12 de julio de 2020

La pandemia de la soledad, por Álvaro Santana-Acuña

La pandemia de la soledad, por Álvaro Santana-Acuña

Miles de personas alrededor del mundo han descubierto durante la crisis del coronavirus que la peste del olvido que castigó a Macondo, el pueblo ficcional de Gabriel García Márquez, es también el relato presente de nuestras vidas.

La peste llegó al pueblo cuando una niña enferma se mudó a casa de unos parientes. Días después, su mal había contagiado a la familia y luego infectó a toda la población. Comenzó entonces una dura cuarentena que transformó el estado de emergencia en cosa natural. El pueblo solo se curó cuando un visitante llamado Melquíades trajo un remedio contra la enfermedad.

Esta es, en resumen, la historia de la peste del insomnio que enfermó a los habitantes de Macondo, el pueblo protagonista de Cien años de soledad, la novela clásica de Gabriel García Márquez. Como miles de personas alrededor del mundo han descubierto durante la pandemia de la COVID-19, la historia de la peste de Macondo es también el relato presente de nuestras vidas.

En estos tiempos, cuando parece que vivimos en un Macondo global, muchos lectores acuden a Cien años de soledad como si fuese un libro de profecías para comprender el mundo en el que vivimos y sobre todo en el que viviremos tras la pandemia.

Rodrigo García, hijo del escritor, contó en una carta a su padre que no pasa un solo día sin cruzarse con una referencia a la peste del insomnio o alguna de sus variantes. Como toda obra clásica, esta novela tiene un poder camaleónico para resonar entre sus lectores en toda clase de circunstancias.

El confinamiento físico es también para millones una cuarentena emocional. Un doble encierro que a muchos nos ha arrojado a esa soledad que aquejaba a los habitantes de Macondo.

De ahí que las lecciones de la peste del insomnio estén no solo en lo que se nos cuenta, sino además en cómo García Márquez pudo lograr contárnoslo desde la soledad que vivió mientras escribía la novela. Ni en los momentos más fatales de la peste, los habitantes de Macondo se quedaron solos. Se reunían. Se contaban historias. Se hacían compañía. Ayudaban a su comunidad.

El cortometraje La peste del insomnio de Leonardo Aranguibel, creado durante cincuenta días de encierro, es un hermoso homenaje a la novela y además una prueba poderosa de que en tiempos de pandemia, mientras esperamos a que el Melquíades de nuestros tiempos descubra el remedio contra la enfermedad, la primera cura es la esperanza.

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