25 de septiembre de 2020

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El desarrollo, ausente en la agenda, por Clara Razu

El desarrollo, ausente en la agenda, por Clara Razu

El Producto Bruto Interno (PBI), que es el valor de la producción del país, tiene hoy el mismo nivel que en 2011, o sea que su equivalente el ingreso, también perdió valor.

Hay que redistribuir para crecer y no al revés.

La redistribución de los ingresos es, respectivamente, la transferencia de ingresos de unas personas a otras mediante mecanismos sociales como impuestos, transferencias, prestación de bienes públicos (salud y educación) y subsidios.

Sin embargo, desde hace un tiempo, ha predominado un diagnóstico económico y una serie de políticas económicas basadas en la ideología neoliberal, para algunos “egoliberalismo”. De acuerdo a estas teorías no se trata del impulso hacia el desarrollo, sino de los limites o restricciones al mismo, de las cuales es culpable el “exceso de intervención del Estado”.

Menos Estado y más mercado es la recomendación básica, sin embargo, esa recomendación encierra una intervención del Estado a favor de los sectores de mayores ingresos que necesitan el “reaseguro” para que no actué en contra de sus intereses.

Para el universo egoliberal, el desarrollo seria consecuencia del derrame.

Los resultados contradicen esta teoría. Y esto sucede porque la misma tiene una lectura incompleta de la realidad.Los sectores económicos más concentrados al incrementar sus ganancias, las invierten productivamente y crean empleo. Hecho que se contradice con una política monetaria que lleva la tasa de interés al 72 por ciento y que hace inviable cualquier inversión real. Una lectura que no contempla que eximir de impuestos a los sectores de más altos ingresos, solo aumenta el gasto en dólares, escasos en el mercado local, agravando la restricción externa.

Aun considerando, como lo hacía Adam Smith, que los “aristócratas contratan personal de servicio”, esto no sería posible, ya que ese “empleo” no es tal, sino la prestación de servicios precarizados a partir de “plataformas” que proveen desde personal de cuidado, limpieza, cadetería, que se han transformado en “emprendedores”.

¿Qué es lo que naturaliza que aún bajo estas condiciones se crea que “se puede estar mejor”?

El voluntarismo vacío, sin contenido político, la demonización de la participación popular y el circo de la vidriera vana, donde se muestran “los casos exitosos” de quienes a “puro esfuerzo individual” llegan “a sus metas” parece ser el mensaje encerrado en el “sí se puede”.

Sin embargo, y como muestra la historia económica, el desarrollo no llega de la mano del “derrame”, es “absorción”, no derrame, es transferencia desde los sectores de menores ingresos, a los de más altos ingresos. Eximir de impuestos a los más ricos y repartir alimentos y medicamentos a los más pobres, tal como exige el Fondo Monetario Internacional, es naturalizar el hecho de que hay que sostener el “salario de subsistencia” como modo de reproducir riqueza que se concentra en los sectores más poderosos.

Eximir del Impuesto a los Bienes Personales a los inmuebles rurales, junto con la revaluación de las propiedades urbanas, llevará a la ampliación de la base tributaria y la incorporación al pago de impuestos de más sectores de ingresos medios. Por otro lado, repartir alimentos en comedores, seria de “buen ver”, para los ojos benefactores que se entristecen frente al hambre.

“Les hicieron creer que son sus méritos los que los llevaron a vivir mejor, que la política de derechos y redistribución favorecía a quienes los iban a desalojar de su lugar privilegiado de clase”

La construcción de un modelo de desarrollo y crecimiento no es posible sin inclusión, redistribución y ampliación de derechos.

No es por el lado del derrame, es por abajo, es con participación, inclusión, educación y empleo.

Es construcción, es solidaridad, es con todos y entre todos, no es meritocrático. Mirarse el ombligo solo provoca que te estrelles contra el piso.

Clara Razu

Motor Económico

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