18 de enero de 2021

«Hoy hablamos de nosotros mismos» por Norma Lunge

"Hoy hablamos de nosotros mismos" por Norma Lunge

Cuando salió en su primera tirada en 1938, Superman era un súper héroe, que en las horas en que no salvaba al mundo iba vestido de traje a un diario, o sea, un reportero-periodista del Diario Daily Planet y a la vez superhéroe.

Si trazamos un paralelismo, en pleno siglo XXI, el cómic viste de Hombre Araña a un periodista “free lance” que reparte pizzas o hace de empleado en una tienda medio día y la otra parte de la jornada sale a buscar la foto y la noticia que sus jefes le exigen, pero además no tiene quien lo defienda.

Y es así, mientras una parte del mundo llama a los periodistas, “el cuarto poder”, confundiéndolos tal vez con los medios de comunicación o los dueños de éstos, los trabajadores de medios luchan a diario con la peor de las precariedades laborales donde se conjugan más trabajos con mayores exigencias tecnológicas para aplicar- que a su vez deben aprender a manejar-.

Dicotomías que tiene este mundo donde estamos inmersos y de las cuales nunca hablamos. Porque somos el reflejo de lo que la sociedad necesita, pide, critica.

Estamos para ayudar, buscar soluciones, comunicar, averiguar, hablar de y con los políticos, los sindicalistas, los funcionarios, los maestros, los ciudadanos pero poco y nada de nosotros mismos.

Paradójicamente, la profesión dedicada a informar tiene muy poca información de sí misma, más allá de los testimonios personales y los particulares reclamos de un periodista perjudicado o un grupo de comunicación en crisis.

No existen datos sistemáticos y confiables de cuántos periodistas hay, dónde trabajan, cuánto ganan. Ni siquiera hay consenso acerca de qué es ser periodista en la Argentina, incluso muchas veces englobando con ese mote a comentaristas que logran contratos millonarios o aquellos que son productores publicitarios de espacios varios en medios de comunicación.

Las necesidad de contar con sueldos dignos, con remuneración paga acorde al trabajo que se realiza es también una constante en el periodismo, que incluye desde el movilero más lejano hasta el editorialista más encumbrado.

Más allá de esto, también somos formadores de opinión y en eso no podemos hacernos los desentendidos. La capacitación y la responsabilidad deben existir siempre, con paga o sin ella, porque es la profesión que elegimos.

La búsqueda de fuentes, la veracidad con el chequeo permanente de la información, no deben estar exentos de la ética y el profesionalismo que nos debe distinguir. Somos nosotros los que elegimos, ser Superman / Superwoman o Clark Kent / Lucy Lane… pero nunca debemos dejar de lado el hecho de sobretodo ser buenos seres humanos.

Tal vez por eso nos sentimos tan identificados con Ignacio Ezcurra, que si bien trabajaba en el Diario La Nación al morir en Vietnam, demostró en su vida como reportero que ir a las fuentes, a los lugares donde se gestaba la información, era lo que debía hacer. Apasionado por lo que hacía, viajó “a dedo” por Latinoamérica, contaba historias que muchas veces lo trajo hasta la tierra roja, a Oberá.

“Ignacio Ezcurra, era descendiente en línea directa de Don Juan Manuel de Rosas y don Bartolomé Mitre, nacido un 8 de octubre de 1940, quinto hijo de una familia de doce hermanos, nacido y crecido en San Isidro. Ingresó a la redacción de La Nación a los 22 años, en la sección de avisos clasificados, luego redactor, aventurero viajó por otras partes del país y del mundo”, dice una crónica de su vida que agrega “Se casó un par de años antes de su viaje a Vietnam, con Inés Lynch y sumó dos hijos Encarnación y Juan Ignacio, este último aún en gestación al morir su padre”.

Su historia como periodista apasionado, aventurero y comprometido con la gente y lo que quería contar y mostrar, tal vez no se hubiera conocido de no haber fallecido en Vietnam. Sin embargo, representa lo que miles de trabajadores de comunicación han sido y siguen siendo: perseguidores de utopías, narradores de historias, visibilizadores de problemas y carencias de la población que buscan soluciones y respuestas.

Los periodistas no somos una elite-aunque muchos crean y SE crean eso- tenemos necesidades, familias, creencias, costumbres y por eso no somos objetivos, sino subjetivos, porque somos parte de una sociedad, del contexto que nos rodea. Eso mismo nos llevó a aglutinarnos, para debatir temas, para intercambiar ideas, conocimientos, saberes y es lo que aquí, en ésta localidad de la provincia de Misiones creció como premisa: el Círculo de Periodistas nacido hace 60 años.

En sus inicios en 1959, como Círculo de Prensa y luego, al conocerse la desaparición de Ignacio Ezcurra como Círculo de Periodistas “Ignacio Ezcurra”.

Y sus fundadores creyeron en la unión de voluntades, en la capacitación permanente, en la necesidad de compartir saberes. En el club social de Oberá se fundó entonces el Círculo de Prensa, donde estuvieron Santos Moreira, corresponsal de Noticias Gráficas; Abraham Slucki por Vanguardia; Iondo Passalacqua corresponsal de La Nación, Juan Ruiz corresponsal de La Prensa, Oscar Martínez corresponsal de Tribuna, Oscar Fontaine corresponsal de El Pueblo y Teresa Morchio de Passalacqua corresponsal del Corrieri Degli Italiani, quien es electa como secretaria por dos meses y luego se decide por sorteo el nombre del presidente del flamante Circulo de Prensa que recae sobre Iondo Passalacqua.

Funcionó muchos años como punto de encuentro, lugar de debates, para hablar de la profesión y de la vida misma. La entidad fijaba postura sobre uno y otro tema, vinculante en la sociedad. Luego, cayó en una meseta por unos años, hasta que a los 30 años de vida, se reactivó con nuevos socios y ya varios medios existentes en la zona. Martín Azcué, Jorge Antúnez, Aldo Rubén Gil Navarro, Carlos Antonio Lindstrom, Ariel Cao López, Carlos Wollert, Abraham Slucki, eran algunos presentes. Allí me sumé como primera periodista mujer.

En la Argentina, según un estudio hecho por COnverCom , solo un 37% de mujeres ejercían el periodismo profesionalmente hasta 2018. No hace falta mencionar los reparos que eso incluye a la hora de trabajar. Ser Mujer y Periodista. No fue menor y aún hoy no lo es.

¿Cómo? Una mujer me va a venir a preguntar cómo manejo las finanzas en mi municipio? Que me pase las preguntas por escrito! Fue la respuesta de un jefe comunal, a mi requisitoria hace 30 años en esta ciudad.¿ A las 22 hs cubriendo un accidente? Una reunión de empresario preocupados por el alza de impuestos? No está bien visto eso! (otra expresión de esos tiempos).

Por fortuna, la evolución nos lleva, no solamente a estudiar y mejorar-o tratar de hacerlo-sino, a que se comprenda mejor el lugar que nos ganamos, aunque aún hoy eso implique igual trabajo que los hombres pero menor remuneración.

Sin embargo, quienes vieron el dolor, la indignación, el poder, las alegrías, las esperanzas, la impotencia, el llanto, la ternura, lo insólito, lo bueno, lo malo, lo gris y tradujeron eso a la información, a la búsqueda de soluciones, de ayuda. Quienes recibieron agradecimientos, indiferencias, insultos, amenazas o distinciones por hacer el trabajo de Periodista, saben acerca de la Esencia misma de la profesión.

Quienes son monotributistas o trabajan en relación de dependencia, quienes vendieron o venden publicidad para mantener su espacio informativo, quienes todos los días vibran al investigar, al buscar respuestas e informar, mediando la ética y el sentido común en la tarea, saben lo que es ser periodista: el mejor oficio del mundo, ya sea como Superman, como Clark Kent o como Ignacio Ezcurra en Vietnam…pero Periodistas: profesión que te hace vibrar en la búsqueda de la noticia y te hace sentir vivo en el medio de las catástrofes. Contar, hablar o escribir para los demás.

Hoy, recordamos esa fecha, hoy hablamos de nosotros mismos, hoy recordamos a los que no están y celebramos ¡Ser Periodistas!

Norma Lunge

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