25 de septiembre de 2020

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Impactó paro contra Macri que anticipa tregua y negociación

La CGT concretó ayer el primer paro nacional contra la administración de Mauricio Macri. La medida de fuerza, que tuvo resultados contundentes y transcurrió sin mayores incidentes, preanuncia una tregua entre el Gobierno y el sindicalismo tradicional bajo la modalidad de armisticio: la Central no promoverá una escalada con más huelgas, siempre y cuando el Ejecutivo valide una ronda de paritarias negociada por encima del 20%, ponga un límite a la apertura de las importaciones y desista de hostigar a los gremialistas con avanzadas legalistas. 

Se trata de un pliego de condiciones modesto en comparación con los postulados que dieron origen al plan de lucha de la organización, que incluía un freno efectivo a los despidos, la implementación de una política favorable a la industria local, un torniquete a los productos importados y un plan económico volcado al consumo interno, ítems que están en las antípodas de la hoja de ruta del equipo de Macri. En la jefatura obrera creen, sin embargo, que es un listado cumplible para el Gobierno sin mayores costos en pos de lograr un sendero de paz social con los gremios tradicionales con vistas a las elecciones de octubre. 

El armisticio que imaginan los sectores más dialoguistas de la CGT -los «gordos» de los grandes gremios de servicios, los «independientes» de vínculo fluido con los funcionarios y la mayoría de los sindicatos del transporte- cuenta con un consenso mayoritario pero no exento de cimbronazos: por fuera de ese consenso se encuentran los sindicatos industriales (los más afectados por la política económica) y grupos internos que amagan con unificarse bajo un mismo sello para empujar a la central obrera hacia una radicalización concordante con el proceso electoral. 

La huelga de ayer dejó satisfechos a los gremialistas. La adhesión de los colectiveros de UTA, los ferroviarios y los trabajadores del subte fue un puntal del éxito de la medida de fuerza aunque no el único. Como sucedió en anteriores protestas, para dar una muestra más cabal de esa incidencia los principales dirigentes del sector, Roberto Fernández (UTA) y Omar Maturano (La Fraternidad) no se dejaron ver en las conferencias de prensa de la CGT. 

En el interior, en donde el transporte público no necesariamente incide tanto como en las grandes ciudades, el paro se sintió con fuerza de acuerdo con las estimaciones de la propia CGT. Reportaron un cumplimiento pleno de la huelga seccionales como las de zona norte del Gran Buenos Aires, Tigre o la provincia de Chaco; del 90% o «muy alto» las de San Nicolás, Reconquista o Tucumán, y del 80% o «alto» las de Río Gallegos, Necochea, La Rioja, La Pampa, General Roca y Rafaela. 

La oveja negra fue el gremio mercantil, que le restó contundencia al paro por la apertura de comercios en distritos como San Juan o Bahía Blanca, así como el gastronómico, que suele destacarse por el funcionamiento de locales durante las protestas pese a la verba siempre encendida de su referente, Luis Barrionuevo. Ni Armando Cavalieri, de Comercio, ni Barrionuevo fueron vistos ayer en la CGT. 

La palabra «contundente» fue el latiguillo con que se valió el triunvirato integrado por Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña para definir el resultado de la huelga. En el segundo balance de la jornada realizado por la tarde Daer sostuvo que la medida tuvo alcance «similar en todo el país» por entender que no sólo involucró a trabajadores sino también «al comercio, las pequeñas y medianas empresas y los sectores que vienen siendo vulnerados por esta política económica y social que lleva adelante el Gobierno». Acuña se encargó de poner el acento en los «incumplimientos» del Ejecutivo y el empresariado en los acuerdos por el bono de fin de año y el freno a los despidos, en tanto que Schmid se ocupó de desmentir que la CGT apunte a «una fogata social» o a que Macri «se vaya antes de 2019». 

Minutos después el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, hizo su propia evaluación en una conferencia de prensa en la sede de la cartera laboral, donde juzgó como «innecesario e inoportuno» el paro. Se valió de algunas preguntas afines para avanzar con la tesis de que la protesta tuvo un impulso político asegurar que «mucha gente se acercó a trabajar por otras vías» y que «en muchos lugares hubo actividad normal». 

Fuera de las declaraciones públicas, gremialistas y funcionarios con vocación negociadora hacían ayer números favorables a su posición. Además de los sindicatos que ya hicieron acuerdos sectoriales con el Gobierno, como los petroleros patagónicos, los mecánicos del SMATA y los constructores de UOCRA, contabilizan al sindicato mercantil, el mayor de la actividad privada, que ya cerró su paritaria en los términos reclamados por el Gobierno. También dan por sentado un pronto entendimiento con los transportistas de UTA y La Fraternidad, subsidios mediante, y con el principal gremio estatal, UPCN. 

En el rubro de la conflictividad seguirán las dos versiones de CTA, que ayer le sumaron volumen a la protesta, así como el sindicalismo clasista y los partidos de izquierda, que con oposición de la CGT realizaron cortes y piquetes en los accesos a la Capital Federal. Pero también surge una incógnita dentro de la CGT con los gremios no alineados con la línea acuerdista: entre ellos, los metalúrgicos de UOM y su Movimiento de Trabajadores Peronistas (MTP), que prometen efervescencia creciente en el período preelectoral; la Corriente Federal, que lidera el bancario Sergio Palazzo, y el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), todos ellos alineados con vertientes del peronismo que amenazan con agruparse bajo una línea confrontativa. 

Mariano Martín

Ambito

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