27 de septiembre de 2020

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La madrugada en que el brujerío se desayunó un p… , por Jorge H. Otero

La madrugada en que el brujerío se desayunó un p… , por Jorge H. Otero

Big Data: gran conjunto de datos. Su procesamiento masivo y no convencional permite respaldar decisiones estratégicas (Fuente: El arte de facilitar).

Cómo hacer creíble algo si afirmo que las brujas y los brujos existen. Y que encima se desayunan a quienes les causan pesares. Pareciera haber dicho todo, sin embargo los pormenores del tremendo infortunio hacen pasar el rato.

No fue por culpa del devorado. Bueno, en parte, sí. Pasó que los Chicos del Big Data forzaron alguna información y salieron con que hay que captar nuevos segmentos, como las tribus urbanas. Es que estimaban conocer los gustos, las emociones y los pensamientos de la sociedad.

Reclutaron a un joven, quien con gesto dubitativo expresó:
-¿Ustedes creen que voy a ser bien recibido por los brujos y las brujas?
-Tranquilo, te van a tratar de maravilla- contestó uno de ellos.

Le dieron la dirección del lugar, le pidieron que se aprenda unas líneas y le pasaron una síntesis del curso “templo de yoga a la orilla del mar”. Luego de aquellos reparos, se fue a la Hija del Dragón, un atractivo reducto que reúne una pluralidad de personajes fascinantes, o en principio fascinantes.

De entrada llegó recitando las líneas memorizadas. Fue recibido por Lady Tiniebla, quien a pesar de ser muy hábil en las artes oscuras, no tenía la poción “De cómo llegar a fin de mes.” Por eso le advirtió que tuviera cuidado con sus palabras, porque ni el hombre del tridente los podía ayudar con la crisis.

Además del grupo de las artes oscuras, se encontraban los de la magia blanca, los de la quimera, los cazadores de sueños, los formadores de tormentas y otros más. Ya sabemos de sus muchas diferencias, sin embargo aquella noche se pusieron de acuerdo por única vez.

A eso de las 00 hs., el valiente prometió desregular los gravámenes sobre los insumos básicos de sus pócimas, especialmente la tierra de cementerio, las escamas de serpientes y la baba de murciélago, porque “nadie puede crecer en un país así”… por supuesto que lo dijo frunciendo el ceño.

Al instante, el brujerío le contestó al unísono que no todos usan los mismos componentes, por ejemplo los de la magia blanca usan lágrimas de unicornios, y los de la quimera muérdago de paraíso.

El Dr. Perturbador, un hacedor de entuertos, advirtió el descontento general y mandó a prender el horno. Además susurró a su asistente que si lo ponen en un rato, para las 5 saldría a punto.

La charla siguió. Algunos brujos le recordaron que nunca se llegó a cumplir con la promesa de devolverles las retenciones si compraban una marca de calderos chilenos. El joven dirigente les contestó que si continuaban unidos iban a conseguirlo…

Entonces los de las artes blancas se alistaron para preparar la salsa y los cazadores de sueños para deshuesar y adobar, pues son hábiles cocinando a la luz de la luna. Culminaron los formadores de tormentas, con rayos que cortaron la luz de toda la cuadra. (Rugieron, bramaron, aullaron y rieron)

Un poco después, se abrió la puerta del lugar.

La gran mayoría salió frotándose la panza y satisfecha, excepto a los que les tocó la lengua y el corazón.

Jorge Otero

 

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