Por lo sucedido en los años previos, y la dificultad para hacer gasto fiscal y emitir moneda sin disparar consecuencias graves, Argentina sufrió como nadie el impacto del Covid-19 en la actividad.

El 2020 será recordado como el año de los tres récords: el de caída de la actividad económica, el de déficit primario y el de emisión monetaria.

Cada vez que, en el futuro, un investigador se ponga a navegar en esos números, encontrará al 2020 como una referencia.

Será también un año de estudio e interés en las cátedras de macroeconomía: pese a haber batido el récord de uso de la «maquinita», en absoluto contraste con el «emisión cero» del 2019, hubo desaceleración inflacionaria, incluso en el marco de fuertes presiones cambiarias encabezadas por las grandes empresas.

Para encontrar una caída del PBI que se parezca a la que se espera para el 2020 hay que remitirse al 2002. Y aun no está claro: podría llegar a superar aquel desplome hasta hoy inédito.

A lo largo del año pandémico, la expectativa fue que este iba a ser un desempeño bastante peor. Y es que en marzo y abril, en lo más duro de la cuarentena, el derrumbe fue de 25,5%. Insólito: un cuarto del PBI en solo dos meses.

Sin embargo, los seis meses de buen rebote que vinieron después, moderaron las expectativas. De proyectar caídas de hasta 14%, las consultoras privadas pasaron, esta semana, a indicar que estará entre 10% y 11%.

Con todo, Argentina sufrió un mazazo bastante superior al del resto de la región: a septiembre, solo Perú, Colombia y República Dominicana mostraban haber sufrido caídas peores.

Y buena parte de la explicación, además de la cuarentena particularmente larga, es que la economía local llegó a la pandemia luego de los otros dos mazazos anteriores: los de 2018 y 2019.

La mayor brecha fiscal en democracia

Ahí entra el segundo récord: el del déficit fiscal. Para intentar moderar la contracción del ingreso, el Gobierno aplicó un paquete fiscal de emergencia.

Así, el Presupuesto 2021 proyectó un rojo primario de 8,3% del PBI. Finalmente, en los últimos meses la brecha de gastos e ingresos se achicó y, con un acumulado de 5,1% a noviembre, la expectativa es que quede por debajo del 7% del producto.

Como sea, según datos de la Oficina Nacional de Presupuesto, de la Secretaría de Hacienda, habrá que remitirse a 1983, cuando el rojo primario fue de 6,4% del PBI; o a 1976, cuando fue de 8,5%; para encontrar un antecedente a la altura. Es decir, desde que hay democracia, nunca se vio un número semejante.

La economía Argentina llegó a la pandemia luego de dos años de corridas cambiarias que llevaron al precio del dólar oficial de $20,47 el 20 de abril del 2018 a $63 el 10 de diciembre del 2019.

El endeudamiento con privados y con el FMI obligaron a dar «señales ortodoxas», que de todas formas no evitaron el récord histórico de rojo primario. En época de crisis, cuando el consumo privado se hunde en lo profundo (contracción de 18,4% en el segundo trimestre) y la inversión llega a niveles de destrucción de capital (tal como ocurrió también en el segundo trimestre, luego de una baja de 27,3%), el gasto público es el que debe evitar contracciones mayores.

Un informe reciente de Cifra mostró que no hubo un gasto desbocado (buena parte del déficit lo explica la caída de la recaudación, como consecuencia de la crisis), sino que el esfuerzo fiscal se quedó a mitad de camino entre un ajuste y una expansión anticíclica.

De ahí, también, la magnitud de la caída del PBI. Hubo un esfuerzo del Gobierno, a través del IFE y el ATP, para moderar el impacto. Pero, si bien frente al ajuste del 2019 el crecimiento real fue extraordinario, contra el 2018 no quedó tan lejos.

El informe de Cifra señaló: «En los primeros 11 meses de 2020 el gasto total creció 5,3% en términos reales respecto al mismo período del año anterior, ubicándose prácticamente en el mismo nivel que en 2018. Sin embargo, esa cifra contiene el menor pago de servicios de la deuda que pasó de representar el 19,1% al 9,8% del gasto de la administración pública nacional entre los primeros 11 meses de 2019 y mismo período de 2020.

Descontando los pagos de la deuda, el gasto primario se expandió 17,4% en términos reales entre los primeros 11 meses de 2020 y mismo período de 2019. De esta manera, se retorna a los niveles de gasto de 2017 pero el mismo resulta 3,6% inferior de la situación de 2015».

La maquinita

El tercer récord viene de la mano con este asunto. La emisión monetaria para financiar al fisco alcanzó niveles que llevaron a los más liberales a arrancarse los pelos: fue de $2 billones, a lo largo del 2020, sumando Adelantos transitorios y Transferencias de utilidades. La serie histórica del BCRA llega hasta 2003. Nunca se vio un número similar, incluso ajustando por inflación.

Los picos de emisión se dieron en lo más profundo de la crisis, cuando el Gobierno alcanzó los rojos primarios mensuales más grandes, en torno a $250.000 millones mensuales. En abril, ya comenzaba a perfilarse: el déficit fue de $228.000 millones y la emisión monetaria para el fisco de $310.000 millones.

Los analistas y bancos de la city empezaron a proyectar una inflación cada vez más alta y ese mes dijeron esperar, en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza todos los meses el BCRA, una de 44,3%.

La realidad los contradijo: la interanual de noviembre fue de 35,8% y cabe imaginar que terminará cerca de ese nivel.

Mariano Cuparo Ortiz

BAE Negocios