5 de agosto de 2020

La gran pregunta, por Elvin Calcaño Ortiz

La trampa de los discursos anticorrupción, por Elvin Calcaño Ortiz

No vamos a salir «más fuertes» de esta crisis como dicen las frases de autoayuda que tanto abundan. La realidad es que saldremos más pobres y vulnerables. Los jóvenes tendremos que enfrentar un mundo de poquísimas certezas donde planificarnos a futuro será como un juego de azar debido a la precarización laboral e inestabilidad.

Los ricos dueños del mundo y de nuestros países ya aprovecharon la crisis para aumentar sus riquezas. Nos dirán a través de sus medios de (des)comunicación que debemos «unir voluntades» y luchar juntos por salir adelante. Sin embargo, la verdad es ellos aseguraron su presente y futuro fugando capitales a paraísos fiscales y proponiendo precarización laboral en medio de esta crisis.

Te repetirán lo contrario en sus medios para que sigas pensando como ellos quieren que pienses: como un ingenuo optimista que cree que todo está en cada uno y que si nos «juntamos todos» saldremos bien.

¿Juntarnos quiénes? Los intereses de ciertas minorías ricas sin corazón ni piedad que han aprovechado esta situación de muerte y enfermedad para hacer más dinero no son compatibles con los de nosotros las mayorías.

Con esa «gente» y sus portavoces ni a la esquina. El lugar que ocupan los actores sociales en el esquema de relaciones de poder de una sociedad determina su visión de mundo y priorizaciones. Los que piensan y actúan en función de sus intereses, y para quienes los demás sólo somos masa de trabajadores o clientes, no pueden estar del lago de las mayorías. Por definición es así.

Pregúntate sobre el rol de ciertas figuras de gobierno en tu país: de dónde vienen, qué visión de mundo tienen y qué intereses en el fondo representan. No caigas en la trampa de la autoayuda ni de las falsas promesas de la meritocracia.

No dejes que herederos millonarios te digan que debes sacrificarte cuando ellos nunca se han sacrificado. Es un insulto que te lo digan a ti, a quien esta crisis ha hecho más pobre y no sabes cuándo volverás a tener un trabajo estable con el cual al menos planificar lo inmediato.

¿Quiénes van a pagar la recuperación de esta crisis? Esa es la pregunta central. Porque opciones no hay muchas por más que los cantos de sirena de la tecnologización y sus nuevos sujetos alienados te digan que hablar de clases sociales y luchas políticas es «caduco» en el siglo XXI.

Las opciones son dos: o pagan los que más tienen o pagan las mayorías que siempre terminan pagando todo con su trabajo. Y recuerda: es poco probable que un rico que se asume como tal (importante notar este matiz) pueda pensar y ver las cosas fuera de sus privilegios y del sector social al que pertenece.

Muy difícil salvo que por convicción y hasta cierto pragmatismo decida irse contra los intereses estructurales y redes sociales que lo rodean y formaron. Hay casos donde ello ha ocurrido en algunos países; pero son muy pocos.

Creo que tras esta crisis será más importante que nunca volver a hablar de lo social y cómo ello determina lo que pensamos y hacemos.

Porque, repito, la gran pregunta será, ¿quiénes van a pagar la salida a esta crisis?

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