1 de octubre de 2020

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La pesada herencia, por Silvia Torres

¡Cuatro años!, por Silvia Torres

Al inaugurar un esperado nuevo período de sesiones ordinarias en el Congreso nacional, el presidente Mauricio Macri usó la mitad de su tiempo para referirse

a la “pesada herencia” recibida por su gobierno. Los olvidos.

Al inaugurar el 140º período ordinario de sesiones del Parlamento nacional –esperado como nunca en virtud de que Mauricio Macri fue el único presidente, desde 1983, que no convocó a extraordinarias, luego de asumir-, pronunció un discurso de menos de una hora de duración, mediante el cual se explayó en describir “la pesada herencia” recibida. Una definición que lo pone en línea con el concepto varias veces vertido por la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, de que no dejaba “un país cómodo para cierta dirigencia”.

Indudablemente, Macri es parte de esa dirigencia que no solo no se siente cómodo con la Argentina construida por el kirchnerismo, sino que está dispuesto a destruir lo hecho en el menor tiempo posible, para cumplir sus compromisos con las grandes corporaciones nacionales y extranjeras, con los sectores financieros más duros del mundo, comúnmente denominados como fondos buitres y satisfacer sus propias apetencias de clase.

En ese proceso, el macrismo no tiene empacho en despedir a miles de agentes de las reparticiones del Estado y no porque sean “ñoquis” precisamente, ya que entre sus filas tiene a personajes que encabezan los récords de ausencia a sus lugares de trabajo, empezando por el propio Macri –un adicto a las vacaciones-, seguido por la vice presidenta Michetti que, en sus épocas de senadora, apenas asistió a 11 de 57 sesiones, como ejemplos paradigmáticos de la razón de la sinrazón.

Con cada vez un mayor número de ciudadanos aterrados ante el riesgo de perder sus puestos de trabajo, con el aumento diario de los precios de la canasta básica y tarifazos que complican la economía familiar, es poco probable que muchos hayan aceptado que la causa de estos desastres sea el gobierno anterior, cuando se vivía en una frágil pero constante tranquilidad, cuando las palabras gubernamentales se ratificaban en hechos reales y concretos, visibles para la mayoría de los argentinos. Cuando ningún hombre o mujer que tenía un trabajo, desesperaba con que al día siguiente podía perderlo; o porque de un día para otro, su factura de la luz le iba a comer 30 o 40 % de sus ingresos; o que los alimentos y artículos más demandados por las familias, podían cambiar de precios todas las semanas… ¡Esto era impensado en la era kirchnerista y se tornó en una pesadilla cotidiana en la era macrista!

Los estudiantes sabían que tendrían sus netbooks, sus becas y la AUH en tiempo y forma; que no habría nuevos trabajadores y, mucho menos, jubilados, aportando Ganancias; que si no era en éste, en el próximo sorteo seguro, se obtendría el Procrear; que las vacaciones y los viajecitos de cada finde largo , eran el merecido descanso y el disfrute con la familia; que el usado en muy buen estado, estaba al alcance de la mano con un poquito de esfuerzo; que había aumento de precios, sí, pero también había paritarias y allí se recuperaba el salario y siempre se ganaban algunos puntitos más; que las industrias, los comercios, los servicios pedían trabajadores, entonces era auspicioso terminar los estudios, capacitarse; que la obra pública era un lugar de trabajo sacrificado, pero muy rendidor para salir de la mala; que se podía regresar a la Patria, porque la ciencia y la tecnología volvían a ser una razón de Estado; que los Kirchner explicaban con sencillez y precisión cada una de las situaciones que vivía el país y cómo se iban a encarar las soluciones; que Argentina lograba en el mundo negocios favorables para sus intereses, que se compraban aviones a crédito, trenes a crédito y que vendía alimentos para 400 millones de personas, productos químicos, agroquímicos, farmacéuticos y nucleares y también lograba poner dos satélites en órbita, entre otros innumerables logros en materia científica destinados a mejorar la calidad de vida de los argentinos y de todos los hombres y mujeres del mundo.

Es lo que Macri no dijo de la “pesada herencia”. Por eso tal vez, por la manipulación de la realidad, por sus propuestas mágicas y las de sus funcionarios que contradicen los más elementales principios de la economía, el desarrollo, el crecimiento, la “pobreza cero” o “la revolución de la alegría” es que escaso número de personas se hizo presente en el trayecto y frente al Congreso.

“Creo que es un Gobierno que tiene mucho aire en los medios, pero cada vez tiene menos aire en las calles», dijo el diputado nacional Máximo Kirchner, en tanto Cristina Brítez, diputada nacional misionera, colocó en su banca un cartel con la leyenda: Libre importación = Desocupación en Misiones, para llamar la atención sobre los efectos devastadores que la decisión macrista provoca en la industria forestal local: Corren el riesgo de desaparecer 4.500 puestos de trabajo.

Silvia Torres

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