29 de septiembre de 2020

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La rebelión de los estudiantes secundarios paraguayos, por Adolfo Gimenez

El día martes 3 de mayo se desató la movilización más grande de estudiantes secundarios de toda la historia del Paraguay, de una manera espontánea y sorprendente. Todo comenzó con una pequeña revuelta en el Colegio República Argentina de la capital, un antiguo colegio que ocupa un edificio de principios del siglo XX, más parecido a una vieja casona abandonada a punto de caerse que a un centro de enseñanza.

 

Un grupo de estudiantes ocupó el colegio haciendo varias reivindicaciones, unas de ellas, que renuncie la ministra de Educación Martha Lafuente (1).

La respuesta de las autoridades Educación, la policía y la fiscalía fue sorprendente. Fuerzas antimotines rodearon el edificio y rompieron la puerta principal para ingresar al local. El fiscal hizo amenazas de que podría imputar a los estudiantes, pero en pocos minutos el escándalo se había extendido a todo el país por la transmisión en directo de algunos medios.

El fiscal se retiró del local al igual que la policía antimotines que fue reemplazada por el cuerpo de Policía femenino, pero la reculada de la “política oficial” ya no tuvo el efecto deseado de aliviar la tensión. Al día siguiente los estudiantes de los colegios más importantes de todo el país se adhirieron a los del República Argentina, el país amaneció sin clases con colegios ocupados, manifestaciones callejeras y las llamadas “sentatas” en el interior de los locales escolares.

La mayoría de los docentes y muchas organizaciones de padres de los escolares se adhirieron a la protesta generando una crisis que no se había visto antes pero que tiene una directa relación con la situación de la educación media y universitaria en Paraguay.

Cada año se derrumban peligrosamente aulas y edificios por viejos o mala calidad de la construcción, dejando a niños y adolescentes heridos. Hay permanentes denuncias de corrupción en la merienda y el almuerzo escolar, hay escuelas en el interior que siguen dando clases bajo árboles, los fondos destinados a infraestructura  se mal utilizan y el presupuesto de Educación solo alcanza el 3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

El bajo nivel de la educación ya casi no puede medirse. El Ministerio de Educación hizo una encuesta años atrás que determinó que el 60 por ciento de los estudiantes preuniversitario y universitario son analfabetos funcionales, los niveles de escritura, compresión e interpretación de lectura son aterradores, lo mismo ocurre con otras materias.

En Paraguay estalló una olla que estaba sostenida bajo presión, pero que el Estado y la sociedad civil no cuentan  con las herramientas necesarias y urgentes para comenzar a solucionar el problema, todo llevará mucho tiempo (si es que se encaran bien los trabajos). Hay graves problemas en las reformas que se aplicaron en las últimas décadas, problemas de las organizaciones de docentes  y la burocracia estatal, además de una corrupción profunda y de clientelismo político partidario.

Gran parte del sistema educativo se ha mercantilizado, con proliferación de institutos privados de dudoso nivel.

Hace dos semanas acabó la movilización de campesinas y cooperativas más grande de los últimos tiempos. El año pasado los estudiantes universitarios ocuparon la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y lograron la destitución del rector Froilán Peralta, varios decanos y funcionarios que fueron llevados a la Justicia por denuncias de corrupción y nepotismo. Esta movilización duró casi un mes.

Ahora la rebelión de los secundarios  logró en dos días la renuncia de la ministra Lafuente, pero la situación todavía no está controlada. Todo indica que en Paraguay comenzó un nuevo periodo marcado por reclamos de grandes grupos sociales que fueron relegados históricamente, pero que ahora se presentan al escenario de manera diferente, con más fuerza y participación de masas.

El aparato estatal respondió siempre dando privilegios a un determinado sector y relegando a otros. El interrogante es cómo se resolverá esta brecha, esta nueva forma de participación que cuestiona profundamente la función del Estado y a las instituciones políticas.

Adolfo Giménez

NODAL

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