20 de septiembre de 2020

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La Independencia, por Silvia Torres

La Liga de los Pueblos Libres bajo el protectorado de José Gervasio Artigas celebró el Congreso de Oriente en junio de 1815, oportunidad en la que declaró la Independencia de la corona española.

La Legislatura de Misiones declaró al 2015 el Año de la Reivindicación del Prócer Misionero Andrés Guacurarí y Artigas, Defensor de los Pueblos Libres y el Gobierno nacional de Cristina Fernández de Kirchner lo decretó como Año del Bicentenario del Congreso de los Pueblos Libres.

          Si la historia la escriben los que ganan,
          eso quiere decir que hay otra historia,
          la verdadera historia,
          quien quiera oír que oiga.
                                                        Lito Nebbia

Algunas decisiones tomadas a nivel provincial por el gobierno de la Renovación y durante el gobierno kirchnerista que culminó en diciembre del 2015 dan cuenta de una voluntad de sacar a la luz hechos y protagonistas del pasado negadas por la “historia oficial”, porque éstas indefectiblemente estuvieron estrechamente ligados al interés superior del pueblo. Los versos de Lito Nebbia-escrita en los albores del proceso democrático-, intuían que luego de la aciaga noche de la dictadura genocida, las verdades debían aflorar para restañar las heridas y permitir desbrozar el camino por donde debía avanzar la democracia.

Mucho antes del reconocimiento nacional del Congreso de Oriente, o de los Pueblos Libres o del Arroyo de la China -en referencia este último nombre al lugar en donde tuvo lugar el mismo, la por entonces capital de Entre Ríos y actual Concepción del Uruguay, en junio de 1815-, Carlos Rovira, ex gobernador de Misiones y ejerciendo como diputado provincial la presidencia de la Legislatura, presentaba en el 2013 el proyecto para declarar a 2015 Año de la Reivindicación Histórica del Prócer Misionero Andrés Guacurarí y Artigas, Defensor de los Pueblos Libres, en homenaje a aquel episodio largamente silenciado por la relato liberal, cuya intención no era otra que ocultar en los pliegos de la historia la epopeya de los Pueblos Libres bajo el protectorado de José Gervasio Artigas, espacio político donde se ubicó Misiones con la conducción del indio guaraní Andresito, quien participó junto a su pueblo de las luchas por la Revolución de Mayo, la autonomía de los pueblos y el Federalismo, en una sostenida guerra contra el imperio portugués, el centralismo porteño y las aspiraciones paraguayas.

En aquel Congreso de 1815 -y en medio de constantes enfrentamientos de la Liga con el poder porteño y el asedio lusitano, cuyas actas lamentablemente desaparecieron luego de que las fuerzas artiguistas fueran arrasadas por las fuerzas portuguesas en Tacuarembó (1820)-, se declaró la Independencia del Río de la Plata con la presencia de diputados de las provincias del Litoral, de Córdoba y de la Banda Oriental, al que también fueron convocados los representantes de Misiones –siete en total, elegidos democráticamente en los Cabildos locales-, que, infelizmente, no llegaron a tiempo para tan importante evento.

La tónica de este espacio rioplatense era que defendía la autonomía de las provincias y proponía un régimen de organización federal que implicaba la distribución equitativa de los recursos fiscales, especialmente los provenientes del comercio exterior administrado, de tal manera de preservar las incipientes industrias que sostenían las economías regionales, empezando por garantizar las fuentes de trabajo y el desarrollo.

La Asamblea tuvo lugar el 29 de junio de 1815 y, aunque no se hallaron las actas, por comunicaciones posteriores de Artigas se conoce que allí se declaró la “independencia no solo de España sino de todo poder extranjero” bajo el “sistema republicano y federal” y como él mismo se ocupó de informar cuando, al año siguiente, fue invitada la Banda Oriental a enviar sus representantes al Congreso en Tucumán.

Es digno de destacarse que la elección de los representantes de los Pueblos Libres -o sea la Banda Oriental, las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Misiones y parte de Córdoba-, para participar en el Congreso de Arroyo de la China se llevó a cabo bajo pautas claras dadas en circulares firmadas por Artigas, en las que instruía que debía aplicarse el voto universal, sin distinción de clase ni condición ni raza, con explícitas recomendaciones de cómo debía realizarse la votación para impedir cualquier maniobra fraudulenta, de tal manera de que se garantice la “voluntad popular” y que los electos diputados debían recibir de inmediato sus “credenciales y poderes y se pongan con toda prontitud en camino”. ¡Muy diferente de las veleidades elitistas del unitarismo porteño y sus aliados provinciales, que depositaban en manos de las “clases decentes” la elección de los representantes un año después, con motivo del Congreso de Tucumán!

En un caso, se garantizaba la voluntad soberana de la mayoría del pueblo. En el otro, mantener los intereses y privilegios de los poderosos. De allí que no extraña que la Renovación, en Misiones y el Frente para la Victoria gobernando en la Nación, se hayan ocupado de recuperar los pedazos de la historia en los que se involucra el protagonismo popular a favor de sus propios intereses.

Andresito es prócer misionero y argentino y prototipo de los valores de justicia, libertad y dignidad para todos los hombres y mujeres, sin excepción. Y el Congreso de Oriente fue un hecho político de sustancial importancia y un antecedente ineludible al momento de restaurar los derechos del pueblo: Ahí no solo se declaró la Independencia tan anhelada por los pueblos americanos, sino que también se trató la política agraria, el comercio interprovincial y con el exterior.

Entre otras cosas, se decidió sobre la sanción de un reglamento para el fomento de la campaña, que se concretó en septiembre de aquel año, bajo el nombre de Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados, que constituye el primer ensayo sobre reforma agraria en América Latina, ya que comprendía la confiscación de latifundios en manos de “malos europeos y peores americanos”, en referencia con la voracidad por la propiedad de la tierra convirtiendo a miles de hectáreas en latifundios improductivos, frente al empobrecimiento de miles de ciudadanos.

Es la verdadera historia, esa que tiene como eje y centro el interés superior de las mayorías populares. Quien quiera oír, que oiga.

Silvia Torres

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