22 de abril de 2021

La hoja de ruta es la Doctrina, por Iciar Recalde

La política no se aprende, se comprende. No se enseña en academias comandadas por dirigencias que hace décadas gestionan el Estado y que, más allá de sus «buenas» intenciones, no estuvieron en condiciones de poner coto a la fragmentación y disolución de los valores espirituales y comunitarios en el cotidiano.

La realidad es más simple de lo que se enuncia y da la sensación que con la excusa de la “complejidad” de fenómenos tan graves y de consecuencias tan nefastas para la comunidad como el hambre, el colonialismo cultural, la violencia y el delito, ninguno va al hueso de las cosas: en las miles y miles de barriadas donde hoy se multiplica el descarte, el delito y el narcotráfico, alguna vez existieron las unidades básicas de organización popular donde se transmitían los valores solidarios y comunitarios y el compromiso por una causa colectiva y trascendente.

Esa verdad de a puños tan esencial y sencilla de que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza

Nadie señala que ya no hay mesa familiar, que los clubes de barrio están vacíos, que las escuelas son maquinarias de reproducción de la desigualdad, que no se siembra la idea de trascendencia ni de Patria en la cadena de generaciones donde pueda legitimarse un sentido de la vida independiente de las cosas materiales que ofrece el régimen y su cultura colonial, el hedonismo y el consumismo

Allí está cifrada la salida de la Argentina. La doctrina es hoja de ruta del porvenir

Iciar Recalde

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