3 de December de 2021

“Lo primero que se pone en juego es el cuerpo-territorio de la mujer”

La toma del poder por parte de los talibanes en Afganistán puso en el centro del debate los derechos de las mujeres.

Durante el último régimen talibán, entre 1996 y 2001, las mujeres afganas no podían estudiar, trabajar ni salir de su casa sin un acompañante varón, entre muchas otras restricciones. Los castigos incluían golpizas, violaciones, secuestros y matrimonios forzados.

Uno de los argumentos esgrimidos por Estados Unidos para justificar la ocupación militar de Afganistán en 2001 fue, justamente, la necesidad de defender los derechos de las mujeres. Durante los últimos 20 años, distintos programas internacionales impulsaron el acceso a la educación y a la salud de las afganas, aunque de forma desigual en todo el país.

Amnistía Internacional estima que actualmente hay 3,3 millones de niñas afganas que reciben educación, y un 87% de la población pudo acceder a centros de salud ubicados a menos de dos horas de sus hogares. Esta situación se ve amenazada por el nuevo régimen. Las feministas afganas desconfían de la promesa de los talibanes de que respetarán los derechos de las mujeres “dentro de los valores islámicos”.

Activistas en alerta

Mary Aramio, militante de derechos humanos y Directora Ejecutiva de la Red de Mujeres Afganas, afirmó que la manera en que los responsables políticos de la ocupación estadounidense han abandonado Afganistán es “una vergüenza”. En una entrevista con ABC Radio National de Australia, Akrami sostuvo: “Las mujeres de Afganistán no estamos listas para volver atrás, porque hemos peleado mucho y hemos llegado lejos. Realmente no queremos volver a esa oscuridad”.

También Amie Ferris-Rotman, activista y corresponsal en Kabul, responsabilizó al gobierno de Joe Biden en una nota para Vanity Fair. “Debajo de la superficie, ha habido signos de traición durante mucho tiempo”, dijo. “Como doble ciudadana estadounidense-británica, estoy llena de vergüenza: mis dos países tuvieron los mayores contingentes de tropas en los 20 años de guerra. A lo largo de este tiempo, estas naciones, junto con la comunidad internacional, fortalecieron a las mujeres afganas, diciéndoles continuamente que persiguieran sus sueños. Luego, en un acto de increíble crueldad, las abandonaron de la noche a la mañana”, denunció.

Probablemente la víctima más famosa de los talibanes sea Malala Yousafzai, quien sobrevivió a un intento de asesinato a los 15 años sólo por seguir yendo a la escuela. Hoy es una militante por la educación de las niñas y se convirtió en la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz.

“Las niñas y mujeres jóvenes afganas están una vez más donde yo he estado: desesperadas por la idea de que tal vez nunca más se les permita ver un aula o sostener un libro”, afirmó Malala al New York Times. Y agregó: “Algunos miembros de los talibanes dicen que no negarán a las mujeres y las niñas la educación o el derecho al trabajo. Pero dada la historia de los talibanes de reprimir violentamente los derechos de las mujeres, los temores de las mujeres afganas son reales. Ya estamos escuchando informes de estudiantes que han sido rechazadas de sus universidades, trabajadoras de sus oficinas”.

El cuerpo como territorio de disputa

“Desde los feminismos interseccionales, desde los feminismos postcoloniales, siempre decimos que en toda situación de colonialidad lo primero que se pone en juego es el cuerpo-territorio de la mujer”, sostuvo Belén Torchiaro, politóloga, musulmana y especialista en feminismo interseccional, durante una transmisión en vivo en Instagram a través de la cuenta @filocritica.

“Tampoco es que en estos 20 años las mujeres estaban gozando de una libertad absoluta y total”, dijo Torchiaro. Y explicó: “No podemos pensar la región, Medio Oriente, el mundo asiático, como en tomar decisiones en un fuego cruzado. Por ejemplo, decirle a las mujeres que decidan entre una invasión colonizadora y los talibanes. Es una ridiculez total el reduccionismo de un lado y del otro”.

Torchiaro siguió: “En esto, que es un conflicto bélico, armado, con todas las condiciones que trae una guerra, una invasión, con los abusos a los cuerpos, las primeras que están en ese campo de batalla siempre son y serán las mujeres, por sólo la condición de género”. Y concluyó: “Entonces yo pido por favor, encarecidamente, que nos reservemos un segundo para analizar qué es lo que dice, para mirar desde dónde se nos comunican las cosas. Porque la retórica salvacionista y liberadora es una retórica racializada”.

La misma posición sostuvo la politóloga y Doctora en Culturas Árabe y Hebrea Carolina Bracco durante una entrevista con Radio Nacional de Buenos Aires. “Cuando hablamos de sociedades musulmanas, pareciera ser que el estatus de la mujer depende pura y exclusivamente de la cultura y la religión, y nunca se presta atención a otro tipo de factores”, explicó.

“Y lo que dice el gobierno talibán”, añadió Bracco, “primero en los años 90, y ahora se presume que hará lo mismo, es simplemente empeorar una situación que ya es mala. Todas las partes están involucradas en hechos de violencia de género y violencia sexual que han ocurrido en estos últimos años en Afganistán”.

Bracco afirmó que existe una “fascinación morbosa que tienen los medios occidentales con las mujeres, y con esta lógica y esta retórica salvacionista siempre, como si las mujeres afganas no hubieran estado resistiendo a la ocupación y no hubieran resistido a los talibán anteriormente, y no lo estuvieran haciendo ahora mismo”. Y destacó que hay “manifestaciones de mujeres para conservar los derechos que les dio la Constitución en 2004 de una igualdad ante la ley”.

“Hay como un apresuramiento a una cuestión salvacionista”, opinó Bracco en relación a los feminismos latinoamericanos, “que salimos todas a firmar comunicados y cartas y a compartir imágenes, como si las mujeres afganas no tuvieran voz, no tuvieran agencia, no tuvieran movimientos feministas, no tuvieran organizaciones de mujeres. Hay que escucharlas y no seguir invisibilizándolas, porque si no estamos cometiendo el mismo error, incluso con las mejores intenciones”, concluyó.

“Encontraremos la manera de resistir”

La Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (conocida como RAWA por sus siglas en inglés) se fundó en Kabul en 1977. Es una organización política y social independiente que lucha por los derechos de las mujeres, la paz, la libertad y la democracia. RAWA difundió, a través del medio feminista argentino LATFEM, un mensaje para el feminismo latinoamericano y caribeño.

“Por favor, utilicen todos sus medios en este momento para exponer la verdadera naturaleza de los 20 años de guerra entre Estados Unidos y la OTAN bajo los engañosos títulos de derechos de la mujer y guerra contra el terror. Después de desperdiciar millones de dólares y miles de vidas, los misóginos y criminales talibanes están de regreso, más poderosos que nunca. Las mujeres afganas hemos aprendido mucho en los últimos 20 años y seguramente encontraremos la manera de resistir esta tiranía. Definitivamente la solidaridad y la ayuda internacional nos da mucha esperanza y fuerza. El más cálido saludo”.

Este mensaje de RAWA es una síntesis de lo que las mujeres afganas demandan del resto del mundo. En un ámbito de análisis complejo en una nación difícil de abordar, como Afganistán, hablar de los derechos de las mujeres desde un concepto reduccionista (elegir entre ser víctimas de una potencia invasora o de un régimen radical en su interpretación del Islam) es un primer gran escollo.

El anticolonialismo y el antimperialismo, como principio, imponen que no sean las potencias ocupantes las que determinen el presente y futuro de los pueblos. De la misma manera, las mujeres afganas nos exigen voces solidarias, inequívocas, de ayuda, denuncia internacional y atención. El talibán es una amenaza real para los derechos de las mujeres afganas y esto no implica adoptar el discurso occidental y salvacionista de Estados Unidos para justificar todas sus masacres. La historia y el presente nos enseñan que la potencia militar, tras el fracaso o el triunfo de sus invasiones, se retira y deja a los pueblos en el desamparo.

María Jagoe

América XXI