28 de septiembre de 2020

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Encontrar el rumbo mirando las cosas con los ojos de los trabajadores marginados, por Teodoro Boot

Con los intelectuales casi siempre me pasa lo mismo: hablan demasiado y abstracta y genéricamente. Pero estoy de acuerdo con Grüner y me parece central plantear ¿Qué sentido tiene hoy criticar a la “izquierda abstracta”?.

Claro, podría agregar que casi el mismo sentido que tiene que hoy esa “izquierda abstracta” siga criticando más al gobierno de Cristina que al de Macri. Lo que constituye a mi juicio una masturbación mental propia de quienes no logran discernir de dónde les llueven las piñas.

Luego, lo del Frente Ciudadano… ¿Qué decir? Los intelectuales se agarran demasiado de las palabras y tratan de encontrarles significado. Si digo “fraslafras”, seguro que enseguida alguno le encuentra la etimología, lógica y sentido, tanto para acordar como para disentir.

En mi humilde opinión, lo del Frente Ciudadano carece de significado en sí mismo, por lo menos de significado conceptual, como el Frecilina, ENA y Hora del Pueblo que Perón lanzó simultáneamente tratando de armar espacios de acuerdo con partidos políticos que siempre se le habían opuesto. Y de paso, reírse, porque siempre me parecieron una de esas cargadas a las que el Viejo eran tan propenso: Con Frondizi que tenía el síndrome de Estocolmo con los militares, hizo un Frente CÍVICO (el Frecilina) en el que podían entrar todos… menos los militares (siguiéndole el juego, recuerdo que militantes de la Jotapé incendiaron un camión del Ejército cerca de la avenida Córdoba y Fitz Roy y firmaron la acción como… “Juventud del FRECILINA”. N. del E.). Con el Partido Comunista, por entonces convertido en un Club de Amigos de la Unión Soviética, formó el Encuentro Nacional de los Argentinos, y con los partidos que en los años anteriores habían seguido las políticas más antipopulares, como los radicales de Ricardo Balbín, la Hora del Pueblo (coalición por la que militaban, creo recordar, tanto Guardia de Hierro como el Encuadramiento de la Juventud Peronista, vulgo “Demetrios”). De noche, Perón debía reírse solo de sus maldades.

En este sentido, lo del Frente Ciudadano me suena a una consigna política por medio de la cual Cristina trató, muy razonablemente, de explicarle a sus voluntariamente lobotomizados fanáticos que se dejaran de boludear haciendo cristinismo o kirchnerismo militante y se pusieran a hacer política, es decir, a encontrar el mínimo común denominador desde el que tejer un entramado político y social de suficiente densidad como para oponerse y frenar, con éxito, la ofensiva oligárquica e imperialista de la que habla Grüner.

Visto de este modo, la del Frente Cívico es una consigna, una idea fuerza destinada a des-sectarizar a sus acólitos. Ahora bien, si fue así, como creo, Cristina no lo consiguió, y la convocatoria a reunir intelectuales en la plaza es un claro ejemplo, de la misma manera que lo son los absurdos intentos de ciertos sectores militantes de declamar un frente ciudadano y al mismo tiempo profundizar sus prácticas sectarias, tanto para adentro como para afuera del peronismo y del amplio y genérico espacio del campo nacional o popular.

Lo de la columna vertebral también me parece pura abstracción. ¿Cuál sería la estructura, la organización que vertebra a esa columna vertebral? ¿Cuál sería el sector de una clase obrera más diferenciada y fragmentada que nunca antes que debería constituirse en columna vertebral? ¿Cuáles obreros? ¿Los informales? ¿Los calificados? ¿Los trabajadores tercerizados? ¿O hablamos nada más que de obreros formales? ¿De los que ganan 7000 pesos o de los que ganan 20 mil? Digo, porque las diferencias de ingresos entre los distintos gremios son apabullantes.

Poner estas disquisiciones por delante, confunde. Por lo menos a mí, que soy peronista y como tal miro la sociedad y el mundo desde la clase trabajadora, pero no desde sus sectores más orgánicos y conscientes, sino desde los marginados. Ese debería ser nuestro ángulo de mirada, nuestro punto de vista, para ir conformando, en alianza con cada vez mayores y diversos sectores políticos y clases sociales un frente nacional de liberación. Siempre teniendo presente un objetivo estratégico: el de construir una sociedad en la que haya una sola clase de hombres: los que trabajan.

Si Grüner dice algo parecido, vale, y no es su culpa que no lo entienda bien. Pasa que en mi opinión, uno va discutiendo y analizando sobre la marcha, no antes de la marcha, porque sino sería un cuento de nunca acabar ya que jamás terminaríamos de estar lo suficientemente de acuerdo como para arrancar. Es en la marcha que los zapallos se van acomodando. La cuestión es saber para dónde se rumbea.

En cuanto encuentro de intelectuales para lo del frente ciudadano, serán todo lo intelectuales que quieran, pero para mí no entienden demasiado y muchos tratan de ver cómo pueden hacerse los importantes.

Teodoro Boot

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