20 de septiembre de 2020

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La vuelta de Manu Ginóbili es la vuelta de todos

No los moviliza el romanticismo para estar vestidos con la camiseta de la selección argentina. Quizás hasta les resulte algo empalagoso tanto elogio. Pero lo comprenden y no reniegan de esto.

Sin embargo, lo que alimenta semejante pasión es algo más simple. No se trata de prestigio, eso les sobra. Tampoco de dinero, porque las carreras que realizaron los sustentan. Lo que hace que estos muchachos estén parados ahí en el centro del estadio de Tecnópolis es el amor por el deporte.

Algo tan terrenal como eso. Ginóbili, Scola, Nocioni y Delfino, en realidad, se lo debían y se lo merecen. Porque ellos se propusieron poner al básquetbol en el lugar más alto y lo lograron, aunque lo que ellos consiguieron excede a la pelota.

Se quedan con la admiración de todos porque enseñaron y porque todavía lo hacen. Pero también porque educaron y mantienen esa inquietud. Saben competir, pero también perder. Se visten de dorado porque para llegar hasta ese lugar también entendieron que no ganar es parte del aprendizaje. No están diciendo cómo deben hacerse las cosas, las hacen.

Se visten con la camiseta de la Argentina y les queda perfecto, porque ellos se encargaron de lucir así.

Son ejemplo y el trabajo se traduce en la herencia que ya está en las manos de Facundo Campazzo y Nicolás Laprovittola. Incluso, en chicos como Patricio Garino y Nicolás Brussino. Los más grandes, es decir la Generación Dorada -o lo que queda de ella-, lanzó al básquetbol argentino hacia las estrellas y no se conformó con ello. Porque cuando ellos advirtieron que lo que construyeron se estaba desmoronando, se involucraron y propusieron cambios.

Otros deportes no saben cómo desatar un nudo o simplemente no les interesa. Pero los Ginóbili, Scola o Nocioni no se quedan en esas cuestiones. Alguno puede pensar que existen intereses en la intervención sobre la Confederación y es posible, pero si eso le permite al deporte dar un salto de calidad y aporta profesionalismo, la empresa debe asumirse.

Es verdad que Scola y Nocioni son los que más lucharon en la selección en el último tiempo. Porque una lesión lo sacó a Manu del Mundial de España, mientras que Delfino estaba en plena pelea con su pie derecho. Pero lo que hicieron todos juntos es tan grande que el regreso de Ginóbili a la selección y este reencuentro con la gente, también es parte de una historia perfecta. Un escenario que se merecía el propio 20 de los Spurs y también estos integrantes de la Generación Dorada.

Es verdad que la mayoría del público se acercó a ver al bahiense. El brillo de sus cuatro anillos de la NBA es por demás convocante, pero su retorno con la camiseta número 5 de la Argentina respeta el legado de un estilo: «Si tengo que jugar un par de minutos y mirar desde afuera, no hay problemas. Hoy la selección depende de otros actores», dijo Manu en plena preparación.

Esta noche, en Tecnópolis se vivieron momentos que estuvieron muy por encima de la preparación del seleccionado para los Juegos Olímpicos. Y sin duda que el partido ante Australia resultó un detalle. La gente estaba ahí para admirarlos, a Manu a Scola, a Nocioni a Delfino… Y es lógico. Porque ellos ganaron demasiado, honraron el juego como nadie, pero fundamentalmente, lograron lo más complejo en el mundo del deporte: tener el respeto de todos.

Diego Morini

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