La economía bajo el agua en el veranito cambiario

La economía argentina inicia 2019 con la economía real en franca caída y un mercado cambiario estabilizado. Ambos fenómenos no están desvinculados, ya que la crisis de la actividad real es consecuencia de las medidas acordadas por el gobierno con el FMI, para estabilizar el frente externo.

Una brusca devaluación con elevadas tasas de interés en el marco de un plan de ajuste fiscal.

Aun así, la estabilidad cambiaria continúa siendo precaria.

En primer lugar, porque el horizonte de vencimientos de deuda post 2019 continúa siendo insustentable.

En segundo lugar, porque las elevadas tasas generan un incremento exponencial de los stocks en pesos potencialmente dolarizables.

En ese sentido, el incremento de los plazos fijos en pesos tiende a generar un efecto similar al que, meses atrás, tenían las LEBACs aun cuando la distribución de sus vencimientos tiene una dinámica menos vertiginosa.

Un elemento a tener en cuenta en un año electoral, donde suelen presentarse una precautoria dolarización de los ahorros.

La palabra final en términos de estabilidad cambiaria, la tendrán las metas que el FMI imponga en materia de reservas después de marzo de 2019.

Si son relajadas, el oficialismo podrá llegar a las elecciones con un dólar calmo. Si en cambio, impone metas de reservas exigentes, forzará expectativas de devaluación que reforzarán la compra de dólares propia del año electoral.

En ese caso, las elevadas tasas (y el diferencial vía LELIQ que se apropian los bancos) pueden ser insuficientes para contener la corrida cambiaria.

Mientras tanto, la estabilidad cambiaria ya se cobró un muerto: la actividad productiva.

CESO – Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz