento en las mejores condiciones y el desarrollo en la primera infancia de niños de los sectores pobres. Cabe aclarar que se trata de derechos, no de dádivas que se le pueden ocurrir a un gobierno u otro sino porque, de esa manera, se da cumplimiento a mandatos constitucionales y a convenciones internacionales que así lo ordenan.

La existencia de niños desnutridos en Salta, -cuyo gobernador peronista (sic), está encolumnado con el macrismo-, sumado a casos que no se ventilan todavía por los medios de comunicación, pero son denunciados casi cotidianamente por organismos que trabajan con poblaciones vulnerables, dan cuenta de que, a trece meses del gobierno macrista, se comienzan a registrar las obvias y conocidas consecuencias que provoca en la población, la aplicación de políticas que concentran la riqueza y dejan librados a su suerte a los sectores pobres.

Con los ancianos ocurre más o menos lo mismo: salarios que no alcanzan a cubrir la canasta básica, servicios de salud -que el Estado está obligado a prestarles-, minimizados en virtud de la reducción en la provisión de medicamentos y la imposición de engorrosos y maquiavélicos trámites para acceder a prestaciones y que complica la vida de los mayores a límites inimaginables. Le llaman sinceramiento, en reemplazo del “despilfarro K”.

Hay que agregar que los servicios públicos de salud van camino a colapsar, debido al aumento de la demanda por la legión de desocupados y sus familias, que ya no  cuentan con obra social. Claro que el baile, recién comienza. Luego vendrá la gente que se morirá en los pasillos de hospitales y sanatorios, o en sus veredas, como ya ocurrió en otros tiempos con políticas iguales, porque los servicios no dan abasto, porque no hay suficiente cantidad de trabajadores de la salud y/o de insumos, para salvar vidas. En poco tiempo más, también se sabrá del aumento de la mortalidad materna-infantil, de los nacimientos en situación de riesgo, etc. producto del achicamiento de los recursos económicos que el Estado debiera invertir.

Primero los niños, suele decirse en algunas circunstancias. Pero no ahora o, en todo caso, primero los niños para pagar con su salud y la calidad de sus vidas, este proceso
que da lugar a que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres.

Y allí están las 60 mil cajas que contienen los kits de Qunitas, guardadas en un depósito en la localidad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, por cuyo alquiler el gobierno macrista paga 800 mil pesos por mes. Ni siquiera la delegación de médicos y mujeres embarazadas que fue a la Quinta de Olivos para solicitar a la primera dama, Juliana Awada, que interceda para que se libere su distribución, dio resultado alguno.

Allí están los gastos fabulosos que la ministra Bullrrich -inolvidable por haber sido la autora del descuento a los sueldos de los jubilados, durante el gobierno de De la Rúa-, hizo en Israel para adquirir armamento de guerra, diz que para combatir el narcotráfico y la inseguridad, a precios que duplican y/o triplican los del mercado internacional, algunos de los cuales, como las lanchas, podrían haberse construido en la Argentina con mucho menos costo ¡y con mano de obra nacional! Claro, cualquiera puede preguntar, con esa candidez que caracteriza a muchísimos ciudadanos, por qué se hace esto. Y la respuesta es una sola y muy sencilla: Si se compra barato, si se manda construir acá, ¡no hay cometas!

Y ya se sabe que en este gobierno, lo primero no son los niños y los ancianos y las familias en situación de pobreza, sino que lo primero de lo primero, ¡son los negocios!

Silvia Torres

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