30 de septiembre de 2020

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Ganadores y perdedores, por Silvia Torres

¡Cuatro años!, por Silvia Torres

Hace apenas unos pocos meses atrás, la campaña electoral

se nutría de mensajes centrados en propuestas de los dos sectores políticos en pugna: Uno, el oficialista, centraba el mensaje en los dos modelos de país; el otro, en edulcaradas promesas tipo prédica de iglesia show, con síntesis en la “revolución de la alegría” La verdad de la milanesa está a la vista: Ganadores y perdedores.

Lo concreto de estos cincuenta días de gobierno del macrismo es la fenomenal transferencia de recursos desde los sectores populares hacia las corporaciones, que concentran la oferta de bienes y servicios de consumo indispensable para la vida de las familias argentinas, sin excepción.

Leche, carne, harinas, aceites, frutas y verduras, además del espectacular aumento de la energía eléctrica y el agua que se anuncia, implica que las corporaciones se apropian despiadadamente del salario y los ingresos de los argentinos, gracias a la decisión política del macrismo de devaluar el peso y, en simultáneo, de liberar el comercio. Viejos como la humanidad, los principios aplicados provocan efecto devastador sobre la economía de las familias y les permite a los grupos concentrados apropiarse de suculentas porciones de la renta nacional.

Claro que no son las únicas medidas que aplican desde la Alianza macrista-magnettista-radical con impacto sobre la calidad de vida de los argentinos: Agregan despidos masivos en organismos del Estado, reemplazan miles de puestos de trabajos con salarios promedio de quince mil pesos por cargos jerárquicos para pocos, que percibirán entre treinta y cincuenta mil pesos mensuales –todos coquetos militantes de los globos amarillos-, y, lógicamente, liberan lo mismo en el sector privado. Conforme los datos de la CTA, organismo que aclara que su relevamiento es parcial, da cuenta que los despedidos estatales alcanza a 27 mil trabajadores y en el sector privado suman más de 23 mil. ¡En cincuenta días de gobierno!

Estas políticas responden a una clara finalidad del macrismo: Llevar la desocupación a 15/17 % de tal manera de negociar paritarias en baja, por la presión de los desocupados sobre los puestos de trabajo, una exigencia de las corporaciones económicas y sectores monopólicos de la industria, buscando reducir salarios para acrecentar sus ganancias.

En el mundo capitalista, el comercio se regula mediante fuertes multas cuando se demuestran abusos de posición dominante, algo que desapareció en la Argentina mediante la liberación de las reglas de juego que solo favorecen a los grandes pools. ¡¡Estos son los ganadores del modelo y, en contrapartida, los consumidores de todos los sectores sociales, los perdedores!

Y es oportuno señalar que no son los productores ni las economías regionales las favorecidas con el modelo, a pesar del compromiso de campaña expresado por Mauricio Macri, sino las corporaciones que elaboran y, muy especialmente, las grandes cadenas de supermercados que aplican aumentos escandalosos en la comercialización, juntan sus ganancias con pala, las traducen a dólares y los envían a sus casas matrices, porque todo el proceso fue liberado por el macrismo: Son los campeones en la puja por acaparar la riqueza y festejan a lo loco la “revolución de la alegría”.

Silvia Torres

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