29 de septiembre de 2020

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La Leona se afila los dientes, por Gustavo Pecoraro

Hace unos días se comenzó a emitir La Leona, novela de ficción producida por El Árbol (sello con el que dos de sus protagonistas -Pablo Echarri y Martín Seefeld- se asociaron a Telefé Contenidos) en medio de un debate sobre si la producción de Echarri

-activo militante K- debía o no ocupar un espacio central en la TV luego del cambio de gestión gubernamental.

Sin embargo, pocos tuvieron en cuenta que Seefeld es íntimo amigo del presidente Macri o que éste último incluso se solidarizó con el elenco luego de los pedidos de boicot (desde su cuenta de Twitter escribió: “Suerte a Pablo Echarri y al equipo de #LaLeona en su estreno. No creo en boicots a ninguna expresión cultural. Unamos a la Argentina”).

La Leona está protagonizada por Nancy Duplá y el mencionado Echarri, con un reparto actoral de extensa trayectoria encabezado por Miguel Angel Solá, Patricia Palmer, Hugo Arana, Esther Goris y Susu Pecoraro. Las nuevas generaciones están representadas por Juan Gil Navarro, Dolores Fonzi, Peter Lanzani, Mónica Antonópulos, Ludovico Di Santo y Marco Antonio Caponi, entre otros.

La novela se estrenó en el mismo horario de prime time (22.15) que Los ricos no piden permiso otro de los habituales bodrios de Canal 13 y Adrián Suar, con el que pretenden contraatacar en la lucha por el rating. Su elenco está formado básicamente por la familia Pol-Ka, plagado de actores y actrices que provienen en su mayor parte de la televisión: Juan Dartés, Luciano Castro, Raúl Taibo, Agustina Cherri, Araceli González y Gonzalo Heredia. Latifundistas cool y paisanaje musculado completan esta imberbe trama con la que el chueco Suar realiza otro “aporte sustancial” a la cultura nacional.

Hasta acá una nueva pelea por el espacio comercialmente más redituable en la televisión argentina. Pero hay más tela para cortar.

Primero, porque La Leona ha suscitado todo tipo de debates (y posicionamientos) en las redes sociales y medios de comunicación, lo que de por sí la vuelve un producto diferente e interesante de analizar. Luego, por lo que en resumen debería importar: su calidad artística. Si bien este un punto totalmente subjetivo, en La Leona hay valores que sustentan una evaluación más que positiva. Finalmente, por abordar el problema del derecho al trabajo de las personas.

Si alguien que lee esta nota ha podido ver o participar de esos debates sabrá que sólo el haberlos provocado convierte a la novela de Telefé en un hecho político.

Existen páginas de Facebook que promueven el boicot a la novela (“un grupo de nabos”, como los definió Antonópulos) y otras que se llenaron de fans de la novela (confieso que me anote en una de estas), así como también hubo pronunciamientos de todo el espectro político.

En las dos semanas de emisión, todo el mundo ha opinado sobre la novela, empezando por las ya citadas declaraciones de Macri hasta llegar a una serie de notas en La Izquierda Diario, en las que Carina A. Brzozowski (que firma como integrante de la Agrupación Bordó Leo Norniella en Alimentación), eligió remarcar elementos como: “Hubo un despido, boicotearon una máquina, retrasaron el día de pago, pero a pesar de eso, ningún trabajador protestó, ningún delegado investigó el boicot ni organizó un plan de lucha para exigir el pago del aguinaldo” o “ya sé que es una ficción, ¿pero nos gusta ver actores interpretando delegados que no luchan, que no defienden a su base?”.

Ante semejante arsenal crítico, le recomendaría a Brzozowski que leyera el Manifiesto Surrealista de Bretón, Rivera y Trotsky y cotejara su nota con la consigna “Total licencia en el arte” que promovían estos tres señores.

Pero volviendo al tema central, mientras Pol-Ka sigue haciendo suspirar a las adolescentes con los mohines de Luciano Castro y compañía, Telefé eligió dar aire a una ficción que plantea polémicas en medio de otro enorme debate político -muy real por cierto- que recién empieza y que está lleno de despidos, sindicalismo, huelgas y reacomodamientos sociales y partidarios varios. No precisamente ficcionales.

¿La Leona es una visión del futuro? No soy vidente pero ofrezco un dato: la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, anticipó noches atrás en Minuto Uno por C5N que para marzo o abril llegará el conflicto social.

Otro dato: la novela se grabó en la fábrica recuperada de la firma Alcoyana donde los actores compartieron la filmación con trabajadores de la empresa, hoy cooperativa. Más allá de si los guionistas (Pablo Lago y Susana Cardozo) están tirando del hilo de Ariadna, La Leona ha inundado la televisión de una cotidianeidad fabril y barrial como hacía bastante no se veía.

Quizás tenga un poco del costumbrismo de El Rafa o de Rolando Rivas Taxista, quizás haya demasiados sifones y algunos estereotipos en la forma de hablar de algunos personajes, quizás hasta la caracterización que Duplá hace de María Leone haya robado un poco de la Sofía Loren de Dos mujeres… Lo que seguro lo que La Leona no tiene es el lugar común de los almibarados guiones de Pol-Ka (que suele quedarse con los derechos de los autores, práctica ilegal denunciada por Argentores y por el Consejo Profesional de Televisión).

Todo esto convierte a La Leona en una bocanada de aire fresco entre tanto reality pedorro donde desconocidos copan la pantalla por portación de apellido, escándalo pago o desmayo en puerta.

Estamos hablando de una novela donde la historia gira en torno al vaciamiento de una fábrica textil y la decisión de una mujer trabajadora de ponerse al frente de sus compañeros para defender sus derechos laborales.

Digo, ¿ustedes ven habitualmente esto en la televisión de la argentina? Yo no.

Ya podemos darle a La Leona una enhorabuena tanto desde el punto de vista del debate generado como de la calidad actoral. Reconozcámosla también como un espacio de generación de trabajo para un gran número de artistas y técnicos que -no olvidemos- son también trabajadores. En medio de una política de despidos masivos, no es un dato menor.

Van pocos capítulos pero los guionistas ya han anunciado que la cosa se pone dura en los próximos (en este sentido, quizás la intendenta Magario no esté tan errada). Veremos hasta donde puede apretar el abogado Franco Uribe (el personaje de Echarri) y cómo reaccionará María Leone.

Las masas son así. No serán indefectiblemente revolucionarias pero sí es seguro que siempre pelean por sus derechos.

Gustavo Pecoraro

Notas.org.ar

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