Ella, la alegre chica del mercadito, por Joselo Riedel

Ella trabaja en un minimercado de barrio aproximadamente 10 horas por día. Ella, mujer joven, es engañada por su patrón con promesas de que «cuando el negocio funcione bien» le va a pagar el sueldo correspondiente.

Es que ella cobra la mitad de lo que debería ganar, está en negro, por lo tanto no tiene vacaciones, ni obra social.

Resulta que el «negocio» no solo funciona muy bien, sino que los lujos son desmedidos y ella con su alpargata puesta limpia el piso, porque no puede darse la dignidad de comprarse una zapatilla. Sin saber que dignidad le sobra. Ella si que es digna, pero el jefe necesita ganar más; es lo único que importa.

Ella sufre, llora, pero el patrón no lo ve. Usa el trabajo de la noble mujer para hacerse cada vez más rico.

Ella quiere progresar, quiere ser feliz, pero la avaricia reinante no deja que la relación laboral sea justa.

Así es la explotación laboral, cruda. Nadie se da cuenta, pero el tiempo de vida de esta joven mujer se pierde para que otras personas disfruten del suyo.

El peor mal existente es usar el tiempo de otros, para el propio enriquecimiento. La realidad es que el sistema opera muchas veces de esta manera.

Ella trabaja duro, pero el fenómeno «meritocracia» parece no estar funcionando en 2019, año en cual el mérito parece ser la norma.

Joselo Riedel