Libia: Otra temporada en el infierno, por Guadi Calvo

El jefe del Estado Mayor Conjunto de los EEUU, el general Joseph Dunford Jr.,

declaró que en Washington “estaban pensando en una acción militar decisiva” contra el Estado islámico (EI) en Libia, donde el grupo terrorista, según fuentes occidentales, cuenta aproximadamente con tres mil hombres, aunque se calcula que la cifra puede ser muy superior ya que sólo en la ciudad de Sirte cuenta con 1.500.

Sin precisar más datos, Dunford estimó que la nueva intervención norteamericana, junto al Reino Unido, Francia e Italia, podría iniciarse en cuestión de semanas.

La nueva ofensiva encontrará un país en plena debacle, plagado de bandas armadas que bien pueden darle cobertura a alguna organización política, como diferentes carteles de drogas, traficantes de personas, armas o sencillamente contrabandistas. En Libia escasea todo y todo puede ser vendido a precio de oro.

Si bien el general Dunford no especificó las características de la intervención, todo indica que Estados Unidos continuará con su decisión de no intervenir con tropa propia en el terreno, y tal lo está haciendo en Siria; optó por bombardear a Estado Islámico, al tiempo que podría recurrir a mercenarios entrenados por ellos mismos o a empresas privadas al estilo Blackwater. También tendrán que verse con la facción de al-Qaeda para el Magreb Islámico, que opera en Libia y Túnez incluso desde antes de la caída del coronel Muhammad Gadaffi en octubre de 2011, conocidos como Ansar al-Sharia (Seguidores de la ley coránica) antes de hacer el juramento de lealtad o bayat a al-Qaeda global.

Los planes militares de Estados Unidos sobre Libia todavía tendrán que esperar que el  Congreso dé el aval al pedido del presidente Barak Obama. La aprobación depende de la mayoría republicana que, inmersa en su interna electoral, pareciera no tener tiempo para “cuestiones menores”.

El Pentágono además tendrá que considerar que Libia cuenta con tres gobiernos, por llamarlos de alguna manera: uno con asiento en Trípoli, otro en Tobruk, y un tercero nombrado por Naciones Unidas que designó como Primer Ministro a Mohamad Fayez al-Serrajque, quién como medida precautoria estableció sede en Túnez.

Los tres “gobiernos” acaban de fracasar en un nuevo intento de conseguir algún tipo de unidad, por lo que Washington, si le interesaría darle algún viso de legalidad al nuevo atropello que planea, quizás deba acordar por lo menos con alguna de esas administraciones, aunque siempre ha tenido mayor ascendencia sobre la de Tobruk.

Washington sabe muy bien que detener la expansión de Estado Islámico en Libia sería clave para contener la extrema actividad de estos grupos en todo el Magreb y el Sahel.

Los recientes atentados en Bamako, la capital de Mali, y en Uagadugú, la capital de Burkina-Fasso, donde nunca antes se habían registrado un ataque de estas características, hablan claramente de la expansión del salafismo en la región. Los dos ataques fueron protagonizados por el mismo grupo afiliado a Estado Islámico, al-Muthalimin (los que firman con sangre), comandado por el veterano de la guerra afgana Mokhtar Belmokhtar, que además cuenta con una red terrorista que se extiende por Níger, Chad y Mauritania. Sin olvidar que prácticamente a tiro de piedra de esa región opera el letal Boko Haram (La educación occidental es pecado), el representante de Estado Islámico en Nigeria, comandado por el alucinado Abubakar Shekau, quien juró lealtad en marzo de 2015 a Abubakar al-Bagdadí, alías el  Califa Ibrahim, líder de Estado Islámico.

Hace pocos meses se había conocido un documento de circulación interna de Estado Islámico donde se instaba a sus combatientes a trasladarse a Libia (una manera elegante de escapar de la aviación rusa que opera en Siria) para reforzar a los “hermanos” en Libia. En el documento también se mencionaban las ventajas de afirmar su presencia en esa nación, mencionando: la cercanía de Libia con la costa sur de Europa poco más de 100 kilómetros, la larga franja que este país tiene sobre el Mediterráneo aproximadamente de 1700 kilómetros, cuenta además con amplias y descontroladas fronteras con Egipto, Sudán, Chad, Níger, Argelia y Túnez. El dictador de Sudán Omar al-Bashir, denunció que combatiente provenientes de Libia pretenden reactivar el conflicto de la región de Darfur.

Para Estado Islámico, Libia podría convertirse en una importante fuente de financiación, ya que por la anarquía imperante tras la guerra de la coalición occidental contra Gadaffi, se ha convertido en la ruta obligada de traficantes de armas, personas y drogas los que representaría una importante fuente de financiación y la posibilidad, no tan remota, como lo ha hecho en Irak y Siria, acaparan la producción de petróleo.

El sur también existe

Sin duda para Estado Islámico el sur también existe y para ello está ajustando las relaciones con Boko Haram, quizás la organización terrorista más desquiciada de todas las que se han conformado en torno a la idea del takfirismo.

Desde el secuestro de las más de 200 estudiantes en la localidad de Chibok, nordeste de Nigeria, en abril de 2014, hecho por el que la organización salafista saltó a la fama internacional aunque ya llevara años de actividades terroristas y 3.500 muertos en su país.

La banda de Abubakar Shekau no ha dejado de protagonizar hechos aberrantes como la masacre de Baga en enero de 2015 cuando con pocas horas de diferencias de los atentados en Paris contra el semanario Charlie Hebdo, ejecutó en ese pueblo a más de 2.000 personas en una sola noche.

Boko Haram no ha limitado su radio de acción a su país Nigeria, sino que ha protagonizado atentado en Camerún, Benín, Mali, Níger y Chad.

Su modus operandi más habitual es hacer estallar en mercados y terminales de buses hombres y mujeres con chalecos explosivos, en algunos de los casos operados a control remoto, por lo que se sospecha, en el caso de las mujeres, podrían ser algunas de las alumnas secuestradas en Chibok.

Tras algunas semanas de silencio Boko Haram, acaba de dar un nuevo golpe: este último sábado por la noche en el nordeste de Nigeria, a solo 5 kilómetros de la ciudad Maiduguri, capital del estado de Borno, en la localidad de Dalori, asesinó a unas 65 personas, aunque se estima que el recuento final superarían el centenar. Hombres de Boko Haram han quemado la aldea, impidiendo que tanto adultos como niños pudieran escapar de las llamas.

Según  un superviviente de la matanza, en el hecho que se extendió durante 4 horas, los terroristas lanzaron bombas incendiarias y ametrallaron a quienes intentaban escapar, repitiendo la misma metodología aplicada en Baga en enero del año pasado.

Es evidente que esta nueva pesadilla que viven importantes regiones de África es consecuencia directa de la intromisión de la OTAN, Naciones Unidas y los Estados Unidos en la coyuntura libia; para bien o para mal el coronel Gadaffi, era el único líder regional que capaz de contener las expresiones salafistas en el Magreb y el Sahel. Su ausencia es la que somete al continente a esta nueva temporada en el infierno, tan solo otra, antes que llegue la próxima.

Guadi Calvo

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