30 de septiembre de 2020

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Mentiras de los servicios de inteligencia, por Alberto Ferrari

Coincidente con la reaparición del ex agente de inteligencia Jaime Stiuso, quien acusó al ex gobierno

de Cristina Fernández de la muerte del ex fiscal Alberto Nisman, fue publicado en Argentina un ensayo sobre las pistas falsas sembradas por los servicios de seguridad del país desde el atentado a la Embajada de Israel en 1992.

El ensayo titulado “Caso Nisman: secretos inconfesables”, fue escrito por el periodista Juan José Salinas, autor, hace más de una década, de una investigación del atentado a la AMIA cometido en 1994.

Juan José Salinas investigó los atentados contra la Embajada de Israel en la Argentina, perpetrado el 17 de marzo de 1992 y a la mutual judía AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994, ambos en Buenos Aires. En el ensayo recopila toda la abundante información surgida de las investigaciones judiciales, las voces de jueces y peritos, ingenieros especialistas, testigos, personal policial, de la Cancillería y la Embajada, además de las publicaciones periodísticas. Del material recopilado, Salinas sostiene que en ambos atentados no hubo ningún coche bomba, a contramano del relato oficial creado por entonces el gobierno del ex presidente Carlos Menem y de Israel, con el posterior apoyo del fallecido fiscal Nisman.

Por otra parte, Salinas intenta explicar las demoras y contramarchas durante las investigaciones acerca del primer atentado a la Embajada y las pistas falsas instaladas por los agentes de inteligencia y la policía argentina, para “embarrar” la denominada “causa AMIA” a cargo de Nisman hasta su extraña muerte, para algunos un suicidio, para otros un asesinato. El autor expone, de acuerdo a todos los testimonios, que tanto en la Embajada como en la AMIA no existían medidas de seguridad.

Incluso, antes del primer atentado a la Embajada (foto) hubo advertencias concretas, según consta en la causa judicial, y sin embargo no se tomaron precauciones para el ingreso de las personas y de materiales de construcción, dado que, casualmente, ambos edificios estaban en refacciones cuando se produjeron los atentados. Además demuestra, con asombro, la velocidad en la que incurrieron los servicios de inteligencia de ambos países para remover pruebas, para luego construir una plaza en el edificio de la Embajada, eliminando cualquier vestigio de la explosión. Salinas sostiene que una vez destruidas las pruebas “se construyó la teoría de la explosión producida por coches bombas en ambos casos”.

Por el contrario, las pericias oficiales realizadas durante las primeras horas posteriores a los atentados, apuntaban a sendas implosiones, con el agravante que -¿otra casualidad?- también en ambos edificios, se había retirado la custodia policial. Las advertencias recibidas con fecha precisa de que la República de Irán supuestamente cometería un atentado contra Israel en la Argentina que constan en la causa, y la falta de seguridad en torno a la Embajada, son un indicio de que aún con el alerta en conocimiento de los servicios de seguridad, no se adoptaron medidas de protección.

Complicidad o desidia, el libro de Salinas aporta documentación sobre el errático o cómplice comportamiento de los servicios de seguridad que hasta el año pasado tuvieron a Stiuso como su jefe operativo y hombre encargado de colectar pruebas. Salinas escribió en 1997 “El Atentado” sobre el sangriento ataque a la AMIA, quienes fueron -supuestamente- los autores y las complicidades locales, políticas y de los organismos de seguridad.

A partir de la muerte del fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, Salinas retomó la investigación de los hechos para escribir este ensayo que investiga sobre “suicidios” en serie, tráficos ilícitos de armas, negocios turbios de funcionarios locales y las maniobras gatopardistas de encubrimiento de las agencias de inteligencia de varios países en virtud de prioridades “geopolíticas”.

Por algo los jueces de Buenos Aires, al término del juicio oral más largo de la historia argentina, fallaron que el atentado a la AMIA fue “un armado al servicio de políticos inescrupulosos”, sintetiza Salinas en su ensayo editado por Punto de Encuentro.

Alberto Ferrari

ANSA

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