21 de enero de 2021

La secta “tú tienes la culpa”, por Jorge Otero

La secta “tú tienes la culpa”, por Jorge Otero

Atado a una cama, mientras miraba su muñeca girar sobre la cuerda que la anuda, repasaba cómo había llegado a esa situación. Entre tantas lagunas y recuerdos mezclados, elaboró un relato que sólo podía ser convincente en su mente.

Las personas no volverán a confiar en él, por eso decidieron dejarlo en ese aposento, con un trapo en la boca.

De niño fue consentido y caprichoso, no podía tolerar que las hojas secas cayeran en otoño cuando jugaba en el pasto. Pidió al jardinero que cortara todos los árboles del patio. Nada, nadie podía interponérsele.

Cuando algo molestaba, llevaba su mano al bolsillo donde siempre guardaba una estatuilla de hipocentauro, acariciaba sus abdominales, sus patas musculosas y pergeñaba un perverso plan para remediar esa molestia.Así fue alcanzando sus metas, por más que algunas no lo satisfacían pues le acarreaban responsabilidades de las cuales siempre procuró evadirse.

La inclinación hacia el ocultismo creció en paralelo con su ambición. Una cultivaba, la otra forjada. También forjó un imperio, bajo el aura de líder espiritual. Desplegó una incipiente secta que tomó dimensiones enormes, tras incorporar un conjunto de normas estrictas.

La primera, la fundamental, era liberarse de la culpa culpando a otro. Un grupo cada vez más numeroso. Los que al principio formaron parte de la organización aseguran que su líder conversaba con el Príncipe de la Oscuridad. En su básico francés de internado repetía de forma meditabunda J’ai vu le diable (he visto el diablo).

Esa historia se mezcló con prácticas hindúes muy efectistas, que generaron legiones de seguidores desparramados por todo el país. En cada templo hacía falta una persona que dijera “tú tienes la culpa, y si quieres liberarte de ella, únicamente basta con que te unas a mí para señalar a otros, sino vas a estar peor, mucho peor”-

Hasta que ya no quedó a quién culpar. Muy inteligente, logró convencer a sus propias legiones para que al instante asumieran la responsabilidad.Ese malcriado niño había conseguido que su pueblo cargara con la cruz, y se azotara como nunca antes.

Con los años esas pieles rasgadas se infectaron de tanto flagelo. Sangraron, supuraron y se pudrieron. Epidemias y pandemias asolaron a la población.

A pesar del tremendo olor a descomposición y a las enfermedades que asolaban la república, les pidió que se azotaran una vez más, pero lo ignoraron. Desquiciado, enojado, gritó ante las cámaras “Je viens de voir le diable (acabo de ver el diablo) y me hizo entender que están mal por vuestra propia culpa, y que ahora van a estar mucho peor.”

Al bajar de la tarima, fue confinado por sus seguidores a la cama, atado, amordazado groseramente.

Ayer, decidieron darle de beber un poco de agua, ni bien quiso hablar rápidamente volvieron a ponerle el trapo en la boca con una cinta que le rodeaba la cabeza.

Así que volvió a repasar cómo había llegado a ese lugar…

Jorge Otero

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