7 de December de 2021

Jair Bolsonaro y el gigantesco fiasco del golpe de Estado

El fracasado intento de crear un clima de golpe de estado en Brasil, sumió a Jair Bolsonaro en un aislamiento imposible de sostener.

Una movilización en un día de fuerte simbolismo, 7 de septiembre, aniversario de su independencia. Separado ya no sólo del stablishment, sino de sus propias bases y con encuestas que lo dejan fuera de combate en las elecciones presidenciales de 2022 frente a Lula da Silva, Bolsonaro lo intentó todo. Pero los acontecimientos indican que dejó de ser el candidato pensado para liderar la “tercera vía”, como proyecto iniciado con el impeachment de Michel Temer contra la presidente Dilma Roussef.

“Esta vez, Bolsonaro tiró todo lo que tenía para movilizar sus bases de extrema derecha y amenazar el estado de derecho democrático: atacó instituciones, maldijo a ministros, paralizó algunas carreteras y trató de crear un clima de golpe de Estado con sus amenazas a la Corte Suprema y las elecciones presidenciales. Sin embargo, el resultado fue una profundización de su aislamiento político y, al final, una típica retirada cobarde. Un espectáculo humillante y desmoralizador como nunca antes para un jefe de Estado en nuestro país”, explica en una nota relevante, “Gigantesco Fiasco”, el ex ministro del gobierno de Lula da Silva, Sergio Amaral.

“El intento de golpe, que no logró movilizar lo esperado, puso el foco en atacar el sistema electoral brasileño, defender la vuelta al voto impreso y atacar a la Suprema Corte, que lo investiga por divulgación de noticias falsas, y a los propios ministros de su gabinete”, señala en su artículo publicado en Brasil247.

Amaral describe este movimiento como una serie de estrategias electorales, la primera de las cuales fue la estrategia de Steve Bannon, con manipulación de redes y difusión de fake news, como sucedió en 2018. Recientemente el intento de conectarse con una nueva red digital propiedad de un ex asesor de Trump es parte de este movimiento, según destaca.

El 7 de setiembre, Bolsonaro intentó movilizar a milicias y segmentos de la policía militar, pero no recogió suficientes adhesiones como para promover una insubordinación a la disciplina, jerarquía y mando de los gobiernos estatales, según lo que había planeado. El sector agroindustrial, hasta ahora aliado, logró concretar una serie de cortes de ruta, mientras que la movilización de la base evangélica conservadora y fundamentalista, no fue significativa.

El intento de crear un clima de golpe de estado, contra el orden institucional, ya había profundizado el aislamiento político de Bolsonaro. Sin embargo, fue la firma de la “carta de rendición”, propuesta y redactada por el que lograra el golpe destituyente de Dilma Roussef, Michel Temer, la que terminó de completar su aislamiento, abriendo una nueva fisura, esta vez entre sus propios seguidores, explica el ex senador del PT.

En los 10 puntos de la «Declaración a la Nación», en la que llamó al diálogo y la paz entre las instituciones nacionales, reconociendo el fracaso de su retórica golpista, Bolsonaro se desdijo de su dura postura contra las instituciones de gobierno.
«Nunca tuve la intención de atacar a ninguno de los poderes». «La armonía entre los poderes no es mi voluntad, sino una determinación constitucional que todos, sin excepción, deben respetar», resalta la carta, que sostiene de todas formas la crítica específica al juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes.

“Con esta verdadera carta de capitulación, Bolsonaro se retiró y dejó expuestas a sus tropas. Y todos sabemos que un comandante que abandona el campo de batalla es un desertor, que debe ser juzgado por la justicia militar. En el caso del ex capitán el juicio será historia, y se abren motivos para el juicio político”, explica Amaral.

“La táctica de Temer logró poner de rodillas a Bolsonaro y es otro movimiento de un personaje que desde la sombra, intenta hacer posible una tercera vía, que no se pudo concretar a través del candidato de derecha que ayudó a surgir y ahora procura desentronizar. La búsqueda de la tercera vía fue un proceso que se inició con el impeachment que llevó a la destitución injustificada de Dilma Roussef”. “Por otro lado, con esta maniobra, Bolsonaro perdió definitivamente el discurso de la nueva política y la condición de político antisistema”, expresa Amaral.

En economía, el gobierno es un completo fracaso. El PIB permanece estancado, con una inflación que alcanza casi los dos dígitos. El ingreso medio de la población ha caído, desde 2019, un 9,4%, los más pobres el 21,5% y los ancianos un 14,2%. La masa de desempleados y abatidos alcanza ya a 20 millones de personas y el hambre y la miseria se extienden por todas partes. Por no hablar del precio exorbitante del combustible y el gas, el riesgo real de un apagón inminente y las 585.000 personas muertas por la pandemia, recuerda.

Un Bolsonaro electoralmente inviable, quedó inmerso después de su frustrado intento de golpe a las instituciones, en lo que Amaral llama “un fiasco gigantesco” de cara a sus bases, que lo ubican como “confeso golpista, pero también un desertor”.

La tercera vía

En este marco, el vicepresidente general Hamilton Mourão, mantiene una “agenda paralela” de reuniones con líderes de partidos de centro derecha opositores a Bolsonaro y ha intensificado las relaciones con magistrados, diplomáticos y empresarios. Incluso mantuvo audiencias especiales con líderes del bloque del Centrão, socios históricos de Bolsonaro en el Congreso, y la principal traba para el progreso del pedido de juicio político por vía legislativa. Una fuerza política que dio en ser llamada “fisiológica”, en tanto parasita los diferentes gobiernos, a través de alianzas a cambio de prebendas y puestos clave.
En consonancia con la línea abierta por Temer con su carta, una secuencia de reuniones del vicepresidente podría identificarse con el inminente juicio político a Jair Bolsonaro, descartado en el proyecto original de encabezar la “tercera vía”.

El vicepresidente y general retirado, que mantuvo reuniones con representantes del PP, PSDB y MDB y las ampliará al PSD y DEM, intenta conseguir además la conformación de una fuerza política alternativa a la de Ignacio Lula da Silva, que según las últimas encuestas podría ganar en primera vuelta con el 47% de aprobación, dejando atrás a Bolsonaro con el 26%.

Aloizio Mercadante

Mercosur ABC