Los escándalos de Flávio Bolsonaro amenazan las promesas anticorrupción de su padre

Los escándalos de Flávio Bolsonaro amenazan las promesas anticorrupción de su padre

Jair Bolsonaro, el nuevo presidente de Brasil, subió al escenario internacional durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, con el discurso que entusiasmó a los votantes de su país: estaba comprometido a erradicar la corrupción arraigada en su nación.

Sin embargo, tan solo tres semanas después de haber comenzado su mandato una serie de episodios cuestionables ha provocado que Bolsonaro, quien llegó al poder denunciando el privilegio elitista, enfrente acusaciones de que su gobierno es más de lo mismo.

A pesar de la política declarada de cero tolerancia de Bolsonaro, tres ministros y algunos directores de nivel medio que están involucrados en investigaciones de corrupción han sido incorporados a su gobierno. El hijo del vicepresidente recibió un ascenso y le dieron un aumento que triplicó su sueldo en un banco propiedad del Estado. Incluso una multa impuesta a Bolsonaro por pescar en aguas protegidas en 2012 fue descartada por las autoridades.

Bolsonaro y sus aliados tampoco han dejado de usar sus privilegios políticos legales, aunque repudiados, como aceptar las indemnizaciones por traslado que se otorgan a los legisladores y funcionarios federales, aunque ya vivan en la capital.

Sin embargo, el desafío más grande para el incipiente gobierno de Bolsonaro es un caso que involucra a su hijo Flávio, un senador. La semana pasada, a petición del primogénito del presidente, un juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil suspendió una investigación en torno a cientos de miles de dólares en transacciones financieras realizadas por un asistente de Flávio Bolsonaro.

“Es la política de siempre. No veo la diferencia con otros gobiernos”, dijo Manoel Galdino, director ejecutivo de Transparência Brasil, un organismo de vigilancia. “A pesar de que Bolsonaro fue electo gracias a una plataforma que prometió cambiar las prácticas corruptas, será una sorpresa que haya grandes cambios”.

El caso en el que está involucrado Flávio Bolsonaro comenzó a desarrollarse en diciembre, cuando los investigadores financieros federales descubrieron que en 2017 alrededor de 1,2 millones de reales —aproximadamente 320.000 dólares—, habían sido recibidos y enviados desde una cuenta que pertenece a un asistente suyo, Fabrício Queiroz. En ese entonces, Flávio Bolsonaro era legislador estatal de Río de Janeiro y Queiroz era su chofer.

Entre las transacciones hubo pagos a Michelle Bolsonaro, la esposa del presidente. El mandatario dijo que Queiroz le estaba reembolsando un préstamo a su esposa.

Los investigadores han rechazado hacer comentarios sobre el caso, pero los críticos dicen que las transacciones, generalmente realizadas cerca de los días de pago, podrían reflejar una práctica ilegal pero común en Brasil: contratar empleados “fantasma” o que nunca se presentan y después embolsarse grandes porciones de sus salarios.

Como parte de la pesquisa, las autoridades también investigan 48 depósitos en efectivo realizados en cinco días en el periodo de un mes a la cuenta de Flávio Bolsonaro.

El senador ha negado cualquier acto indebido y dijo que las transacciones eran parte del pago de una propiedad que vendió.

Flávio Bolsonaro, quien fue electo senador federal en octubre, insistió en un principio en que no lo estaban investigando y que se reuniría con los fiscales. En cambio, días antes de que su padre abordara un avión con destino a Davos, apeló al Supremo Tribunal para que suspendiera la investigación bajo su derecho de inmunidad legislativa.

El juez aceptó, aunque las transacciones ocurrieron cuando Flávio Bolsonaro aún era representante estatal. Bajo la ley brasileña, los legisladores federales y los políticos de alto nivel solo pueden ser juzgados en la más alta corte.

El caso, que el Supremo Tribunal Federal revisará cuando se reúna de nuevo en febrero, ha despertado una reacción negativa incluso entre los aliados del nuevo presidente.

“La petición de Flávio Bolsonaro huele muy mal”, tuiteó Kim Kataguiri, un congresista de derecha que calificó el uso de la inmunidad legislativa como algo “sospechoso, por decir lo menos”.

En repetidas ocasiones, el actual presidente ha criticado la inmunidad como un escudo para los políticos corruptos y en un video de 2017, que grabó con Flávio, dijo que era “basura”. Bolsonaro, durante años un personaje marginal en el Congreso, conocido más bien por sus comentarios provocadores sobre las mujeres, los homosexuales y los afrobrasileños, convenció a los votantes de que deben ignorar su pasado contencioso porque era el único candidato con la valentía suficiente para acabar con la violencia y la corrupción política desbordadas, así como llevar a cabo reformas favorables para el comercio con el fin de revertir la recesión del país.

Ese fue el mensaje que les envió a los líderes políticos y de negocios del mundo en Davos esta semana.

“Estamos aquí para mostrar que Brasil ha cambiado”, les dijo a los periodistas a su llegada. “Brasil está tomando medidas para que el mundo vuelva a confiar en nosotros, para que los negocios prosperen en Brasil y en el mundo, sin tendencias ideológicas, para que podamos ser un país seguro para las inversiones”.

Cuando le preguntaron en Davos sobre el caso en el que está involucrado su hijo, Bolsonaro le dijo a Bloomberg: “Si acaso se equivocó y lo demuestran, lo lamentaré como padre, pero tendrá que pagar el precio de esas acciones que no podemos aceptar”.

Pese a que desde la victoria electoral de Bolsonaro los mercados brasileños se han recuperado, el gobierno está tratando de atraer más inversiones extranjeras. La reforma del programa de seguridad social del país —que incluye un aumento en la edad de retiro—, se ha considerado un aspecto importante de su plan para revitalizar la economía.

Sin embargo, las acusaciones de corrupción, aunque menores en comparación con el escándalo de sobornos de miles de millones de dólares que sacudió a los gobiernos anteriores, han debilitado la imagen del gobierno mientras se prepara para promover medidas poco populares en el Congreso, como aumentar la edad de retiro.

“Si la agenda económica es exitosa, esas heridas causadas por el problema de la corrupción serían menos relevantes”, dijo Gil Castello Branco, director de Contas Abertas, un organismo de transparencia en materia de corrupción política. “No obstante, Flávio está poniéndose en una posición difícil, a sí mismo y al gobierno”.

Él y otros analistas creen que el nuevo gobierno incursionará en el combate a la corrupción, aunque tan solo sea a través de la designación como ministro de Justicia de Sergio Moro, el juez que dirigió la investigación de sobornos que derrocó a varios personajes poderosos.

“Veremos avances en asuntos como el lavado de dinero, que está vinculado con el crimen organizado y la corrupción política”, dijo Galdino, de Transparência Brasil. Sin embargo, el caso en el que está involucrado Flávio Bolsonaro amenaza con tensar al gobierno, agregó.

“Sus hijos no tienen puestos formales en el gobierno, pero participan en las reuniones del gabinete, hablan en nombre del presidente en las redes sociales y ayudan a realizar nombramientos políticos”, explicó Galdino. “Si Bolsonaro no puede separarse de sus hijos afectará la credibilidad de su agenda para combatir la corrupción”.

Flávio Bolsonaro estuvo envuelto en un nuevo escándalo mientras su padre se preparaba para regresar de Davos. Los diarios revelaron la noticia, confirmada por la legislatura estatal de Río, de que había empleado a la madre y a la esposa de un expolicía que ahora está acusado de dirigir un grupo paramilitar. No obstante, dijo que Queiroz, su asistente, era el encargado de las decisiones de contratación.

y

The New York Times

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