El mayor contrasentido, por Joselo Riedel

Se supone que la festividad de Navidad invita a encontrar la manera de generar un entorno mejor, en promover la igualdad, la bondad y el amor al prójimo y a la naturaleza. Así por lo menos lo quiso el cumpleañero.

Lo insólito es que en nuestros tiempos lo que buscamos es zambullirnos en el mercado y en festejar con pirotecnia como verdaderos locos de remate; una actividad que genera un mal terrible tanto en animales, como en niños autistas y ancianos.

Actividad que nació en la antigua china para alejar a los malos espíritus en la noche vieja (31 de diciembre) y que hoy nada tiene que ver con el espíritu que buscaban los orientales, ya que no tiene conexión alguna con la navidad. Es rarísimo.

Si lo pensamos en términos monetarios, solamente en una ciudad se gastan miles y miles de pesos en cohetes y fuegos artificiales.

Pienso; si se destinara ese dinero en comprar juguetes y alimentos a niños carenciados, ¿no estaríamos siendo más coherentes con el mensaje que quiso dar el cumpleañero?

¿No estaríamos logrando la tan ansiada contribución a disminuir la tristeza de tantos humanos?

Lo que creo es que casi no pensamos nuestras costumbres festivas, no pensamos en cómo se originaron, no pensamos en lo que de verdad deberíamos estar agasajando.

La empatía ya no existe, ni siquiera durante la fiesta de la empatía.

Joselo Riedel