22 de septiembre de 2020

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La Nación y el gasto desmesurado en formación ideológica, por Adrián Dubinsky

La Nación y el gasto desmesurado en formación ideológica, por Adrián Dubinsky

«Lo que queda claro, es que en el intento de deskirchnerización odiosa que quieren implementar, van a ir en contra de las universidades públicas, de todas aquellas que quieren estigmatizar

como usinas doctrinarias del kirchnerismo y que no son más que altas casas de estudio que estimulan la conciencia crítica, la libertad de pensamiento, la problematización de la realidad y, en el caso del IunMa, una alta exigencia por parte de una plantilla docente calificada y una clara intención de formar profesionales con actitud solidaria, sólida desde lo intelectual y amplia en cuanto a las lecturas efectuadas, firme en cuanto a convicciones pero sin dogmatismos, y, por supuesto, calificados para desarmar burdas tretas de los medios concentrados de comunicación».

Días atrás, el centenario y elitista diario dirigido, curiosamente, por un sujeto con el mismo nombre y apellido que quien lo fundó el 4 de enero de 1870, publicó un editorial cuyo único objetivo es sentar las bases ideológicas mediatizadas para la avanzada contra la educación pública, y más específicamente con la universitaria. Su fundador, don Bartolo, hacía dos años que había dejado de dejar la banda presidencial en manos del “loco” Sarmiento y parecía haber comprendido bien el poder de los medios de comunicación.

Para evaluar correctamente el marco que funge de sostén a la nota, debemos conocer un poco acerca de esta institución de la información. Si uno consultase Wikipedia, acaso la más ramplona y sencilla enciclopedia virtual, podría leer en la entrada dedicada al diario, al referirse a su orientación política (sí, lamento decirles que los diarios tienen orientación política), que “El diario La Nación, de tendencia tradicionalmente liberal y conservadora, ha sido históricamente vía de expresión de sectores afines a la Iglesia Católica, a las Fuerzas Armadas de Argentina y a los grandes productores agropecuarios del país”.

Sabido es que el diario La Nación se hizo, junto al diario Clarín, de las acciones de Papel Prensa en una mesa de tortura. Según la doctora Vitale, desde 1930 a la actualidad, el matutino apoyó todos los golpes de Estado. Este diario tan riguroso a la hora de poner la lupa sobre las cuentas públicas le debe al Estado nacional –a todas y todos los argentinos- más de 280 millones de pesos en impuestos.

Pero no es mi intención ni mi tarea denunciar al longevo medio, sino poner al descubierto su doble moral, su cinismo y su clara intención de consolidar un pensamiento hegemónico que trasciende la mera noticia, los datos supuestamente fidedignos y duros. Detrás de la noticia hay un intento de dejar en claro que la universidad pública no sirve para nada, y que mejor sería destinar esos fondos a tapar el déficit fiscal o pagar lo que se debe a los voraces acreedores amparados por Griesa.

En un contexto en el cual se amenaza con hiperinflación y ajuste para presionar sobre la aprobación del pago a los holdouts –aunque me gusta más la denominación popular de fondos buitres- y poner de rodillas al país. En un momento en que se quiere iniciar el tercer ciclo de endeudamiento serial de la Argentina es lógico que quieran desprestigiar a la inversión en educación, a la formación de cuadros técnicos y políticos que puedan cuestionar su obscena puesta en escena. Pero, una vez caracterizado el emisor de tal aparente verdad, vayamos sin más a la nota que nos ocupa.

El editorial, titulado “Desproporciones educativas del legado kirchnerista” incurre en la mentira, en la falsedad y en la falacia para sostener una idea que permea todo el artículo, y que puede confundir e influenciar al lector ambicioso que cree que por leer el diario de la oligarquía puede transferírsele la alcurnia de sus fundadores.

La bajada de la nota –esas palabritas que obran como una suerte de subtítulo y que en realidad es lo que queda grabado en el repetidor de turno- dice: “Producto del perverso manejo político e ideológico del gobierno anterior, el gasto público universitario ha sido escandalosamente administrado”. Y aquí lo que nos quiere decir es que para qué gastar tanto en una universidad que solo se ocupa de cimentar la ideología de los kakas. Pero analicemos los datos que nos brinda el diario.

Para el periódico, la ley que aprobó la creación del IunMA (Instituto Universitario en Derechos Humanos Madres de Plaza de Mayo) fue solo para salvar la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. Y aquí se da la primera malversación de fundamentos.

Si existe una universidad popular, llevada adelante con hidalguía y solvencia académica, si en ella estudian –según el propio diario- 1800 estudiantes, y producto de un defalco, de una estafa, la misma queda en una situación económica comprometida, y si a la vez el gobierno nacional apoya la educación pública de verdad, y no solo de manera declamatoria, por qué no estatizar una universidad de alta calidad educativa, en funcionamiento académico y con una orientación única que jerarquiza y otorga a quienes allí estudian un horizonte de estudio tan necesario en un país como el nuestro, que vivió una de las tragedias sociales más grandes que pueda atravesar una comunidad, el genocidio.

No se salva una Universidad Popular en quiebra, se funda un Instituto Universitario sobre las bases que construyeron unas mujeres a las que siempre les importó más el otro que ellas mismas.

El segundo cuestionamiento que efectúa es al carácter único de la Institución, ya que la misma se encuentra bajo la órbita del Ministerio de Justicia y no bajo la del Ministerio de Educación. La ortodoxia del jornal no le permite reconocer que también existe una Universidad dependiente del Ministerio de Defensa, y que más allá de que no es la única excepción y sin negarme a discutir su traspaso a la órbita de otro ministerio –el de educación, como sugiere el diario-, su correspondencia tiene que ver con el carácter específico de la casa de estudios, orientada en sus cuatro carreras al fortalecimiento de la defensa de los DD. HH. Depender de un Ministerio que no es el de educación no es ni bueno ni malo en sí mismo, pero el tono de la nota dota a dicha pertenencia de una orla negativa que también va rodeando al lector pasivo.

Sin embargo, más allá de cualquier apreciación sobre el hecho de que la Universidad se halle ligado al Ministerio de Justicia, nada dice el libelo cotidiano sobre el accionar del actual gobierno (macrista) que no solo reafirmó la dependencia a un ministerio que no sea el de educación, sino que traslado su dependencia por decreto a la Secretaría de DD. HH.

Para denigrar a la universidad, el diario apela a la primera mentira que tiene a mano y que suele ser muy efectiva. La mentira guarda en sí misma una pregunta retórica: ¿Por qué tenemos que hacernos cargos los argentinos de una deuda de un ente privado? (Y por supuesto que no diferencian entre una ONG como la de Laura Alonso que recibe 100000 dólares de la American Task Force comandada por el jefe de los buitres Paul Singer de un organismo de Derechos Humanos).

La mentira es que la Universidad de la Madres tenía un “pasivo de más de 200 millones de pesos del que terminamos haciéndonos cargo todos los argentinos”. Cuando se aprobó la ley el senador Aguilar, del Chaco, decía al mismo diario: “En ningún momento se habla de transferencia de obligaciones del instituto, por lo que no se absorben los pasivos de la universidad”. A la vez, acusó a la oposición de realizar “el típico ejercicio de denunciar sin fundamentos” para “denigrar este proyecto y a las Madres de Plaza de Mayo”.

La segunda operación de formación de ideología la aportan datos duros de comparación entre dos universidades con características bien diferentes. Los datos, como no podía ser de otra manera, son de carácter monetario. Más allá del error de brindar datos sin desagregarlos, con lo cual se mete en una misma bolsa gastos de creación de infraestructura y de carácter fundacional que no son trasladables a un gasto de carácter ordinario y perpetuo, se sostiene una mirada economicista en la que los números apuntan a regir el deber ser del humano, en el que la prestación y las utilidades que puede brindar una inversión avanzan por sobre la inclusión y la necesidad de invertir en la formación de nuestro pueblo más allá del rendimiento cuantificable de ese dinero.

El “hacedor de doctrina”, como ya hemos dicho, afirma sin desagregar el gasto, dice muy suelto de lengua que la educación de cada uno de la/os estudiantes le cuesta al Estado 54.606 pesos, muy por encima de la UBA, cuyo costo es de 21.722 pesos. Pero tratemos de profundizar un poco el tema. Una investigación del diario Perfil que daba el ranking 2007 de costos de casi 40 casas de estudio nacionales, establecía que en el costo educativo de cada alumno, si se estudiaba provincia por provincia y universidad por universidad, había “diferencias superiores a 300%, según la provincia. Y en la misma nota advertía sobre el “llamativo bajo número de la UBA”.

En esa nota, decía que estudiar en la UBA costaba $186,58 mensuales (59 dólares en aquel momento). Allí mismo la comparaban con la Universidad de Chilecito que costaba $791,84 (cuatro veces más que la UBA). En la actualidad según La Nación: cuesta $21.722 anual; es decir $1810 mensuales (116 dólares y centavos al cambio de hoy) y el IunMa costaría, según el diario y con las salvedades mencionadas $54406 anuales (4550 mensuales).

Las asimetrías tienen su explicación y el presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), en aquel momento Sergio Maluendres, explicaba que más allá de que el presupuesto de la universidad pública es bajo “comparado con el de la privada” había otros factores que respondía a la dispersión: “Hay una cuestión que refiere a las estructuras y que es similar en todas las universidades. Por ejemplo, se asignan como mínimo 10 autoridades superiores por cada una, entonces, en Chilecito esa asignación puede implicar 10% del presupuesto, en cambio, en la UBA, puede implicar 1%”, dijo.

Otra cuestión importante es la cantidad de docentes por alumno. “En la UBA hay un docente para más alumnos que en Chilecito, se trata de dos realidades sociodemográficas diferentes”. Y también se encargó de explicar que “es más caro sostener una universidad donde hay menos gente. Pero es estratégico que las haya, por múltiples factores. De no haberlas, la educación pública no llegaría a todos y se seguiría concentrando población en los grandes centros urbanos donde están las grandes casas de estudio”. En el caso de la UBA, debe agregarse además la gran cantidad de personal que se desempeña de manera no rentada–serían alrededor de 20 mil, según la UBA y 12 mil según el Ministerio de Educación-.

Además, “en otras universidades del país, en cambio, ocurre que docentes deben viajar desde los grandes centros para poder dictar ciertas asignaturas”, contaba en aquel momento Maluendres, que parece saber un poquito más de universidades que La Nazión. Y finalizaba diciendo que “son muchos los efectos para analizar en relación a la dispersión en cuanto al presupuesto por alumno. Por ejemplo, se da que la Universidad de Chilecito es nueva, está en crecimiento y no han llegado a su techo de alumnos para nada y puede decirse que la dispersión en relación a otras universidades nacionales va a reducirse considerablemente en el futuro”.

Vamos a la tercera mentira (o cuarta, ya me voy perdiendo de tanta maraña falaz). El pasquín dice, como si fuera un insulto gritado a la cara, que solo el 30% de los alumnos se gradúan. El mismo diario, en una nota del 24 de febrero de 2011 decía que “menos del 10 por ciento de los que se inscriben sale de la universidad después de siete u ocho años con un título debajo del brazo”. Por supuesto, sin poder dejar de caer en la tentación de compararse con Brasil, decía que “en las universidades brasileñas por cada graduado hay seis estudiantes, en la Argentina a cada nuevo profesional le corresponden 20 que están en camino de serlo”. No obstante, aclara más abajo y sin que parezca mediar conexión entre los datos que “la tasa bruta de matriculación en estudios superiores de jóvenes de entre 18 y 24 años alcanza en nuestro país al 60%, mientras que el promedio del continente es de menos del 30%”. 

Como vemos, si bien es necesario que se gradúen más estudiantes, también es cierto que debido a la gran cantidad de casas de estudio que se abrieron son muchos más los jóvenes que se anotan para estudiar. Si tenemos en cuenta el nivel de graduación de otras universidades no parece ser un mla indicador el que le achaca al IunMa el tabloide mefistofélico. En la misma nota que citábamos, de 2011, decía que en “la Universidad Nacional de Salta se graduaron en 2008 apenas 4,9 de cada 100 estudiantes que ingresaron cinco años antes; en Jujuy, 5,6; en la Universidad Nacional del Comahue, 5,8 y en la de La Rioja, 7,1” y que “el valor más alto en graduación entre las universidades públicas le corresponde a Córdoba, con 40 graduados cada 100 ingresantes”.

Por otro lado, si tenemos en cuenta la cantidad de años que existe la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo –se fundó El 6 de abril del año 2000- tampoco han sido tan baja la tasa de graduados, ya que los que ingresaron a estudiar una carrera pautada para cinco años (todo aquel que estudia, sabe que si se estudia y trabaja la carrera suele alargarse) aún está estudiando, con lo cual la tasa de graduados por cada cien ingresantes, se estima que seguirá subiendo.

Además, por si lo anterior fuera poco, hay dos carreras cuyo inicio es posterior: Derecho y el Profesorado de Historia, con lo que la cantidad de estudiantes que se irán recibiendo por camada irá en aumento, ya que el porcentual disminuye si evaluamos el número de graduados desde el inicio de la Universidad Popular y no desde que existen esas carreras.

Lo que queda claro, es que en el intento de deskirchnerización odiosa que quieren implementar, van a ir en contra de las universidades públicas, de todas aquellas que quieren estigmatizar como usinas doctrinarias del kirchnerismo y que no son más que altas casas de estudio que estimulan la conciencia crítica, la libertad de pensamiento, la problematización de la realidad y, en el caso del IunMa, una alta exigencia por parte de una plantilla docente calificada y una clara intención de formar profesionales con actitud solidaria, sólida desde lo intelectual y amplia en cuanto a las lecturas efectuadas, firme en cuanto a convicciones pero sin dogmatismos, y, por supuesto, calificados para desarmar burdas tretas de los medios concentrados de comunicación.

No le conviene al diario de los Mitre que haya ciudadanas y ciudadanos que piensen, y quieren dar a entender por medio de falacias y mentiras procaces que es mejor que no existan universidades que “no sirven”, desconociendo el inmenso crecimiento que ha tenido la Argentina en materia de educación superior en los últimos doce años.

Y ya sobre el final, haciendo gala de dar una sugerencia con olor a orden, dice que “el actual gobierno ha prometido un sinceramiento y reordenamiento del gasto presupuestario en orden a transparentar y optimizar la gestión. He aquí un caso que no puede faltar en ese análisis”. Queda claro quién es el jefe, queda pendiente que todos aquellos que leen los diarios sepan y puedan discriminar los intereses que encubren mediante la tan declamada Libertad de prensa y que en la mayoría de los casos, va en contra de sus propios intereses.

Adrián Dubinsky

Agencia Paco Urondo

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