20 de septiembre de 2020

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Eritrea-Etiopia: Las guerras de humo, por Guadi Calvo

El gobierno eritreo acusó a Etiopía de lanzar un sorpresivo ataque el domingo 12, contra la región de Tsorona, en la localidad de Badme, a 75 kilómetros de la capital de Eritrea, Asmara, quien esta en posesión de la zona en disputa.

Según versiones, no confirmadas, estos combates, habrían dejado un importante número de muertos y heridos

Nunca debe tomarse con liviandad una disputa en dicha frontera, una cuestión muy similar a la denunciada en la última semana provocó, en 1998, una guerra que duró dos años y dejó casi 100 mil muertos y 750.000 desplazados. Desde entonces, las relaciones entre Addis-Abeba y Asmara están congeladas en todo aspecto.

Según la denuncia eritrea, el ataque fue realizado por miembros del Frente de Liberación del Pueblo Tigray (TPLF), que forma parte de la coalición gubernamental de Etiopía. En 2012, Etiopía ya había atacado una base militar eritrea, acusando a sus vecinos de la formación de terroristas para operar en el país.

La disputa por la región de Tsonora, se prolonga desde 1993, año en que Eritrea se independiza de Etiopía, después de treinta años de guerra civil. Tras la independencia, el territorio en disputa quedó sin la demarcación definitiva.

La intensa relación entre ambas naciones, que alguna vez fueron la misma, ha dejado que aproximadamente medio millón de eritreos vivan en Etiopía y poco más de cien mil etíopes se encuentren en Eritrea. Tanto Addis-Abeba como Asmara, utilizan a estas poblaciones como herramientas de coacción, amenazándose mutuamente con expulsarlos hacia su país de origen. 

Eritrea está gobernada desde su independencia por Isaias Afeworki, líder de la lucha independentista, quién ha convertido el país en un gran cuartel, utiliza y alienta las fricciones con sus vecinos, como ya lo hizo también con Djibouti en 2008, lo que permite disponer de una estructura militar desproporcionada para lo que es el país.

Este estado permanente de guerra que el gobierno de Afeworki, somete a la población, es la razón por la que todos los eritreos menores de 50 años están a disposición de las fuerzas armadas, teniendo, entre otras restricciones, la salida del país.

El ejército es la única institución realmente estructurada que funciona en el pequeño país.

Una guerra fronteriza podría desestabilizar el muy frágil equilibrio que se mantiene en el Cuerno de África: en Somalia, la actividad de la banda salafista al-Shabbab, no solo hace estragos en su país, sino que pernea de manera sangrienta en Kenia. La guerra civil en Sudán del Sur, que estalló en diciembre de 2013, alcanza serenamente la pasmosa cifra de 325mil muertos, sin que las potencias occidentales ni la Naciones Unidas se despeinen.

Eritrea se encuentra sobre el mar Rojo, de allí el nombre que le dieron los romanos Marem Erythraeum, en las proximidades del estrecho de Bab el-Mandeb (de las lamentaciones). Por allí circulan, rumbo al canal de Suez desde el golfo de Adén, 50 buques al día que transportan casi 4 millones de barriles de petróleo y derivados, representando el 4.6% de la producción petrolera mundial y cerca de un 10% del total del comercio.

Cruzando el estrecho, a apenas 30 kilómetros, Yemen está sometida, desde marzo del 2015, a una guerra decretada por la familia real de Arabia Saudita, que ya ha alcanzado los diez mil muertos, mientras Europa y los Estados Unidos continúan vendiendo armas a los sauditas, con el corazón desgarrado por el drama yemení.

La situación del cuerno africano ya es demasiado compleja para que Eritrea intente alguna ofensiva contra el ejército etíope. Quizás entonces si la diplomacia occidental vía Tel-Aviv, quien tiene extraordinarias relaciones con la dictadura eritrea, pueda detener las ínfulas napoleónicas de Afeworki.

Algunos informes, refieren de la presencia de dos bases militares y un puesto de escucha israelí en Eritrea, para operar en una potencial guerra con Irán. Israel es quizás el único sostén político internacional con que cuenta Isaias Afeworki, desde que en 1993 viajó al estado sionista para recibir tratamiento médico. Israel cuenta con una muy activa embajada en Asmara desde el 15 de marzo de 1993.

Tel-Aviv ha apoyado a Afeworki en la brevísima guerra que se produjo entre el 15 y 17 de diciembre de 1995 contra Yemen conocida como la guerra de Odd por las islas Hanish, (al-Kabir, as- Saghir y Zuqar), desabitadas y carentes de agua dulce, solo utilizada como refugio de pescadores, pero con un inmenso valor estratégico ya que están ubicadas a 150 kilómetros de la entrada sur al mar Rojo. En los enfrentamientos murieron cerca de una treintena de soldados de ambos bandos.

En junio de 2008, Eritrea también tuvo una breve guerra por límites con Djibouti, por cabo Douméra, 24 horas más extensa que la de Odd.

Entonces Djibouti acusó a Asmara de financiar el movimiento armado contra el gobierno del Frente para la Restauración de la Unidad y la Democracia a principios de los años noventa, y para 1994 la confrontación comenzó a ser una amenaza inminente.

Esta confrontación dejó una docena de soldados djibutienses muertos, mientras las bajas eritreas nunca se conocieron, aunque se cree que fue un número mucho mayor, además de que más de un centenar de soldados eritreos desertaron hacia Djibouti.

Francia, dada su presencia e intereses en el sector, intervino para aplacar los ánimos, sin utilizar las tropas estacionadas en las bases con que cuenta en Djibouti.

Tras un acuerdo entre los dos países, las tropas de Qatar ocuparon Douméra en junio de 2010, en espera del resultado de la mediación de su emir.

Eritrea, además del país más pobre del mundo, es apenas una estructura represiva omnipresente, con una fuerza policial que opera como una fuerza de ocupación contra sus ciudadanos. Un estado absolutamente ausente, sin justicia, sin la libertad de expresión, ni oposición política. 

Una oportunidad para la guerra 

Dada la natural incapacidad de la ONU para resolver este conflicto y cualquier otro, en 2008 decidió abandonar la zona.  Etiopia, el segundo país más poblado del continente, a pesar de poder derrotar rápidamente a las tropas de Afeworki, no tiene garantías de la comunidad internacional de lograr estabilidad “después de la cirugía”, por lo que solo espera que la crisis no se profundice en una guerra similar a la de 1998, para lo que tendría que recurrir a gastos militares, que nuevamente la volverían a devastarla económicamente. 

Etiopia es uno de países más antiguos del mundo junto a China y Egipto, durante siglos se la conoció como Abisinia, en referencia a su principal grupo étnico que constituye el 30% de sus 95 millones de habitantes. Durante casi 3 mil años resistió a los conquistadores gracias a lo inaccesible de su montañoso territorio.

Allí tampoco los derechos humanos cuentan con grandes defensores por lo menos en el gobierno del Primer Ministro Haile Mariam Dessalegn. Ya son más de 400 manifestantes asesinados en los últimos siete meses y miles los que fueron detenidos en la región de Oromia que rodea la capital. 

Las protestas son protagonizadas, en su mayoría, por estudiantes que se resisten a la implementación de plan urbanístico que preveía la expansión de la capital etíope, que continuará desplazando a agricultores y granjeros de la región.

Las mujeres detenidas han sufrieron abusos sexuales, mientras cientos de hombres han sido torturados. 

Oromia es la región más grande del país donde se asientan cerca de 27 millones de personas, lo que podría generar una nueva guerra civil, con perfiles étnicos.

La Unión Europea bien sabe que la intensificación del conflicto entre Etiopia y Eritrea produciría una ola de refugiados que aspiran a llegar a sus costas. Hay que recordar que a pesar de que Eritrea es un país con apenas 6 millones de habitantes es importante el número de refugiados con que cuenta: solo el año pasado, 50 mil eritreos buscaron refugio en Europa.

La misma Etiopia, junto a Sudán, recibe mensualmente entre mil y tres mil eritreos que escapan de su país y continúan rumbo al norte buscando las costas del Mediterráneo.

Dada esta situación la UE ha intensificado sus conversaciones con Asmara intentando detener el flujo.

Por otra parte, el régimen eritreo fue acusado el miércoles 8 de junio en Ginebra de crímenes contra la humanidad a gran escala por una Comisión de Investigación de la ONU que recomendaba que el caso se remita a la Corte Penal Internacional (CPI).

Desde hace 25 años, el gobierno eritreo no permite visitar el país, por lo que la comisión entrevistó a más de ochocientos exiliados, de quienes sacaron evidencias para la acusación contra funcionarios sospechosos de haber cometido crímenes contra la humanidad: la esclavitud, tortura, privación de libertad, desapariciones forzadas, persecución, violación y asesinato, son algunos de los crímenes atribuidos al gobierno de Afeworki.

El servicio militar obligatorio comienza a los 17 años, sin que nadie sepa bien cuándo termina, la mayoría lo hace hasta los 40 y 50 años, por lo que reciben unos 32 dólares al mes. Las condiciones de vida de los reclutas son extremadamente duras, donde lo único que abunda son los golpes, las arbitrariedades y los abusos sexuales contra las jóvenes que también son incorporadas a las fuerzas armadas.

Etiopia y Eritrea se necesitan mucho más para la guerra que para la paz, así lo demuestra su historia, con ellas han logrado mantener a sus pueblos sometidos, operando con más crueldad contra sus poblaciones que contra el fortuito enemigo, en estas particulares guerras del humo. 

Guadi Calvo

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