La economía se está recuperando o va rumbo al abismo

En estos días se difundieron informes oficiales que dan cuenta de un sostenido crecimiento del Producto Interno Bruto, de un abultado superávit del balance comercial, de un fuerte incremento de la producción industrial y de una persistente mejora del empleo registrado.

Pese a esta tendencia positiva, la situación sigue siendo crítica porque todavía la economía no se encuentra en niveles de 2015, se arrastra la crisis macrista y el crédito del FMI es una carga insoportable para el crecimiento.

Pasadas las tensiones políticas de la elección de medio término sin que se produzca el derrumbe del Gobierno, como esperaban algunos y empujaban otros, los focos principales se dirigen al frente económico, que exigen respuestas a dos interrogantes opuestos:

1. ¿La economía está caminando rumbo al precipicio y es inevitable la caída al abismo?

2. ¿La economía está teniendo una recuperación vigorosa luego de la debacle de la pandemia y tiene buenas perspectivas de continuar en un sostenido sendero de crecimiento?

Existe una tercera opción: la economía no caerá ni avanzará para quedarse en un espacio de estancamiento con persistente deterioro generalizado.

Este último escenario es el menos probable porque la intensidad de las pujas políticas y económicas que existen, además de la memoria histórica de mejores condiciones socioeconómicas como también de traumáticas crisis, derivaría en un desenlace para uno u otro lado e impediría continuar en un estado de lento retroceso relativo de la calidad de vida de la mayoría de la población.

Descartada esta posibilidad, el camino analítico se bifurca de tal forma que pareciera que fuesen dos países distintos. Una cuestión básica para no quedar atrapado en un torbellino de versiones, noticias y pronósticos es definir que la economía no es sólo una serie de cifras de variables macroeconómicas, sino que es un espacio de disputa de poder donde intervienen diferentes actores con intereses contrapuestos.

Cifras positivas

En estos días se difundieron informes oficiales que dan cuenta de un firme crecimiento del Producto Interno Bruto, de un abultado superávit del balance comercial, de un fuerte incremento de la producción industrial y de un avance del empleo registrado.

PIB: La economía ingresó en el tramo final del año en niveles de prepandemia. De acuerdo al Indec, en septiembre la producción de bienes y servicios marcó el tercer mes consecutivo que supera la actividad prepandemia. El PIB acumula una suba de 10,9 por ciento en los primeros diez meses del año y se proyecta un cierre 2021 en 10 por ciento, cifra similar a lo perdido en 2020.

Industria: En el acumulado de los primeros nueve meses del año, la recuperación de la producción manufacturera es de 6 por ciento contra el mismo período de 2019. Esta velocidad de recomposición se encuentra entre las más rápidas del mundo, por detrás de China y por encima de varias potencias.

Empleo: La producción industrial viene operando en el mayor registro desde mayo de 2018. Las estimaciones preliminares del Centro de Estudios para la Producción, del Ministerio de Desarrollo Productivo, arrojan que el sector volvió a crear en forma sostenida empleos formales: la suba respecto a diciembre de 2019 es +42.000 puestos (+3,7 por ciento).

Movilidad de las personas: En estos meses, la actividad económica ha sido impulsada particularmente por la suba de la movilidad, que ya supera los niveles previos a la pandemia. Por primera vez desde principios de marzo de 2020, la movilidad en zonas residenciales (que muestra cuánto las personas se quedan en sus hogares) volvió a niveles precovid.

Repunte de sectores postergados: El incremento de la circulación está impactando positivamente en forma directa en las actividades más castigadas por la pandemia: gastronomía, turismo, servicios recreativos y culturales, el transporte de pasajeros y ciertos segmentos del comercio minorista, particularmente el de indumentaria y calzado, con mayor presencia en centros de compras.

Balanza comercial: El intercambio comercial con el exterior anotó un superávit de 1601 millones de dólares en octubre, continuando con la tendencia que empezó en diciembre de 2020. En el acumulado de los primeros diez meses del año, el saldo positivo sumó 13.940 millones de dólares, el mayor desde 2011.

Cifras negativas

Pese a esta sustancial mejora macroeconómica, la situación sigue siendo crítica porque, si bien esas variables están en valores prepandemia, todavía la economía no se encuentra en niveles de 2015. O sea, le queda recuperar el terreno perdido durante el tercer ciclo neoliberal liderado por Mauricio Macri. Y el desafío de hacerlo es con la carga insoportable de la deuda y un programa económico auditado por el FMI.

El panorama laboral y social es frágil porque los estragos de la pandemia todavía no se han superado:

Los ingresos de los sectores populares siguen deprimidos, al ubicarse 20 por ciento de pérdida promedio en términos reales, caída concentrada fundamentalmente en el gobierno de la alianza macrista-radical y que en estos dos años del gobierno de Alberto Fernández no pudo recuperar y sólo consiguió evitar un retroceso mayor.

La pobreza por ingresos monetarios alcanza a 40,6 por ciento de la población y la indigencia, a 10,7 por ciento.

La fragmentación del mercado de trabajo se manifiesta en un importante grado de informalidad. El trabajo en su conjunto se está recomponiendo, pero todavía no ha regresado a la situación de 2019, cuando ya entonces era crítica.

Además, en el frente cambiario, que concentra la atención mediática, el Banco Central enfrenta un panorama complejo en el manejo del stock de reservas pese al saldo positivo del balance comercial y los menores pagos de deuda luego de la reestructuración de los bonos en manos de inversores privados locales y del exterior.

Se le suma que la deuda de 45 mil millones de dólares con el FMI tiene un doble impacto negativo: es un pasivo impagable en las actuales condiciones y, a la vez, arroja a la economía argentina a una permanente auditoría del Fondo. Además, como acreedor privilegiado, el FMI se posiciona como el vehículo de extorsión al Gobierno por parte del poder económico local y de los principales jugadores de las finanzas globales.

Para completar el cuadro crítico, la inflación se ha ubicado en un rango de variación mensual muy elevado, con una tasa anualizada de 50 por ciento a pesar del congelamiento de tarifas y combustible, mínimos ajustes del tipo de cambio oficial y escasa presión de costos por el lado de los salarios.

Un factor que ha sumado presión fue el aumento de los precios internacionales de las materias primas y de insumos difundidos (aluminio, acero, plásticos, entre otros), en un contexto externo inflacionario por cuellos de botella en la producción y problemas en la logística de transporte internacional.

Subsidio al turismo al exterior

En términos estructurales, más allá de las miradas opuestas acerca de las perspectivas inmediatas, la economía argentina se topa con el mismo muro que desde hace década la lleva a la colisión: la restricción externa, o sea la escasez relativa de divisas. En pocas palabras, no hay dólares para todos quienes los demandan.

Una prueba más de este impresionante condicionamiento de la estabilidad económica, que algunos minimizan y otros ignoran, es la última medida de protección de las reservas instrumentada por el Banco Central: la suspensión del subsidio de los viajes por turismo al exterior eliminando el pago en cuotas en pesos de pasajes en avión y de otros servicios (alojamiento, alquiler de autos, excursiones).

Ante tanta confusión deliberada e insólita ausencia de explicación oficial, resulta imprescindible aclarar la orientación de esta medida, que para un grupo social es antipática pero es necesaria para el conjunto, precisamente, por la mencionada escasez de divisas, dólares urgentes para financiar importaciones vinculadas al ciclo productivo.

Ahora bien, en este contexto crítico en el stock de reservas, la cuestión de los viajes al exterior en cuotas tiene la siguiente secuencia: el consumidor paga en pesos y en cuotas fijas los gastos en dólares con tarjeta de crédito, mientras el Banco Central entrega esos dólares al vendedor del servicio. Como esos pagos se estructuran en cuotas, esos pesos se van liquidando cada mes de la cuenta del cliente, pero el Banco Central entrega los dólares en el primer vencimiento a la empresa (agencia de viajes, por caso) que vendió el producto o el servicio.

Esas firmas entregan pesos al Central, que son los pesos que recibirá de la cuenta del consumidor. En última instancia, sólo el Banco Central pierde dólares.

A la vez, como el financiamiento se estructura en cuotas fijas, con una inflación de 50 por ciento anual, se convierte en un subsidio desproporcionado teniendo en cuenta la actual crisis social y la escasez de divisas.

Además absorbe un beneficio adicional porque el consumidor fija el precio del dólar al momento de concretar la operación, cuando la cotización oficial tendrá probablemente un sendero de ajuste.

De este modo, se define un esquema de subsidio a un sector privilegiado de la sociedad inconsistente con el actual estado de situación socioeconómico y debilidad financiera de la economía.

El Banco Central incorporó racionalidad en la administración de divisas al disponer esta medida que alteró los nervios de grupos conservadores, inquietud que con habilidad han logrado transferir a otros que ni pagan en cuotas ni viajan al exterior.

El economista Ricardo Aronskind resumió con claridad esta tensión en el siguiente tuit: «Algunos no captan las consecuencias prácticas del macrismo. Dejó un país con un endeudamiento insostenible y sin reservas, lo que genera una presión constante sobre el dólar. El Gobierno prioriza el uso de reservas para evitar un salto en el dólar y en los precios».

Convivencia de dos mundos opuestos

La cuestión estructural de la debilidad del sector externo se extiende desde hace décadas, alcanzando a gobiernos de diferente signo político. En el análisis económico-financiero coyuntural existe un marcado sesgo ideológico del mundo empresarial y de las finanzas, con eco amplificado en la red de medios de la derecha, cuando relativizan hasta ocultar la recuperación económica y maximizan las tensiones en el frente financiero y cambiario.

En concreto, existen ambos mundos interpretativos del devenir económico y uno niega el otro, lo que impide una evaluación rigurosa de la tendencia del ciclo económico como así también de sus limitantes.

En esta divergencia en el análisis de la coyuntura queda ausente el debate acerca del principal desafío de corto, mediano y largo plazo de la economía, que no es otro que relajar la restricción externa para evitar otra crisis.

Para eludirla, aprendiendo de experiencias traumáticas, no hay misterios: además de postergar malestares personales en la conducción política y de unificar criterios acerca del rumbo de la política económica al interior de la coalición de gobierno, el objetivo excluyente tiene que ser conseguir más dólares vía aumento de exportaciones, reducir la pérdida de dólares por importaciones con una estrategia productiva de sustitución selectiva, obtener más dólares por inversiones extranjeras directas y más dólares financieros accediendo al mercado voluntario de crédito para refinanciar vencimientos de capital y pagar intereses.

Alfredo Zaiat

Página/12