«Te quiero hasta el final de mi mandato», le dijo el Presidente al titular del Palacio de Hacienda. A partir de allí se armó la nueva estrategia que está logrando dominar la crisis del dólar. Qué hay que esperar de la negociación con el FMI.

¨Yo quiero que seas mi ministro de Economía cuatro años. Salí a la cancha, vos tenés la última palabra. Pero hablá con Pesce, porque vos viviste en Estados Unidos mucho tiempo y él acá hace treinta años que los conoce a todos”, le dijo Alberto Fernández a Martín Guzmán antes del Coloquio de IDEA. Este viernes pasaron tres semanas de la exposición del ministro en ese evento, donde recibió, como el Presidente, un trato hostil por parte de algunos de los empresarios en el chat. Allí debutó como ministro empoderado, con el horizonte de un trabajo de cuatro años que le marcó Fernández con más claridad que nunca.

Antes de la intervención de Guzmán en el Coloquio, ese viernes 16 de octubre, el dólar paralelo había trepado a 178 pesos y el contado con liquidación se acercaba a los 170. La corrida cambiaria era cada vez más intensa.

El ministro se apropió de la escena desde ese momento. “Va a haber un cambio de dirección”, sorprendió. “Lo que pasa con el contado con liquidación es que, control tras control, se ha ido achicando y se ha vuelto más volátil. ¿Nos importa que haya un mercado de transacción de pesos contra dólares? Sí, nos importa. ¿Qué queremos, que sea chiquito o más grande? Cuando es chiquito, pasa lo que pasa. Vamos a ir facilitando ese tipo de operaciones. Está muy alto ese tipo de cambio y afecta la capacidad para generar ingresos en dólares”, explicó, con una lógica completamente opuesta a la que venía aplicando el Gobierno hasta entonces, también con el aval del Presidente.

Este viernes, el dólar paralelo cerró a 157 pesos, con una caída de 38 pesos (19,5 por ciento) contra el pico de 195 que tocó en la semana de inicio del Plan Guzmán. El CCL cerró a 147 pesos, 34 pesos (18,8 por ciento) por debajo del máximo de 181 en esa misma primera semana.

La acelerada corrección en los precios de los dólares financieros es equivalente al crédito que ganó Guzmán con la nueva estrategia. En especial, por el contraste de la situación actual con el escenario que anticipaba, por ejemplo, la tapa de Clarín hace tres semanas, cuando daba por hecho que en catorce días habría una devaluación y que sería casi inevitable el despido del ministro de Economía.

El primer movimiento que hizo el Gobierno para empezar a dominar la crisis del dólar fue ese ordenamiento de roles en el gabinete económico, con Guzmán a la cabeza y Miguel Pesce, presidente del Banco Central, como una palabra de peso por indicación de Fernández.

“Vos tenés que ser ministro cuatro años. Te convoqué para eso”, le insistió el Presidente a Guzmán, en los días más calientes del dólar del mes pasado, cuando arreciaban versiones de todo tipo sobre los planes del gobierno y la continuidad de sus funcionarios. “Pero escuchalo a Pesce. Hablá con él. Tiene toda mi confianza”, le transmitió también Fernández al ministro.

Con ese respaldo, Guzmán anticipó en el Coloquio de IDEA lo que ocurrirá a partir del martes en la negociación con el FMI. El funcionario mostró la hoja de ruta que le venían reclamando al gobierno desde el establishment y sectores financieros, junto a la prensa dominante.

“La parte más importante del programa con el FMI se enviará al Congreso de la Nación. Se determinará un sendero fiscal, acompañado de uno de reducción de las necesidades de financiamiento monetario”, señaló el ministro.

Ese mensaje intentó ser traducido como el anuncio de un ajuste, lo cual Guzmán rechazó: “Hay que racionalizar el gasto público más que bajarlo”, sostuvo. “La Argentina tiene que converger hacia el equilibrio fiscal. La sostenibilidad fiscal es un activo para la Nación. Hay que hacerlo a una velocidad consistente con la recuperación económica”, agregó.

Aplicar un ajuste fiscal a una economía que empieza a levantarse tras la hecatombe del coronavirus no haría más que conspirar contra esa recuperación. La Argentina acumula experiencias de supuestos “ajustes reactivantes” que terminaron en catástrofes. La última fue con Mauricio Macri, Nicolás Dujovne y Guido Sandleris, que prometieron que recuperarían la confianza de los mercados mediante el déficit cero y la emisión cero y cosecharon una sucesión de devaluaciones e inflación récord.

El camino que mostró Guzmán para avanzar hacia el equilibrio de las cuentas fiscales es el del crecimiento y el desarrollo. Es la definición que marcará la negociación con el FMI. Crecer para aumentar los ingresos antes que ajustar el gasto público.

“Si medís el producto por habitante en dólares al valor del contado con liquidación, te da más o menos 4500 dólares por habitante. La Argentina no es un país de 4500 dólares por habitante sino de ingresos más altos. Se han generado expectativas que no representan la realidad argentina”, decía el ministro en IDEA, cuando el CCL estaba en 170 pesos.

El objetivo del Gobierno es superar las presiones cambiarias lo antes posible para desatar, según supone, una corriente de veloz recuperación económica. El titular de Hacienda describió la actual etapa “como una especie de puente de estabilidad de 60 o 90 días”, que se aprovechará para “trabajar en un programa de estabilización macroeconómica plurianual que se enviará al Congreso”.

En la disputa cambiaria, el Gobierno alcanzó esta semana una meta clave: logró incorporar reservas a las arcas del Banco Central. Fueron 66,1 millones de dólares, contra caídas de 403,2 millones, 470,3 millones, 428,8 millones y 213 millones en el mismo período del inicio de octubre, septiembre, agosto y julio, respectivamente.

“Están funcionando los filtros para prevenir que no se importe en forma anticipada ni se cancelen deudas antes de tiempo”, destacaron fuentes oficiales, apuntando al agujero por donde se venían escapando las reservas: el comercio exterior y el pago de vencimientos por adelantado. El stockeo masivo fue en septiembre y octubre una complicación mayúscula para el Banco Central. “Los importadores tenían vía libre para hacer cualquier cosa. Ahora eso cambió”, agregaron.

El diagnóstico oficial es que no hay razones para una devaluación porque no faltan dólares ni hay atraso cambiario, como en otras oportunidades. Este año se alcanzará un superávit comercial en torno a los 12 mil millones de dólares, el precio de la soja trepó al mayor nivel en cuatro años, hay una limitación fuerte para la compra de dólares para atesoramiento, no hay gasto de dólares de turistas argentinos en el exterior, ahora se empezaron a controlar las importaciones y las cancelaciones anticipadas de deudas empresarias en moneda extranjera.

Con estabilidad del dólar, sostienen en el gabinete económico, empezarán a surgir inversiones. Todo bajo la dirección del gobierno, como indicó Guzmán en su reunión con los empresarios de AEA: “El diálogo importa y ayuda, pero los que gobernamos somos nosotros”.

David Cufré

Página/12