18 de mayo de 2021

El Gobierno pone la mira en las commodities y desliza la necesidad de más controles

En marzo y 13% en el primer trimestre, encendió las alarmas del Gobierno en el principal problema económico que atraviesa en estos momentos la gestión de Alberto Fernández. Esto significa una dificultad para conseguir la meta planteada en el Presupuesto 2021 (inflación de 29%) y la estrategia oficial está puesta en aumentar los controles en las ventas externas.

La principal preocupación nace en el precio de los alimentos, que presionan el promedio general al alza, aunque en otros rubros también se verifican subas importantes. Un ejemplo es el de los electrodomésticos, sector con el que el Ministerio de Desarrollo Productivo cerró la semana pasada un acuerdo para congelar precios hasta el 31 de octubre.

A nivel general, el Indice de Precios al Consumidor (IPC), que mide el Indec, mostró en marzo una inflación anual de 42,6%. Si se analiza la tendencia de los últimos meses, la inflación de enero fue de 4%, en febrero de 3,6% y en marzo alcanzó un pico de 4,8%. En tanto, las distintas proyecciones privadas coinciden en que, si bien habrá una desaceleración, abril rondaría el 4% y en el primer cuatrimestre el acumulado sería de 17%.

A nivel desagregado, los alimentos marcaron en marzo una variación de 4,6%. Si bien ese mes quedaron por debajo del índice general, en los primeros tres meses de este año el rubro alimentos y bebidas marcó 13,8%. Si se tiene en cuenta un desempeño similar en abril, el primer cuatrimestre quedaría en 18% para ese segmento.

Controles a las exportaciones

En declaraciones radiales, la secretaria de Comercio interior, Paula Español, adelantó que desde el Gobierno analizan un aumento en las retenciones y sostuvo que la suba del precio de los alimentos se debe a las presiones internacionales por el incremento de las exportaciones.

Desde el Gobierno este pensamiento no es una novedad. En la reunión que tuvo el Gabinete Económico el día anterior al que se conociera el dato de inflación correspondiente a marzo, uno de los temas que se expusieron tuvo que ver con el Índice de Precios de las Materias Primas (Ipmp), que elabora el Banco Central.

El Ipmp se publica diariamente y mide la evolución de los precios internacionales de las commodities (maíz, trigo, porotos de soja, pellets de soja, aceite de soja, cebada, carne bovina, entre otros). Estas materias primas representan alrededor del 50% de las exportaciones totales de nuestro país.

El último registro del índice fue de 287,7 puntos, el mayor registro desde febrero de 2008 (297,25 puntos). Sin embargo, todavía se encuentran por debajo del techo histórico en agosto de 2012 (357,57 puntos). Los especialistas señalan que esta dinámica trae beneficios por el lado de la balanza comercial y la recaudación, pero un perjuicio en la presión de los precios. “Es importante, pero no creo que sea fundamental. Si no existiera de todas formas estaríamos en niveles altos”, consideró el economista en jefe de Ecolatina, Matías Rajnerman, ante El Economista.

“En Brasil y Estados Unidos, que también venden materias primas, se vio una dinámica de precios al alza en el primer trimestre con 1,7% y 2%, respectivamente”, comentó Rajnerman. Sin embargo, el economista remarcó que en el caso de Estados Unidos la inflación anual fue del 1,4% y la de Brasil 4,5%, “por lo que ahí se ve que existe cierto impacto”.

Tensiones

En principio, la semana pasada Comercio Interior avanzó con nuevos requisitos para para la Inscripción en el Registro Único de Operadores de la Cadena Agroindustrial (Ruca) y poder comercializar al exterior de forma legal. Además, se dispuso que los exportadores deberán presentar previamente una declaración jurada a la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario (Dncca).

En ese sentido, la Mesa de Enlace salió a criticar fuertemente las acciones oficiales. “Ambas medidas se suman a otras políticas implementadas anteriormente en forma inconsulta, perjudicando siempre al productor que necesita incentivos promocionales para seguir produciendo bienes y colocarlos en el mercado interno y externo” indicó la entidad en un comunicado.

El presidente de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria Limitada (CONINAGRO) Carlos Iannizzotto, también se expresó en contra de una posible suba de retenciones. “Estos dichos intempestivos, enervan a nuestros productores, generan preocupación y acrecientan la grieta. Pero ya sabemos que el Kirchnerismo apela a ese doble discurso de amenaza que dista de la política de diálogo que predica nuestra entidad”, dijo.

Bajar la inflación

Más allá del cruce de declaraciones, lo cierto es que el Gobierno viene tomando medidas en el frente interno. En todo caso, tampoco han dado resultado, teniendo en cuenta los datos mencionado al principio.

“Los controles, más atraso cambiario, tarifario y un posible desacople por retenciones, tendrán un impacto para una desaceleración”, estimó el director de LCG, Guido Lorenzo, ante El Economista. “El problema es cuando se salga de los congelamientos, porque en algún momento tendrán impacto, funciona como olla a presión; en el corto plazo puede funcionar pero en el mediano tiene consecuencias”, añadió.

En cuanto a los precios internacionales, Lorenzo consideró que hay una influencia de los precios internacionales en la economía local, “pero no es un factor determinante”. Además afirmó que la pauta del 29% funciona para “disciplinar paritarias” y luego los precios “corren por encima de los salarios”.

“La dinámica de precios en Argentina es muy compleja. El precio de los commodities genera una expectativa al alza, sobre todo de los productos que se exportan pero que también se utilizan dentro del país, como la carne”, dijo el director de Invenómica, Pablo Besmedrisnik, ante El Economista. “El sector exportador está beneficiado por los precios internacionales, pero perjudicados por el desdoblamiento cambiario, el Estado tiene que tratar de moderar la inflación y las retenciones podrían generar impacto, pero no puede ser la única medida”, agregó.

Abril y el 29% cada vez más lejos

La tendencia de los precios en alimentos mostró esta última semana cierta desaceleración. Sin embargo, aún se encuentra en niveles altos. Según un estudio de LCG, los alimentos registraron un incremento de 0,8%, acumulan para abril 3,2% y un 4,6% en las últimas cuatro semanas.

“El arrastre para lo que queda de abril es de 4,9% en ese rubro, si bien es una desaceleración a lo que veníamos registrando, no hay que ilusionarse”, objetó Lorenzo. “Deberíamos tener desaceleración por tres meses seguidos para afirmar que hay una estabilización en los precios”, aseguró.

Un estudio de Fiel estimó que las dos primeras semanas del mes acumularon aumentos de 1,1% y 0,7%, con lo que de repetirse la tendencia, abril cerraría cerca del 4%. Rajnerman coincidió con ese pronóstico y también proyectó una variación de alrededor del 4%.

“Los valores testigo que seguimos no nos muestran una gran desaceleración y probablemente se mantenga la inflación en niveles altos, tanto el índice general como el de alimentos. Para abril podría ser más baja que marzo pero en niveles superiores al 3,5%”, expresó Besmedrisnik. “Estos números van en contra de cualquier país que quiera crecer”, concluyó.

Está claro que el objetivo del Gobierno está puesto tanto en la pandemia, como en los precios. En un país con 42% de pobreza y 10% de indigencia, esto debería ser una prioridad.

Por ahora, la pauta del 29% para el avance de precios de este año quedó muy lejos: si el dato de abril da 4%, las variaciones deberían estar por debajo del 1,5% en los meses siguientes para cumplir con el objetivo. Algo que por ahora parece difícil de materializar.

Agustín Maza

El Economista

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