El gran fraude de Trump, por Eva Golinger

El gran fraude de Trump, por Eva Golinger

Setecientos cincuenta dólares. Esa es la cantidad de dinero que el presidente Donald Trump pagó en impuestos personales durante su primer año en la presidencia. Y pagó lo mismo también en su segundo año. Y en diez de los quince años anteriores, pagó cero. Cero.

El presidente más rico de la historia del país -supuestamente un multimillonario- pagó menos en impuestos que una persona ganando el salario mínimo trabajando en un McDonalds.

Estos datos han sido reportados en un extenso reportaje en el New York Times, que obtuvo un lote de documentos detallados sobre los impuestos de Trump durante más de dos décadas, hasta el 2018. Entre los mordiscos, el mandatario dedujo 70.000 dólares en gastos para su peluquero y 95.464 dólares para el estilista y maquillador de su hija Ivanka. («¡Qué comen pasteles!»).

Ni esos gastos -y deducciones- extravagantes son lo más llamativo de los informes de impuestos de Trump. La documentación demuestra que el supuesto multimillonario y empresario exitoso, es nada más que un gran fraude con deudas multimillonarias y una larga lista de pérdidas financieras, gastos excesivos y negocios fracasados.

Y esta información es importante porque Trump se presenta como un hombre sumamente exitoso -el mejor empresario- y esa imagen es el fundamento de su persona presidencial. Es su plataforma principal para su reelección al cargo.

Trump dice que él y solo él puede llevar a Estados Unidos a la grandeza, tanto como lo ha hecho con sus propios negocios. Trump apunta a su riqueza, su vida lujosa, su gorda cuenta bancaria y la multitud de negocios, productos y propiedades que llevan su nombre en letras de oro: TRUMP.

Es cierto que Trump obtuvo una fortuna de la empresa familiar, fundada por su padre Fred. Pero años de investigaciones y evidencias documentando sus travesías empresariales demuestran que Trump es un gastador excesivo y un mal negociante, pese a que se presente como el contrario. Gastó y mal-invirtió todo el dinero de su padre y su empresa (miles de millones de dólares en casinos, hoteles y propiedades que eran despilfarros de dinero). Y luego, cuando estaba al borde de la quiebra (y se declaró en bancarrota con sus negocios seis veces en los años noventa), consiguió una salvavidas en la televisión.

El lanzamiento de su programa reality The Apprentice, le convirtió en una estrella global y le trajo más de 400 millones de dólares en ganancias.

De The Apprentice también nació el mito de Donald Trump como un brillante empresario y un experto económico, lo cual no podría estar más lejos de la realidad. Era un mito, un personaje inventado para la televisión, y se vendió bien. La audiencia se enamoró de The Donald y su famoso frase «You’re fired» (estás despedido).

Sin embargo, a pesar de su fama global y sus retratos en revistas de lujo, exponiendo su penthouse dorado al estilo Versailles, Trump siguió gastando y perdiendo su dinero. Según sus propios récords financieros, Trump gastó la mayoría de sus ganancias millonarias de The Apprentice en la compra de numerosos campos de golf en Estados Unidos y Europa, que desde entonces solo han perdido millones de dólares.

Cuando Trump anunció su candidatura presidencial en 2015, era realmente una apuesta de última hora de marketing para recuperar su imagen y su ‘brand’ en el mundo comercial y, de esa manera, abrir la puerta a nuevas oportunidades lucrativas. Estaba al borde de la bancarrota y sin financistas o inversionistas para rescatarlo.

La flamante estrella de la televisión reality nunca pensó ganar la presidencia, solo quería brillar ante la luz pública para ampliar sus oportunidades financieras. Según los documentos revisados por el New York Times, aunque Trump anunció en 2018 que había ganado al menos 434,9 millones de dólares, sus impuestos revelan otra cosa: que en realidad Trump no había ganado nada y más bien había acumulado 47,4 millones de dólares en pérdidas.

El tema de sus impuestos ha estado en contención desde que fuera candidato presidencial. Desde Richard Nixon, quien fue descubierto evadiendo sus impuestos, todos los candidatos presidenciales han anunciado voluntariamente cuando pagan impuestos. Es una cuestión de honor, honestidad y también para demostrar que el/la candidato/a es una persona que contribuye a la sociedad. Porque finalmente, los impuestos que pagamos son el sustento del gobierno y la sociedad.

Trump ha declarado que aunque le gustaría mostrar sus impuestos al público, sus manos están atadas y no puede hacerlo porque están actualmente en una larga auditoría con el Servicio Interno de Ingresos (IRS por sus siglas en inglés). Es un argumento que ha sido desmentido ya muchas veces por expertos financieros e investigadores. Es cierto que Trump está bajo auditoría con el IRS por haber recibido un reembolso de más de 72 millones de dólares en el 2010, pero eso no le impide a anunciar la cifra que ha pagado en impuestos.

La triste realidad es que Donald Trump es un estafador. No contribuye a la sociedad, es un parásito que chupa lo máximo de otros, y cuando ya no hay nada que chupar, busca otra fuente. En 2010, Trump declaró a su entonces abogado personal, Michael Cohen, que no podía creer qué tan estúpido era el gobierno federal por reembolsarle a él los 72,9 millones de dólares de sus impuestos.

Y así Trump nos ve a todos. Como unos estúpidos que le eligieron presidente del país «más poderoso y rico» del mundo cuando él es nada más que un fraude y un charlatán.

Como presidente, Trump ha tratado el país como su comedero personal, sobregastando los fondos públicos en sus proyectos extravagantes y egoístas, como el muro fronterizo, y ha aumentado la deuda nacional en más de un billón de dólares. Él trata al tesoro nacional como su propia fortuna y está llevando el país hacia la bancarrota, como ha dejado a casi todos sus negocios: endeudados y quebrándose.

Sus seguidores dicen que no les importa un pío si Trump paga o no sus impuestos. Siguen creyendo en el mito del hombre super-poderoso, brillante y rico, como unos fans enamorados de su celebridad. Entre los republicanos que no se engañan con Trump, pero lo siguen apoyando, lo hacen para seguir avanzando su agenda ultra-conservador.

Ellos han aprendido que con Trump solo hay que masajear a su ego para lograr lo que quieren.

Es un títere de la extrema derecha, evangélica, ultra-conservadora y rica. Mientras la bolsa de valores sigue creciendo y Trump continúa nombrando magistrados derechistas a los tribunales federales, incluyendo a la Corte Suprema, ellos pueden dar la espalda a todas sus fallas, sus pecados, sus mentiras, su ignorancia, su corrupción, sus actos criminales, sus evasiones y sus vulgaridades.

El emperador ha sido desnudado, y el pueblo está arropado de mentiras.

Eva Golinger

Agencia RT

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