30 de septiembre de 2020

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El Bicentenario Suramericano negado por la entrega, por Alejandro Tarruella

La Declaración de la Independencia cuyo Bicentenario se evocará este 9 de Julio de 2016, es algo más que la mínima evocación que hará la administración de gobierno a cargo de Mauricio Macri. Nació como producto de las luchas que llevaron al triunfo nacional en las dos invasiones inglesas.

En esa construcción, es necesario subrayar que el Congreso General de Constituyente de Tucumán declaró la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América, no otra cosa. Esto es lo que se soslaya, se esconde, se omite, porque una de las características de este encuentro a realizarse en San Miguel de Tucumán, tiene prevista la no participación de la mayor parte de los presidentes suramericanos.

En cambio, está invitado el ex rey de España, un hombre con cartel no se puede negar, pero carente incluso de representación para un hecho histórico que se ha decidido convertir en un paseo de celebridades. Estarán también Michel Bachelet, presidente de Chile, y el administrador del poder en Paraguay, surgido de un golpe de estado.

Otras de las singularidades de la fiesta que prepara el macrismo en Tucumán, consiste en que ningún ex presidente argentino estará presente en esa reunión. Aquí hay dos cuestiones: por una parte está la responsabilidad nacional sobre la comprensión del hecho histórico que se va a evocar, la Independencia de las Provincias Unidas y no las de Sud América como lo estableció el Congreso de Tucumán en 1816, la otra es la pereza del gobierno del “turco” Manzur, repentinamente volcado hacia el gobierno de Macri, en dar una visión profunda del hecho histórico. Manzur fue ministro nacional en los últimos años, buen amigo de laboratorios medicinales. ¿Podría interesarle un hecho histórico a tal punto de dimensionarlo en sus contenidos?

En la historia, San Martín no iba a Tucumán en tanto preparaba la campaña a Chile y clamaba por la declaración de la Independencia. Le escribía a Godoy Cruz, diputado por Cuyo, en abril de 1816, “¡Hasta cuándo esperamos declarar  nuestra independencia! ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener pabellón y cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo, por otra parte? ¿Qué relación podremos emprender si estamos a pupilo? Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos (…). Animo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Vamos claro, mi amigo: si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir a Fernandito” (el rey de España que había caído en las garras de Napoleón).

Pérez Amuchástegui

Un notable historiador argentino, escasamente reconocido en esa disciplina, A.J. Pérez Amuchástegui, subrayó estos hechos en sus trabajos que se difundieron ampliamente en franjas de la sociedad que accedió a sus escritos. Fue él quien sostuvo que el carácter de la declaración histórica fue parte de un entramado de vínculos que unía los intereses de diferentes políticos, hombres públicos, de la América del Sur, que convergieron en la declaración de Tucumán. Y entonces, el ámbito que describió ese pronunciamiento, es hoy un revulsivo en una etapa nacional donde el saqueo de los “mercaderes del templo”, apelando a términos bíblicos, afecta a un estado de cosas que va en el camino contrario de un episodio de trascendencia continental.

Jorge Abelardo Ramos dirá de esa etapa: “San Martín concentra su energía en la tarea de organizar el futuro ejército de los Andes. Hace de Mendoza su cuartel general, su fuente de aprovisionamiento y su escuela de oficiales, su centro de informaciones y su base política. Al mismo tiempo que instruye en el arte militar a los novatos oficiales, envía diputados al Congreso de Tucumán, que presidirá Laprida, un hombre suyo, un sanjuanino, y que habrá de declarar la independencia.

La Declaración de la Independencia en Tucumán, en 1816, obedece a la inspiración directa de San Martín desde Mendoza, que participa de modo invisible en la conducción de las deliberaciones y en las resoluciones fundamentales”. Y comparte la mirada de Pérez Amuchastegui, la que se niega en la historia en la respuesta triste de este Bicentenario con su tediosa exposición de funcionarios, un rey que se fue entre gallos y medianoche, y un nuevo rico golpista del Paraguay.

Lo cierto es que la propuesta que se impuso de declarar la Independencia para la América del Sur, tuvo varias razones. Una de ellas, era muy claro por cuanto las Provincias Unidas del Río de la Plata, desde donde surgió la idea, eran el único territorio que se encontraba fuera de las manos de España. Se señala al Plan Revolucionario de Moreno, hoy envuelto en controversias que no vienen al caso, y luego la labor de la Logia Lautaro (además de San Martín hay que citar a Tomas Guido, Manuel Moreno y Bernardo de Monteguado), que parte del movimiento popular del 8 de Octubre de 1812, cuando el pueblo de Buenos Aires, conducido por San Martín, echan a Bernardino Rivadavia y al Primer Triunvirato. Manuel Belgrano, Miguel Martín de Güemes y O’Higgins en Chile, forman parte de esta estrategia suramericana.

Tanto es así, que el título de Director Supremo de Martín de Pueyrredón es de las Provincias de América del Sud, cosa que tergiversará luego Mitre. En ese pensamiento se encontraban, no siempre en sintonía completa, Miranda, Bolívar. De manera que el rey incaico era en todo caso, una estrategia que buscaba incluso dar valor histórico a la gesta suramericana recogiendo los valores de su gesta donde el Cuzco tenía valor singular.

De manera que este 9 de Julio Bicentenario, debe valorarse con la tarea común de rescatar la historia y sus valores porque están vivos, cerca de cada uno de nosotros en un tiempo adverso cuando se enfrenta a quienes pretenden sustituir el Estado de Derecho por el estado de privilegio, al tiempo que se urde una vez más la entrega como herramienta para quebrar el destino histórico de la Patria.

Alejandro Tarruella

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