«¿Pensás que porque soy mujer me podés intimidar?»

«¿Pensás que porque soy mujer me podés intimidar?»

Un día antes, en otra reunión sobre el tema con los intendentes, el ministro de Seguridad bonaerense había chocado con Secco e Insaurralde. En los dos casos la intervención del gobernador Axel Kicillof consiguió tranquilizar los ánimos.

La reunión para coordinar esfuerzos en materia de seguridad entre la Nación y la Provincia de Buenos Aires tuvo un estallido entre la ministra Sabina Frederic y su par bonaerense, Sergio Berni, algo que ya se transformó en una rutina, pero terminó en un acuerdo para reforzar los operativos.

La tensión, que viene de lejos, fue subiendo en la medida en que Berni reclamó una cantidad de efectivos y cobertura de objetivos que Nación sostiene que es imposible de realizar. Pero fue el tono hostil y casi descontrolado lo que provocó la incomodidad general, al punto que Frederic le preguntó «¿pensás que porque soy mujer me podés intimidar?» Al final, medió el gobernador Axel Kicillof, todos se calmaron, y se concretó un plan conjunto: el delito bajó mucho en toda la primera etapa de la cuarentena, de marzo a junio, pero la flexibilización produjo un rebrote –inferior a julio de 2019– y se acordaron los operativos para prevenir un crecimiento mayor.

El encuentro de este miércoles se realizó en el edificio conocido como Puente 12, cerca del aeropuerto de Ezeiza, y Kicillof estuvo presente justamente porque sabe de la ríspida relación entre Frederic y Berni, de manera que ofició como una especie de garante. En realidad, los dos equipos, el de Nación y el de Provincia de Buenos Aires, funcionan en buen acuerdo, pero -según coinciden todos- Berni es imperativo, pierde los estribos con facilidad y, en lugar de trabajar en equipo, hace críticas públicas en forma casi permanente.

En algún momento de la reunión el bonaerense se sacó el barbijo, levantó el tono y Frederic se le plantó con la frase sobre la intimidación. Todos los presentes pusieron paños fríos y se acordó un plan de efectivos de las fuerzas federales y objetivos que cubrirán esas fuerzas en el próximo mes. Hubo un comunicado oficial bajándole el tono y el propio Berni dijo públicamente que no pasó nada, que fue una reunión aburrida. Un dato de importancia es que hay una cantidad muy alta de agentes y oficiales de las fuerzas de seguridad, nacionales y bonaerenses, contagiados de COVID-19, lo que hace difícil disponer de efectivos para todos los puntos calientes. Esa es una de las razones del tironeo.

El día anterior, el martes, hubo otra reunión sobre el tema, esta vez con intendentes del Gran Buenos Aires, en especial de la zona sur, la más afectada por temas de seguridad. En ese encuentro Berni también había levantado el tono y hubo un choque con Mario Secco y Martín Insaurralde, quienes insistían en que la Bonaerense tiene casi 100.000 efectivos y no cubre el territorio que ellos consideran que debe cubrir. También en ese momento hubo una rápida intervención de Kicillof para tranquilizar a las partes y se analizó la incorporación de efectivos y patrullas.

Los intendentes coinciden en el diagnóstico: el delito bajó de forma notoria con la cuarentena, pero es necesario patrullar, ocupar puntos clave y hacer prevención porque con las medidas flexibilizadoras habrá mucha más gente en las calles y se prevén aumentos del delito, especialmente en los robos, entraderas y lo que se conoce como motochorros.

La realidad es que las fuerzas de seguridad tiene que afrontar los operativos por el coronavirus, no sólo en los ingresos a la Ciudad de Buenos Aires, sino en el control de los que transitan en los municipios del conurbano. A esto se agregan las cuestiones relacionadas con los delitos. En la gestión bonaerense cae bien la intensidad de Berni, aunque no avalan todo lo que hace y saben que también juega su propio juego político.

En estos días irrumpió en el caso del jubilado de Quilmes que mató a un ladrón y adujo que se trató de defensa propia . Horas después apareció un video que muestra que el delincuente estaba en el piso y Jorge Ríos le disparó dos o tres veces, en una especie de ejecución. Según declaró el testigo que presenció los hechos, «el hombre en el piso levantaba la mano pidiendo ayuda y Ríos le disparaba». El fiscal calificó el hecho como homicidio simple, agravado.

Raúl Kollmann

Página/12

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