Nos quieren mucho, por Silvia Torres

Mauricio Macri no se cansa de repetir que por fin la Argentina está en el mundo, que respeta y quiere al país y que, por ello, obtiene los bienes y favores que se expresan en los préstamos que constituyen la gigantesca deuda externa.

Nos quieren mucho, por eso estamos con la soga al cuello, por generaciones, sería más o menos el razonamiento –no expresado en estos términos, por supuesto-, que repite Mauricio Macri sin sonrojarse. O sea, el gigantesco endeudamiento que aqueja y condenará a generaciones de argentinos es producto de la benevolencia y el amor que nos tienen en el mundo.

También es producto de ese inconmensurable amor y aceptación mundial, la no menos gigantesca y vergonzosa fuga de divisas, una constante cotidiana: dólares que entran, se pasan a pesos para cobrar 65/70% de interés, se vuelven a pasar a dólares y se van. O, también, entran y se van y, en cualquiera de los dos casos, quien deberá pagarlos es el pueblo argentino.

A esa timba, MM le llama “amor”, “reconocimiento y consideración hacia la Argentina”, “Argentina por fin está en el mundo y es tenida en cuenta por los líderes” de los grandes países, a los que menciona en tono reverente, los que, por si hiciera falta decirlo, arrastran temibles historias imperiales.

Lo que no dice es que el total de dólares de deuda recibidos en tres años y medio de gobierno es mucho más que el percibido por cualquiera de los 16 países europeos beneficiados con el Plan Marshall –excepto Gran Bretaña y Francia, que recibieron 3.297 y 2.296 millones de dólares, cada uno-, en la post guerra de 1948 a 1951, cuando se distribuyeron 12.700 millones entre ellos, lo cual permitió la reconstrucción de países y pueblos devastados por la guerra.

Los 1.800 millones de dólares que recibió Macri, incluidos los 57 mil millones y pico que le otorgó el FMI, no tuvieron el mismo efecto que aquel paradigmático plan de la post guerra, sino todo lo contrario, ya que ni siquiera se cumplieron con las obligaciones que establece el organismo internacional para otorgar “beneficios”.

La inflación continúa su ruta y aunque el gobierno repite y repite en sus spot que “lo peor ya pasó”, el Fondo lo desmiente en textos cuasi paradojales: “La inflación subyacente se ha situado por debajo de los promedios históricos en muchas economías de mercados emergentes y en desarrollo, salvo en contados casos, como los de Argentina, Turquía y Venezuela”. Macri lo logró, en AL: Argentina y Venezuela.

En 2018, el organismo decía que la inflación argentina iba ser de 17 % (2019) y 13 % (2020) y ahora deben corregirse: 40,2% y 32,1 %, respectivamente.

La deuda no permitió sostener y/o desarrollar la actividad económica –léase productiva (excepto cosecha de granos), industrial, comercial, de servicios-, y caen una tras otras las pymes y las empresas grandes, dejando su tendal de desocupados y de caída del consumo.

Así, se registra el cierre de 18.853 pymes, desde diciembre del 2015 a la actualidad (559.318/543.894 – Indec), también una caída del uso de la capacidad instalada que, desde el 2016 y año tras año fue de 64,5 %; 65,3%; 63% y 59,4 % y de 43,6 % en el rubro textil.

En coincidencia, se registra el descenso del salario real ($ 100, 2015 a $ 83, 2019) y, en una curva coincidente, pero a la inversa, el aumento de las tasas de interés –sobre todo a partir del 2017-, y el costo de la energía eléctrica ($ 100, 2015 y $ 983, 2019).

Este combo perverso, que posiciona a la Argentina como la economía más vulnerable del mundo, seguida de Turquía, Sudáfrica, Egipto y Colombia, según Bloomberg, tampoco permitió la lluvia de inversiones ni brotes verdes ni es verdad el discurso sobre la obra pública con la que el oficialismo castiga los oídos del electorado, cuyo hartazgo se manifiesta en el hecho de que ningún funcionario puede entrar en contacto con el público, en tren de campaña electoral, so pena de ser abucheado.

Es que los ciudadanos padecen el pavoroso crecimiento del precio de los alimentos básicos, con una canasta básica que aumentó 58,9 % en un año, mientras los salarios pierden poder adquisitivo, lo que provoca el desplome del consumo: -13,5 % en hipermercados y -18,7 % en shoppings, según datos del Indec, aun cuando se han pateado los aumentos en servicios energéticos y de transporte para después de las elecciones.

Empobrecidos y con hambre y, por ello, convertidos en protagonistas de noticias en medios internacionales, los argentinos se aprestan a varias jornadas electorales, bajo sospechas múltiples de manipulación del escrutinio provisorio, ¡por si algo faltaba!.

Todo lo cual debe dejar muy en claro que, quienes hoy nos gobiernan y muchos de los poderosos que gobiernan el mundo, tienen un dudoso concepto acerca de lo que es el amor al pueblo.

Silvia Torres